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23 de abril: ¿Celebramos al libro o a la lectura?

miércoles 22 de abril de 2015, 19:28h
Si el 23 de abril es el día internacional del Libro y de los Derechos de Autor –sí, con mayúscula– mi pregunta es oportuna: ¿Celebramos solo al libro y al proceso creativo protegido por la ley, o en realidad lo hacemos a la lectura, que supone la transmisión de las ideas, del saber y la cultura en general? Estoy cierto que es más lo segundo. La lectura como actividad inteligible de la Humanidad y el resguardo del basto conocimiento que albergan los libros y ahora todo género de soportes materiales e inmateriales si cabe, merecen nuestra completa atención y nuestro más superlativo interés, por ser la suma del quehacer cultural del Hombre.

El pretexto está servido para disertar acerca del papel que juega la lectura como vehículo inconmensurable para la propagación de las ideas y del enriquecimiento intelectual al que nos expone repasar nuestros ojos sobre las palabras, acrecentándonos la visión sobre el mundo que nos rodea –y de pasada, mejorando así la expresión, la ortografía e incrementando nuestro vocabulario– lo cual testimonia una ocasión propicia para adquirir su excelente hábito, obsequiar un libro y disfrutar el propio. Leamos más. La industria editorial en español nos necesita. Contribuyamos a impulsarla. Se queja de estar pasando por un muy mal momento –queja que la oigo seguido en la española, pero que ya es harto frecuente de tiempo atrás en la mexicana– consciente desde luego, de que los libros no son artículos baratos, pero tal no nos impide buscarlos asequibles.

¿Y el 23 de abril ha de ceñirse a ser solo la fiesta del libro? Sería muy adecuado no dar por sentado que presupone la lectura. Mencionémosla. Que sea el día internacional del Libro y de la Lectura, amén de los Derechos de Autor, puesto que al paso que vamos el mundo hace ya mucho tiempo que está accediendo a un texto por múltiples vías, no limitadas al clásico formato impreso. Los audiolibros, los textos en internet que incluyen toda clase de documentos contenedores de conocimiento difundido y divulgado en el ciberespacio, ya despiertan nuestro interés por ampliar el concepto del libro, conminándonos a extenderlo al celebrar la expansión del saber. Porque una fecha tan sugerente, reclamante, incitante, motivadora y contestataria no puede circunscribirse a un libro. Su quintaesencia es la lectura y conlleva la libertad de acceder a ella, conduciéndonos al conocimiento humano, todo lo cual engrandece los caminos a su acceso y a las ideas.

No cabe la menor duda de que esta data significa la oportunidad para que usted, quien puntualmente me lee, adquiera tan magnífica costumbre de leer, animándose a retomándola, devorando la obra escogida. ¿Hace cuánto que no se lo permite?¿Desde cuándo no se engancha con alguna pieza? ¿Usted qué está leyendo en estos días? ¿A qué aguarda para iniciar una lectura que le atrape y le nutra? No lo postergue. La procrastinación nunca es conveniente y mientras más pronto se entregue usted al placer de leer, será mucho mejor para sí y para su círculo. Agasájese. Primemos la calidad a la cantidad. Y por supuesto, no desdeñemos habituarnos a regalar libros –créame: obsequie libros, que nos ahorra quebraderos de cabeza adivinando los gustos del receptor– y contribuiremos así a beneficiar a sus destinatarios; y a que los hijos adquieran tan saludable hábito. Enséñese a que lean y a que necesiten leer. A que no prescindan de hacerlo para que, así, ejerciten más y más el pensar y el forjarse un criterio propio y desinhibido. No lo dude. Sucederá y con creces.

Este año la jornada que nos congrega reviste un especial significado, puesto que teniendo entre otros orígenes el aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra, en 2015 conmemoramos por todo lo alto el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote. La edición de 1615 nació a escasos seis meses antes de que falleciera su autor, acaecida el 23 de abril de 1616. Este año se han encontrado sus presumibles restos mortales en el convento de las Trinitarias, en Madrid. No nos olvidamos de que entre la primera y la segunda parte de la monumental obra cervantina, existió el afamado Quijote de Avellaneda, que obligó al Príncipe de las Letras a retomar el propio, matándolo, para que no fuera usurpado nuevamente. De de Avellaneda nos ocuparemos en otra ocasión.

En otro orden de ideas, antaño se decía que el 23 de abril era el día del idioma español en honor a Cervantes. No lo parece más. Se ha deslucido el motivo sin explicación real alguna y mucho que lo lamento. Considero que sería adecuado retomarlo. Abril es un mes precioso para revitalizar nuestro idioma. Descubro en la red que la lengua inglesa tiene designada la fecha para tales fines propios, asumiéndola como emblemática de su ser. La curiosa coincidencia con el deceso shakesperiano ha de ser la causa. No veo porqué nuestra lengua ha de privarse.

Me resta reflexionar en torno a que se afirme que en nuestra época cada vez se lee menos. ¿De verdad? ¿solo hay desafecto por el papel y la pantalla por doquier?. Me suena a bulo. A lo más la búsqueda de otros satisfactores, acaso más apabullantes y llamativos, parece ser que contribuye a esa desangelada entrega, pero me niego a creerlo del todo a pie juntillas. Porque se ha democratizado el acceso a las redes sociales, después de todo, que algo debe aportar. Porque es innegable que la gente se ha involucrado en leer y escribir documentos de muy diverso calibre. Las redes sociales lo permiten, la Internet lo facilita y es lo que hay. Las masas sí están accediendo a la lectura cual torrente irrefrenable de lectores, como una fuerza nueva, no obstante que sea un impulso desparpajado y pese a que aquellos que escriben jamás ganen un premio de literatura, que posiblemente tampoco lo están buscando. No se les desdeñe por esa razón. Allí están.

Pues ya le digo: la celebración a que nos avocamos el 23 de abril enfatiza el amor por adquirir vivencias también en las letras –siempre aleccionadoras, siempre inolvidables– no cediendo ni concediendo ser solo un Homo videns. Podemos ir mucho más lejos y reflexionar siempre lo que leemos y estamos obligados a leer, que no digo compelidos, porque tal vez perdería su placentero sabor. Tanto como que somos los herederos de la civilización a la que pertenecemos y nos ufanamos de ello, estamos obligados a leer. A mí que no vengan con cuentos: que si se lee menos, que no se lee más, que es caro, que si queremos pero no lo hacemos ni qué niño envuelto. Coja usted un libro e hinque los codos, no privándose del gustoso momento de disfrutarlo, procurándose y absorbiendo todo cuánto pueda dejarle ese material cuidadosamente revisado. No hay más caminos. Por usted, por los libros y por la lectura inagotable ¡salud!
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