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LA ESPAÑA DE LA INSIDIA

sábado 02 de mayo de 2015, 17:44h
Luis María Anson publicó en el diario El Mundo un artículo que por su amplia repercusión...

Luis María Anson publicó en el diario El Mundo un artículo que por su amplia repercusión en las redes sociales reproducimos a continuación:

“Lo ha ordenado el Rey y cada mañana desangran a un soldado para que el Príncipe de Asturias se beba su sangre”. En tiempos de Alfonso XIII se repetía esta frase por los mentideros de Madrid como una cuestión de hecho.

“El cabrón de Don Juan está siempre borracho y ni siquiera sabe español”, decían los falangistas valerosos paseando su bigotito enhiesto por la calle de Alcalá, al aire la camisa azul con las flechas simbólicas que tú bordaste rojo ayer.

“Ese príncipe de Sissi, Juan Carlos, es un fin de raza, retrasado mental el pobrecillo. Si algún día reina, será Juanito el Breve”, aseguraban los mandos del Movimiento Nacional mientras disfrutaban de la dictadura de Franco, el amigo de Hitler y Mussolini. Desde Estoril, Don Juan III propugnaba la Monarquía parlamentaria que devolviera al pueblo español la soberanía nacional, secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.

La aldea global de McLuhan se ha quedado en la prehistoria. Internet ha convertido el mundo en un patio de vecindad. Y en patio de vecindad vive hoy la España de la insidia, del infundio y del bulo. Como ha ocurrido siempre, pero acentuado por la tecnología, cualquier indocumentado insolvente, cualquiera cotorra avispada, introducen en el mercado informativo los más absurdos rumores o las perfidias más disparatadas sobre la Familia Real. Todo vale, desde las burdas tretas sobre las hijas naturales del Rey padre hasta las habladurías de divorcios que se conocen de fuentes muy seguras.

En mi opinión el periodismo español es espléndido. Los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales cumplen con su función de administrar el derecho a la información que tienen los ciudadanos y de ejercer el contrapoder, elogiando al poder cuando el poder acierta, criticando al poder cuando el poder se equivoca, denunciando al poder cuando el poder abusa. Al costado del acierto general, el periodismo padece el parasitismo de los de siempre con la permanente fabulación, las noticias sin contrastar, los innumerables enredos y cotilleos, las habladurías y murmuraciones, las incesantes felonías, la larga serpiente del rumor y del infundio que zarandea de forma especial a las personas de la realeza y a hombres y mujeres destacados del mundo del cine, el teatro, la canción y el espectáculo, que la envidia de los mediocres siempre ha sido libre en nuestro país.

Vivimos en la España de la insidia, en esos días de la ira tan bien explicados por Hermann Tertsch. En los patios de vecindad de ciertos espacios de televisión, de algunas cadenas de radio, en determinados libros, se difunden con la mayor impunidad descomunales falsías convertidas en verdades dogmáticas por las anchas tragaderas que caracterizan a nuestro pueblo.

La verdad es que hay pocas probabilidades de hacer frente al espectáculo. Forma parte de la esencia del homo hispanus. Solo queda denunciar abiertamente a los calumniadores de oficio, a los cuchicheadores del infundio, a los correveidiles de bulos y camelancias, para que los españoles de buena voluntad aprendan a rechazar tanto enredo, tanto garlito, tanta perfidia, tanto embuste, arrastrados por la caravana insaciable de la insidia.