www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NUEVO TRABAJO DE BORJA COBEAGA

Negociador: ¿Quién pagó el minibar durante las negociaciones con Eta?

Laura Crespo
x
lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 13 de marzo de 2015, 09:38h
Borja Cobeaga retoma el tono de los cortometrajes con los que se dio a conocer en su tercer largometraje tras Pagafantas y No controles, Negociador, en el que fantasea con las banalidades más mundanas que hicieron acto de presencia durante las negociaciones del Gobierno español con la banda terrorista Eta en 2006.
El actor Ramón Barea, protagonista en el papel de Manu Aranguren.
Ampliar
El actor Ramón Barea, protagonista en el papel de Manu Aranguren.

Hace al menos quince años, puede que desde que el mítico El Club de la Comedia popularizara el formato del monólogo, que la comedia en todas sus manifestaciones se ha rendido al humor de lo cotidiano. Hemos dejado de contar chistes exagerados para reírnos de las situaciones más mundanas que, contadas desde el enfoque adecuado, son oro cómico. Después de exprimir el género en su versión más voluminosa con Pagafantas (2009) y No controles (2010), el cineasta Borja Cobeaga retoma el tono de los cortometrajes con los que se dio a conocer (como Éramos pocos, nominado al Óscar en 2006) para su tercera película, Negociador.

El director donostiarra utiliza esa idea del humor más sutil que vive en lugares comunes y la traslada a un escenario concreto y real: las negociaciones que llevó a cabo el gobierno socialista con Eta en el año 2006. El planteamiento es simple y efectivo: contar el ‘backstage’ de aquellos encuentros, subrayar lo que a priori puede parecer anecdótico entre tanta solemnidad pretendida, dibujar los porqués casuales de un acontecimiento que pertenece ya a la Historia de España y hacerlo todo desde un punto de vista mordaz, con un barniz que huele a drama pero sabe a comedia.

Tiene que venir alguien y ponerlo en una película para que caigamos en la cuenta de que Jesús Eguiguren como interlocutor del gobierno vasco y Josu Ternera, primero, Thierry después, del lado etarra, vivieron una cotidianidad durante las negociaciones. No es una revelación que cambie la Historia, no; pero propone un juego divertido. Un político y un terrorista haciendo cosas de persona. La palabra ‘humanizar’ puede pensarse polémica aplicada a este caso. ¿Humaniza Cobeaga a los terroristas? Si tal cosa supone ponerles a hacer el tan de moda ‘running’, a ver películas, a comer o a beber cerveza, sí lo hace. No se trata de sacar un lado bueno o amable, sino de mostrar lo terrenal que hay en ciertos conceptos o situaciones que percibimos ajenos a todo lo conocido. En una negociación secreta entre el Gobierno de un país y un grupo terrorista también se duerme, existen los domingos y, sobre todo, siendo vascos, se come.

La comida es, de hecho, uno de los leitmotiv de Negociador. Primero, como elemento al servicio de esa ‘humanización’. Además, como punto de unión de la identidad vasca, independientemente del ‘bando’.

Aunque Cobeaga enfoca a las conductas mundanas, sí se deslizan ideas más o menos generales sobre el conflicto vasco o, más bien, sobre lo absurdas que son sus consecuencias, siempre desde la comedia. En las antípodas del panfleto y recurriendo a paralelismos genialmente absurdos, Negociador propone una mirada a distintas distancias. Desde dentro, desde la perspectiva de las gentes del País Vasco, con detalles sutiles probablemente extraídos de las propias experiencias de Coebaga: el miedo, el hartazgo, el hábito. Y desde fuera, donde la diferencia entre Euskal Herria, Euskadi y País Vasco es más que difusa, la terminología se percibe caprichosa y el diálogo (o la negociación, según quién lea), se cree una solución evidente y sencilla.

Ramón Barea (No controles, Siete mesas de billar francés, Obaba) cuida a su personaje, una hipérbole de Eguiguren, y lo sujeta para que no caiga en la caricatura. En él se hace carne esa risa amarga que es, en sí, la película. Josean Bengoetxea (Loreak, Gente en sitios, Celda 211) interpreta al primer interlocutor de Eta en las negociaciones -en la historia real, Josu Ternera- con un ejercicio de bipolaridad contenida que lucha entre lo que quiere mostrar de sí mismo y lo que se le escapa de cuando en cuando: de nuevo lo profano que irrumpe en lo solemne. Por último, Carlos Areces(Balada Triste de Trompeta, Spanish Movie, Torrente 5) aparece como un torbellino para imprimir el ritmo que en algunas escenas se echa de menos en la cinta. El actor viene a ser Thierry, o su alter ego en la cinta de Cobeaga, protagoniza el último acelerón de la trama y la conversación, junto a Barea, que encierra el alma de la película.

Lo bueno del ‘basado en hechos reales’, sobre todo cuando es algo tan cercano para el espectador español, es que se pueden comentar algunas escenas clave sin miedo al ‘spoiler’ innecesario. En este caso, las amenazas cruzadas que terminan matando la negociación se cumplen hacia los dos lados: corbatas negras para unos, cárcel para otros. El último plano de la película nos recuerda irremediablemente al primero. Nada cambió. ¿O sí? Un particular ‘happy end’, inimaginable para una cinta que se hubiera estrenado antes del alto el fuego definitivo de Eta, es la guinda deNegociador. Queremos más de este ‘viejo-nuevo’ Cobeaga.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios