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DESDE ULTRAMAR

¿Colisión entre Estados Unidos y Venezuela?

miércoles 11 de marzo de 2015, 19:49h
Se ha complicado el panorama en las Américas. De súbito, hasta cierto punto, nos anochecemos con una declaratoria desde Washington por la cual Obama acusa a Venezuela de “amenaza extraordinaria e inusual”. Y en efecto, es a un mismo tiempo un proceso de deterioro de las relaciones bilaterales largamente fraguado, pero que desde luego es real y alarmante. Romperé lanzas por Venezuela, en esta ocasión. Y desde luego: Maduro es un impresentable.

No parece ser otro manotazo de efecto con fines electoreros de parte de la administración estadounidense. La zarandaja estadounidense pinta, esta vez, más para ser cosas incontroladas del Departamento de Estado, que al mejor estilo del vaquero pendenciero del salvaje oeste, reta a su adversario en polvorosa calle y espera el inicio de una trifulca de película hollywoodesca. Desde luego que evidencia la postura de Estados Unidos, que se equivoca en su proceder y en la valoración del estado que guardan las relaciones con su patio trasero, la América Latina, como la llamó así John Kerry en abril de 2013.

Es condenable tanto condenar a Venezuela como llamarnos patio trasero, aunque es de esperarse que semejante criterio vergonzante deambule por la cabeza del funcionario titular encargado de la política exterior de los Estados Unidos; y que parezca que tal criterio ha de normar las relaciones hemisféricas. Los Estados Unidos están actuando bajo ese criterio y no hay un solo motivo para callarlo. Merece rechazarse de cabo a rabo y es deplorable el actuar estadounidense. ¿Por qué? porque no es propia de una nación que alardea libertades y capacidad de diálogo, mientras niega la prepotencia con la que señala a todos y la desfachatez y el desparpajo que la caracteriza, al hacerlo; y carece de la estatura moral para señalar a ningún país de América, donde su actuación ha dejado tantos ejemplos que mancillan su bandera y la sobajan. Merecería guardar silencio. En Washington se están haciendo fuera de la bacinica.

Barack Obama se equivoca en su actuar con las naciones de este continente. La declaratoria estadounidense no es usual en esta región, que ha respirado de sus agresiones en las últimas décadas, entretenido Estados Unidos en Oriente Próximo y Asia central. No será de nuevo el Gran Garrote del racista Teodoro Roosevelt y su política de las cañoneras, lo que guíe de manera indubitable las relaciones de Estados Unidos con el resto de las naciones americanas. Tan ridículo intervencionismo grosero en el vecindario, de toda la vida, solo puede ser condenado por el resto de las democracias de América, catalogándolo como agresión de Estados Unidos a otro país del hemisferio. Aquí no se puede dudar ni caben las medias tintas. Requiere definiciones. Resulta una postura trasnochada, ilegal y desde luego, inadmisible para el resto de los países americanos. Estados Unidos no está tratando con repúblicas bananeras ni con todos sus vecinos frijoleros del sur, como nos llamó Teodoro Roosevelt, que, dígase de paso, fue ese otro premio Nobel de la Paz, como lo es Obama, para más inri. Más vergonzoso no puede resultarnos todo esto. Pero no perdamos de vista que hoy Rusia y China, observan.

Venezuela no es Iraq ni Afganistán ni Israel, para mangonearla a su antojo. Debe rechazarse y condenarse el proceder de Estados Unidos. En eso espero que las naciones del continente pongan freno a la actuación de Washington, que pretende actuar como dueño, amo y señor del Nuevo Mundo al configurar una agresión a una nación hermana, por mucho que la lidere el inmaduro de Maduro –que muchos execramos– cuya torpeza ha colocado a su país en semejante brete, perfectamente aprovechado desde Washington, que solo puede conducir a una confrontación abierta e innecesaria que no podemos aplaudir; puesto que por mucho que no nos agrade Maduro, como es mi caso, y que hemos constatado cómo ha hundido inmerecidamente a su pueblo, y es reprobable su actuar –pues suponemos que se trataba de avanzar y no de retroceder y de colapsarse como lo ha conseguido por él antes, que nadie– y mientras reprime a sus opositores, aún así Venezuela no deja de ser una nación soberana. De eso a aplaudir como focas la intentona estadounidense, así sea por pasiva, así sea en el nombre “de la libertad” y lo que fuere, resulta inaceptable al ser una agresión de Estados Unidos en el hemisferio. A muchos nos indigna y tememos por la hermana Venezuela.

No solo cabe el llamado a sosegarse y a emprender un camino de diálogo, quebrado por la injerencia estadounidense en ese país sudamericano, bien planificada desde Washington y desde donde considero que en este zipizape poco importa si hay opositores a Maduro o punta de lanzas dentro y fuera de Venezuela, que al final solo son pretextos y nombres sueltos que complican la repuesta acalorada, tropical y poco inteligente de Caracas.

Y es verdad. Son escasas las alternativas diplomáticas para atender este diferendo. Si el diálogo bilateral se antoja imposible, no hay liderazgos en la región capaces de instrumentar una vía de acercamiento. Muerto Chávez, su ramplonería y estridencia hueca dejaron un vacío, demostrando que ni había unidad ni bloque antiestadounidense efectivo en países con gobiernos de izquierda, como alardeaban sus simpatizantes, ni capacidad de proponer otra salida. Ahora esos países tendrían la ingente ocasión de demostrar que no todo era griterío y buenos deseos edulcorando los oídos de Chávez, mientras los compraba con petróleo, de cuando el petróleo valía un Potosí. Pero Nadie come fuego, a menos que nos de la sorpresa. Tan cacareada alianza es ahora humo cuando que debería de dar resultados y no lo hará. Al tiempo.

No es menos cierto es que ni Unasur, con su rampante y estrambótico discurso contestatario, ni mucho menos la parsimoniosa e ineficaz (¿inútil?) Organización de Estados Americanos (OEA) ofrecen fórmulas interesantes y comprometidas para resolver el cúmulo de agravios mutuos proferidos entre Estados Unidos y Venezuela. ¿Quizás el Grupo de Río? A saber. Empero, demos por sentado que si no se alcanzara unanimidad de condena y una participación activa latinoamericanas frente a una posible agresión, sería porque tanto Chávez como Maduro solo apostaron al desacuerdo y la desunión, empecinados en sus tropicales liderazgos caudilliles y no apostaron a la unión verdadera, ahora tan necesaria y encarecida. Ahora que la saquen de debajo de las piedras.

¿Que todo quedará en alharaca yanqui? Es posible. ¿Que puede acabar en invasión a Venezuela? No lo sabemos. ¿Serán ciertas una vez más, las palabras atribuidas a Simón Bolívar al sentenciar que los Estados Unidos estaban destinados a llenar de miserias a la América hispana? Bueno, en la medida en que se los permitan, desde luego. Y ya anticipa un panorama complejo y con atisbos de una mala conclusión. Lo peor es que el pueblo de Venezuela perderá de todas, todas. ¿Quién va a poner orden en Venezuela? ¿Estados Unidos? ¡por favor!
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