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NOVELA

Joachim Meyerhoff: Que todo sea como nunca fue

domingo 08 de marzo de 2015, 13:24h
Joachim Meyerhoff: Que todo sea como nunca fue

Traducción de Christian Martí-Menzel. Seix Barral. Barcelona 2015. 400 páginas. 19 €. Libro electrónico: 12,99

Por Jorge Pato García

Alguna mente brillante e instruida debería ponerse a trabajar para crear un objeto que sería de gran ayuda para todos. Imaginemos que se hubiesen desarrollado unas gafas que permitiesen ver el mundo con la mirada con la que lo veíamos en nuestra infancia, en esa época en la que no éramos conscientes de muchas cuestiones de la realidad de la vida, un tiempo en el que nuestras preocupaciones eran pocas y siempre fáciles de solventar. Sin duda alguna sería un gran invento que nos ayudaría a alcanzar la felicidad de un modo instantáneo y a perderla a la misma velocidad al quitárnoslas.

Da igual el entorno en el que hayamos vivido nuestra infancia, pues en ese momento era un lugar sinónimo de tranquilidad y protección al encontrarnos siempre rodeados de nuestra familia, ese pilar esencial en lo personal y en la propia sociedad, que se ha demostrado con el paso del tiempo que está directamente relacionada con la evolución positiva incluso de las naciones. Pensemos qué habría sido de nuestro país durante esta crisis que empezamos a remontar sin la asistencia que las familias han dado a sus miembros, la familia es nuestro reducto de protección, en la infancia y en la edad adulta.

El alemán Joachim Meyerhoff nos cuenta en primera persona como fue su infancia, marcada sin duda por el hecho de haberla vivido en un hospital psiquiátrico del que su padre el director. Para acudir a la escuela atravesaba cada mañana los jardines del hospital y veía a los diferentes enfermos que eran parte del paisaje de su vida. A los ojos de este niño, los enfermos mentales que allí había no eran unos apestados, en algunos casos eran compañeros de juegos, teniendo también en esto la gran ayuda de ser niño, ya que con la edad nuestra mirada en muchas ocasiones se vuelve anormalmente estricta e incluso se ciega ante situaciones o personas que no nos agrada ver.

Pero el paso del tiempo es un lento caminante que no descansa y Joachim Meyerhoff nos desvela como la realidad de la vida se fue abriendo paso ante sus ojos. Como bien dice en el inicio de esta novela “Mi primer muerto fue un jubilado”, un primer encuentro casual camino de la escuela, pero después vendrían otros realmente dolorosos. Poco a poco su familia va menguando, la Parca se va llevando a las personas que más quiere y acaba por desaparecer ese confortable entorno que es nuestra familia.

A lo largo de la lectura de esta novela autobiográfica se hace más de un nudo en el estómago, pues nos hace llegar esa tristeza de la pérdida de los que han sido los pilares de nuestras vidas, más intensa si ya hemos pasado por ese trance. Pero también hay una parte de humor, de inocencia y de felicidad que sirve de perfecto contrapunto y equilibro en esta historia. Lo normal es que al terminar el libro se piense: ¡qué bonito sería que todo fuese como entonces!

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