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TRIBUNA

La absolución de Berlusconi

domingo 15 de marzo de 2015, 19:57h

La absolución del Tribunal Supremo de Silvio Berlusconi en el proceso Ruby no representa en realidad una noticia tan buena para el ex cavaliere, o al menos no tanto como nos ha intentado hacer creer. La decisión no supone que sea inocente ni tampoco que puede regresar a la política activa de inmediato. Es cierto que podía haber sido peor (cárcel incluida), pero tanto desde el punto de vista de su imagen u honor como en la práctica, el resultado no varía la situación y probablemente afecte negativamente a Berlusconi. En primer lugar, por admisión del propio abogado de Berlusconi, a las fiestas en su casa asistían prostitutas, desmintiendo así una de sus frases típicas: "nunca he pagado por ninguna mujer". Esto sería lo más grave del escándalo, aunque quizás más en el aspecto moral que penal: el tribunal confirma que se trataba de fiestas subiditas de tono en las que participaban mujeres a cambio de dinero y joyas o de la ayuda del entonces jefe del Gobierno de Italia para sacarlas de embrollos económicos o judiciales. Incluso establece que puede que participaran algunas menores, dato que Berlusconi podría desconocer. Puede que el suyo no sea un delito para el código penal, pero merece la pena recordar a la hipócrita sociedad italiana la existencia de un artículo de la Constitución que exige cumplir "con disciplina y honor cada cargo público", aún más si se trata de quien ocupa "el máximo rol del gobierno". Y en segundo lugar, desde el punto de vista práctico, no modifica la situación de Berlusconi ya que no puede presentarse a unas elecciones. Sigue inhabilitado para cargos públicos hasta 2019. La prohibición se debe a su condena en firme a cuatro años por fraude -rebajados a tres por un indulto- en el ‘caso Mediaset’. Además, stricto sensu Berlusconi nunca se ha ido de la política italiana (hace unos años definí el ir y venir de este político como "el eterno retorno de Berlusconi"), ocupando siempre un lugar destacado en el panorama político nacional. Lo que es cierto es que en los últimos tiempos ha ido perdiendo protagonismo y peso político, mientras su partido personal y personalista, Forza Italia, vive una etapa crítica, marcada por guerras fratricidas y clanes enfrentados. El ocaso del viejo líder está poniendo en peligro a la derecha italiana.

Se trata de una sentencia polémica, aunque de una repercusión menor, proporcional al interés mediático respecto a Berlusconi en Italia en los últimos meses: en caída libre. Sus vicisitudes judiciales no han terminado: queda pendiente la presunta compra de testigos para que mintieran en este mismo proceso, un juicio por corrupción política y otros casos judiciales. Por todas esas razones, encuentro especialmente confusa la solemnidad con la que anunciaba su regreso a la política activa. No puede "volver a estar en juego" alguien que nunca se ha ido del juego y que tampoco cuenta con los mismos derechos de los demás jugadores. Berlusconi seguirá siendo una anomalía en la escena política nacional. La euforia del protagonista y de algunos serviles parlamentarios distorsiona la situación y tropieza con la cruda realidad de una situación político-judicial que en el fondo poco ha cambiado. Los procesos judiciales, la lucha interna, la "derrota" en la elección de Mattarella, la cuestionada credibilidad política, son factores que están decretando el declive de Berlusconi, el fin de un largo ventennio. Las palabras de estos días representan mentiras propagandísticas de un viejo líder que ve cada más cerca su ocaso político. Parece imposible detener el tiempo y su agonía política.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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