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LO NUEVO DE ISAKI LACUESTA

Murieron por encima de sus posibilidades: ¿dinosaurio o cucaracha?

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 24 de abril de 2015, 08:49h
Murieron por encima de sus posibilidades: ¿dinosaurio o cucaracha?
Isaki Lacuesta brinda en Murieron por encima de sus posibilidades una comedia brutal con un reparto de puro lujo.
¿Eres un dinosaurio o una cucaracha? Decide, porque no queda mucho tiempo. Si es que estás en posición de decidir. El mundo se va a pique y no hay más que dos opciones: extinguirse o ser un insecto. O quizás haya una tercera vía. ¿Es posible la revolución? ¿Es viable el cambio? ¿Podemos evitar ser fagocitados por un sistema creado por nuestra propia especie y que roza el colapso? ¿Se puede escapar del fatalismo sin caer en la locura? Esta es, grosso modo, la efervescencia intelectual y emocional que, a poco, provoca en el espectador el último trabajo del cineasta Isaki Lacuesta, Murieron por encima de sus posibilidades. El realizador catalán brinda una comedia brutal y provocadora en todas direcciones, con un reparto coral que es puro lujo, algunos diálogos brillantes y una banda sonora que invade la historia y sabe a gloria.

El arranque de la cinta advierte de que la metáfora visual va a pesar en los siguientes 102 minutos: peces y tiburones moviéndose en el mismo espacio. La cosa pinta oscura. Murieron por encima de sus posibilidades sigue a cinco hombres cuyas vidas se han puesto del revés debido a la crisis. Lacuesta pone al espectador en situación contando cinco historias que, aunque llegan al extremo, empiezan como muchas –miles, millones- que conocemos de primera mano, que oímos en medias conversaciones mientras viajamos en metro o que vemos en la parte más humano-sensacionalista de la televisión. Y el cineasta aprovecha el camino para hablar de educación, de sanidad, de sobrecualificación o infraempleo (dos caras de la misma moneda), de especulación, de corrupción, del sistema financiero, de los bancos, las quitas y la ahora muy oportuna amnistía fiscal.

Y entonces empieza la función. Los cinco desesperados, repudiados, hartos, explosivos y humillados protagonistas trazan un plan para cambiar el mundo. Tal cual. En términos algo más concretos, pretenden conseguir un reparto más equilibrado de la riqueza mundial a través de un plan que pasa por secuestrar al presidente del Banco Central y que avanza hacia –no spoilers- un impúdico festival de sangre, motosierras y bolas de helado. La película va de lo costumbrista aderezado con una pizca de locura a lo estrambótico y, directamente, lo gore en un resultado que, con ciertos 'peros', se deja disfrutar.

Lacuesta inserta grandilocuentes monólogos sobre la distribución de los recursos y el funcionamiento del capitalismo o del sistema bancario en medio de una trama gamberra, y consigue que no desentonen, combinándolos con lo absurdo como quien chupa una pizca de sal detrás del tequila. A parte de por unos diálogos bien construidos entre lo socarrón y la indignación, la fórmula funciona gracias a una plantel de nombres entre los que se encuentra lo más destacado del panorama interpretativo español actual. Julián Villagrán y Raúl Arévalo (gigante, probablemente el mejor actor de “nueva” generación en España) encabezan el grupo protagonista, completado por Albert Pla, Iván Telefunken y Jordi Vilches. Junto a ellos desfilan en papeles menores pero sumamente bien aprovechados José Coronado, Luis Tosar, Carmen Machi, Imanol Arias, Bárbara Lennie, Álex Brendemühl, Eduard Fernández, Ariadna Gil, Emma Suárez, Sergi López, Ángela Molina, José María Pou, José Sacristán, Bruno Bergonzini y Álex Monner.

Con algunas excepciones, Lacuesta aguanta bien el ritmo a medida que la película se radicaliza gracias a un montaje dinámico y, sobre todo, a una selección musical ajustada a la trama que compone un bizarro pastiche cañí.

Esta semana, durante la presentación de su último trabajo, el actor Quim Gutiérrez acusaba un viejo-nuevo problema de la industria cinematográfica española: el de obcecarse en fórmulas que en un momento determinado se muestran solventes, exprimirlas y convertirlas en el molde del que saldrá el grueso de la producción cinematográfica patria en la siguiente temporada. Fabricación en serie, más o menos. Con su radicalidad y su desenfreno sobre una base de crítica social, Lacuesta ha hecho una apuesta. La crisis económica ha alumbrado un buen puñado de productos cinematográficos patrios, muchos de ellos en clave de comedia. Murieron por encima de sus posibilidades se une a la vía con la que ya se atrevió la ópera prima de Ignacio Estaregui Justi&Cía, una más análitica y explosiva dentro de los cánones del género que las historias románticas al estilo de Perdiendo el norte. Lacuesta ha recordado que, con sus más y sus menos, otra comedia es posible.
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