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DESDE ULTRAMAR

¿Ascenso o descenso en la Cumbre de las Américas?

domingo 12 de abril de 2015, 19:35h
El juego de palabras aludiendo a una cumbre, tal y como se intitula esta entrega que amablemente usted lee, identifica que la VII Cumbre de las Américas ha contado con sus claroscuros. Ilustrada con un logotipo enfatizando dos palomas de la paz aproximándose, pero no uniéndose, cierto es que no eran un águila calva rapaz y un paniaguado caracara que confrontara y evidenciara a los Estados Unidos de la América del Norte con los estados desunidos de la América del Sur. No, no era el caso, porque las cosas en América han cambiado algo y así debe aceptarse, pero desde luego que hubo discrepancias en la reunión cimera, pues las Américas son diversas en su geografía como en sus intereses y en la manera de plantear su atención, cosa no superada, que condujeron a que se carezca de una declaratoria final. ¿Un fracaso, entonces? Pues no, porque contó con muchas aristas.

Casi se consiguió reunir a todos los mandatarios en un esfuerzo enorme –Chile imposibilitado por desastres naturales a atender– sin muchos ejemplos en el mundo –ni siquiera en la Europa actual– con todas las delegaciones que no incluyen territorios coloniales o semicoloniales aún persistentes. La Cumbre desde los países del ALBA y UNASUR, ha condenado la intentona estadounidense de sanciones a Venezuela, desandando el camino en esa misma semana desdiciéndose EE.UU. de condenar a Venezuela. Ya lo expresé: América no secunda una invasión y Maduro es un impresentable. Ha sido un foro no de fuego cruzado, sino de uno en el que en varios casos se ha confrontado a Obama. Mientras él apelaba a no hablar del pasado que tanto compromete a su país, países del ALBA y UNASUR le han marcado sin tapujos. De un intervencionismo y el abuso histórico también inocultables, que también han frenado y de manera evidente, clara, innegable, el desarrollo regional, por activa y por pasiva y allí está la Historia por si alguien es desmemoriado o desconocedor.

Las acusaciones al injerencismo estadounidense ha refrendado que el sistema interamericano de la anquilosada Organización de los Estados Americanos (OEA) y el moribundo panamericanismo de oscuro origen estadounidense, están más que evidenciados y requiere un replanteamiento, pues la Cumbre, para bien o para mal, no ha sido una mera reunión diplomática ni fue mera oficialía de partes de Washington, que sellara el pedimento de Estados Unidos para hacer de las Américas su mercado cautivo o su patio trasero, bueno, matizando: “una zona de libre comercio que atrae democracia y prosperidad a todos”. Sí, lea usted mi absoluto sarcasmo ante el sobado discursillo que soporta ese ideal proveniente de Washington o de sus corifeos, a quienes acalambra mi dicho. Menudo reto tiene el uruguayo Almagro, próximo a encabezar la OEA, a la que hay que lavarle la cara. Y pronto, porque urge.

La Cumbre –con encuentros y espacios de discusión dentro y fuera de ella y no solo en la plenaria– ha sido oportunidad mayúscula para tratar infinidad de temas –pese a los choques entre grupos antagónicos apoyando distintas tendencias bien sabidos por todos, en plan de agitadores– que unos la vieron como un ring o simplemente fue vista como un foro para planteamientos puntuales así fueran, incluso, algunos retóricos. Como sea, la región dividida ve oportunidades para plantear un futuro más definido y más interdependiente en las relaciones hemisféricas. Las Américas no se plantean un solo modelo de desarrollo, complicando el panorama. Los esfuerzos por conciliar posturas se antojan apremiantes. Y el encuentro americano ha sido todo menos simple retórica y diplomacia. Eso debe quedar muy claro y muy entendido.

Eso sí, ha sido un encuentro donde las palabras pisan terreno minado. Mientras EE.UU. hablaba de respeto a derechos humanos, que obliga a cuestionar su presencia en Iraq, Cuba hablaba de dictaduras, otras allá en Sudamérica, dijo Castro y el ecuatoriano Correa habló de libertad de prensa con escándalos de acallamiento de la propia opositora y la represión venezolana. Era inevitable darse puntapiés a sí mismo o al aliado cercano.

El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos –a instancias del Papa y bajo los altos intereses de ambos países– no ha sido como muchos quisieron y sí a despecho del exilio cubano. Ha sido en pie de igualdad, cara a cara y eso no es frecuente verlo. Y en un diálogo que conlleva vericuetos con objetivos más confrontados que allanados, pero quede muy claro: las Américas jamás podrán hablar de un desarrollo sin Cuba. Esa argamasa de güisqui y ron, de Castro y Obama, aún promete tardar en rendir frutos, porque el astuto cubano lo ha dejado claro: está dispuesto a discutirlo todo, mas eso implica tratar desde inversiones hasta recuperar Guantánamo. No pensemos que solo a Cuba le tocará ceder. ¡No, señor! Para ambos supone desatar un intrincado proceso de intereses cruzados. Los puntos de contacto no se antojan sencillos. De manera que el proceso se presume largo y sujeto a muchos imponderables. No basta el apretón de manos aplaudido. No nos quedemos solo con la foto histórica. Yo me quedo sí, con las palabras de Raúl Castro: “ya era hora de que yo hablara aquí en nombre de Cuba”. Una excluida desde la primera cumbre de Miami.

El proceso ha excluido al México de Peña Nieto –que compareció en Panamá sin aportes a una cumbre continental que tuvo a México en la sombra– y que mientras perdonaba la deuda cubana de forma irresponsable y muy gratuita a cambio de nada, perdió la ingente oportunidad de reposicionarlo y de ser el catalizador de ese acercamiento, un proceso que nos afecta directamente. Penoso porque en ese ajedrez no se olvide que fue México el único país de América que no dio la espalda a Cuba por años, como pasó de forma cobarde. A cambio, Peña Nieto en la Cumbre se limitó a exaltar sus reformas que comprometen para mal el desarrollo futuro de México y que muchos reprobamos, adosadas a un modelo neoliberal concentrador de riqueza y mala política pública ejecutado desde el PRI, algo que España ahora padece y sabe muy bien de sus efectos. Peña lo definió en Panamá como un modelo “de libre mercado con amplio sentido social”. Ridículo. Las cifras no revelan eso.

La Cumbre no deja claro qué más nos deja, pero queda la sensación de que nos ha dejado algo útil: las relaciones hemisféricas no serán lo que fueron. ¿Y qué queda? Esperar la octava cumbre. Pero no solo para el caso cubano-estadounidense, sépase que Washington ha sido indiferente a este continente desde hace dos décadas. Si retoman su interés en la región, no sabemos si implique regresar a una agachona postura regional frente al mandamás continental. Por lo pronto, no parece que eso suceda pronto. ¿Ascendieron o descendieron los americanos la Cumbre? Lo veremos con el tiempo.
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