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LA TEORÍA DEL 'CHEMTRAIL'

El misterio de las estelas químicas: ¿nos están fumigando?

Con el término inglés “chemtrail” - abreviatura de la expresión “chemical trail”, en español estela química, se hace referencia a la teoría de que no todas las estelas dejadas por los aviones en el cielo serían de condensación, sino también de diversos productos químicos.
Supuesta estela química sobre San Francisco. Wikipedia
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Supuesta estela química sobre San Francisco. Wikipedia

Para los partidarios de esta sorprendente teoría conspiratoria, el fin principal de las fumigaciones químicas camufladas de simples estelas sería el de erradicar las nubes de lluvia. Así de claro y tajante. Pero, ¿para qué? Este es, sin duda, el primer interrogante que a cualquiera se le viene a la cabeza. Y las respuestas ofrecidas por sus defensores son de lo más variopinto. Algunas de ellas parecen a priori sacadas de una novela de ciencia ficción, aunque hoy en día nadie puede negar que otras tesis de lo más insólito acabaron por ser aceptadas como reales con el paso del tiempo y la experiencia vivida. Para los que defienden la indubitada existencia de los “chemtrail”, el objetivo de terminar con las lluvias correspondería al afán de desproveernos de un bien indispensable del planeta que habitamos y ejercer una mayor capacidad de control sobre la población. Quedaríamos así, a expensas de la acción comercial, es decir, en manos de las empresas purificadoras o de aquellas otras que se dediquen a la desalación del agua del mar. La escasez de agua, además, provocaría la muerte de las semillas naturales dejando el “monopolio” a las transgénicas, diseñadas para resistir sequías y que se encuentran, por supuesto, protegidas a través de sus correspondientes patentes. Sin lluvia, por otra parte, tendríamos una atmosfera cada vez más contaminada y, a su vez, las compañías farmacéuticas se lucrarían gracias al gasto que supondría el consiguiente aumento de enfermos crónicos. Y hay más: las llamadas estelas químicas servirían, por descontado, como eficaz arma de guerra o como método de esterilización para detener la sobrepoblación. Incluso, para propagar enfermedades concretas en determinados lugares de la Tierra.

A pesar de que, como decíamos, resulta todo bastante increíble y a los autodenominados “Guardacielos” se les mira, por lo general, como a una panda de chiflados, lo cierto es que los miembros de esta plataforma cívica han logrado que el Parlamento Europeo admita a trámite su petición para que el asunto sea investigado por una comisión independiente en el marco de programas de modificación del clima. Porque por muy peregrina que pueda resultar su teoría, la realidad es que los experimentos y estudios de genoingeniería llevados a cabo para intentar influir en el clima existen desde hace décadas. El más incontestable –por haber sido admitido de manera oficial– es el que llevó a cabo China con ocasión de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, antes de los cuales se lanzó desde el aire diatomina para destruir los cúmulos de lluvia y asegurar el buen tiempo durante los días de tan importante evento. Ficción o realidad, la historia –o leyenda– de los vuelos químicos no es de ahora, aunque haya sido a partir de los años 90 cuando más se ha empezado a hablar de ella fuera de ciertos foros dedicados a ver lo que la inmensa mayoría no vemos. Quizá simplemente porque no exista o, pongámonos en lo peor, porque no queramos verlo.

De una forma u otra, los partidarios de la teoría de los aviones químicos que lanzarían, entre otras sustancias, un gel con apariencia similar al hielo capaz de absorber el agua de las nubes, aseguran que son muchos los datos probatorios con los que han podido hacerse a lo largo de los años y que, en algún momento, todo saldrá a la luz. Aunque sea demasiado tarde para el medio ambiente, así como para los agricultores que están perdiendo sus cosechas y para las personas aquejadas de enfermedades producidas, presuntamente, por dicho fenómeno antinatural, como el Síndrome del Golfo, Síndrome de Fatiga Crónica, el de Sanfilippo, encefalopatías, alzheimer y un considerable aumento de casos de autismo en las zonas donde más se avistan este tipos de estelas. Desde Guadacielos se insiste en que resulta fácil diferenciar las estelas de condensación de vapor de agua que pueden dejar los aviones a su paso de aquellas que llevan en su interior productos químicos. Para empezar, advierten, las segundas son de mayor grosor y persisten en el cielo durante más tiempo que las primeras. Más aún, las estelas químicas crean patrones en el cielo, como líneas que se entrecruzan, y el comportamiento de los aviones involucrados, que giran para volver a pasar, servirían como prueba de que se pretende fumigar de manera reiterada una zona en concreto. Por último, las estelas químicas – siempre de acuerdo con la teoría que mantiene Guardacielos – no salen de los motores del avión, como sí ocurre, en cambio, con las de condensación.

Defensores de la existencia real de este oscuro método hay, por supuesto, en todo el mundo. De hecho, fue el periodista norteamericano William Thomas quien utilizó el término de “chemtrail” por primera vez y la teoría se expandió rápidamente gracias al influyente programa nocturno de radio Coast to Coast, del locutor Art Bell, que suele dedicar parte de sus cuatro horas de duración a temas relacionados con lo paranormal y las conspiraciones. También en Estados Unidos, un documento presentado por Dennis Kucinich ante la Cámara de Representantes contendría una lista de armas químicas entre las que estarían incluidas, negro sobre blanco, las “misteriosas” estelas dejadas por las aeronaves. Y, al parecer, el Parlamento ruso no era ajeno a dicha información. Un comunicado de la DUMA realizado por los comités de defensa y asuntos internacionales, firmado por 90 representantes y presentado por Vladimir Putin, indicaba que “Los Estados Unidos están creando nuevas armas integrales de carácter geofísico que pueden influir en la troposfera con ondas de radio de baja frecuencia”. Y a pesar de que los rusos ya andaban desde hacía tiempo con sus particulares proyectos para influir en la climatología, la controversia entre ambas potencias observó un repunte en 2010, cuando varios físicos rusos acusaron a Estados Unidos de la intensa ola de calor que originó aquel verano infinidad de incendios y duplicó la mortalidad en un país mucho más acostumbrado al frío que a las altas temperaturas.

Por lo que se refiere a nuestro país, Josefina Fraile, ex alcaldesa de Velilla del Río Carrión juzgada por prevaricación y en la actualidad portavoz de Guardacielos, asegura que “desde 1999 se están llevando a cabo fumigaciones clandestinas en España por aviones militares de la OTAN, que ejecutan programas de geoingeniería para manipular el clima y las comunicaciones globales a través del control de la estratosfera y de la ionosfera”, Y Zamora, advierte la activista, “es una zona particularmente delicada”. No solo por la cantidad de aviones que dejan cada día el cielo plagado de anchas estelas a baja altitud, también lo han comprobado con los resultados de unos análisis de cultivos ecológicos en Zamora que el Seprona realizó por orden de la fiscalía, tras la denuncia de agricultores de 32 pueblos de la comarca de La Guareña. Según Fraile, los niveles de aluminio y hierro eran por completo alarmantes. “No puede ser que haya 19 miligramos de aluminio cuando el índice de referencia es 0,5”, afirma.

Del otro lado, para la portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología Española, Ana Casals, la teoría de las fumigaciones no tiene ningún sentido. La meteoróloga asegura que todas las estelas que vemos en el cielo están compuestas de agua condensada, ya que cuando el queroseno quemado sale del motor del avión está a alta temperatura y el intenso frío del exterior provoca una condensación inmediata. A lo que habría que añadir, que a mayor humedad, mayor será la duración de permanencia de dichas estelas. En todo caso, Casals admite que se están llevando a cabo experimentos en muchos países para, por ejemplo, luchar contra el granizo, aumentar la lluvia o terminar con la niebla, “pero nosotros no tenemos la tecnología para manipular el clima”. En Guardacielos saben que, cierta o no, la suya es una de esas teorías a las que resulta muy fácil tachar de excéntricas o paranoicas. Como poco, de frikis. Y si a la gente de la calle ya le resulta insólita la idea, qué decir de lo que piensan de ella los políticos de cualquier signo. En esto, al menos, aunque sea de distinto modo, parecen estar todos los partidos de acuerdo. Si en Guardacielos llegaron a acariciar la idea de que Podemos pudiera también con este presunto complot de las élites para manejar el clima – y el mundo -, debieron de llevarse una gran decepción. Pablo Echenique no solo negó la veracidad de la teoría de las estelas envenenadas, sino que, además, aprovechó los micrófonos para hacer en público una broma a su costa, declarando que el asunto le parecía más un tema para tratar en el programa Cuarto Milenio que en una conferencia política.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    567 | oliseo - 18/08/2015 @ 21:24:26 (GMT+1)
    Teoria . realidad los aviones no sueltan vapor el vapor y lo podemos comprobar en nuestro cuerpo un día de frió se evapora en segundos.Los aviones en pleno verano dejan vapor de agua durante oras . si pasara un avión y dejara caer 91 toneladas de ladrillos seguro que seria un problema visible pero si dejan caer cien toneladas de producto químico no pasa nada
    428 | Elena Mateos - 14/07/2015 @ 23:52:14 (GMT+1)
    Hay que ser hipócrita y tiznada para decir que los chemtrails son estelas de vapor. Ese cuento ya no se lo creen ni los niños de 5 años. La Agencia Estatal de Meteorología es de vergueza pública.
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