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La "Kultura" del 24 de Mayo

lunes 11 de mayo de 2015, 19:38h

En España es fácil triunfar literariamente esgrimiendo alguna tara moral con la que se identifique emotivamente el gran público. Basta escribir sobre el desajuste mental como experiencia propia, o narrar las vicisitudes de haber sido alcohólico-amadrinado por una escritora que debió padecer idénticas debilidades- o contar las experiencias de ser puta; en el colmo del oportunismo hasta incluso redactarse un frívolo libro protagonizado por una analfabeta funcional que describe la sempiterna historia de reiterativas ambiciones y demás bajezas barriobajeras. España es país de dispares vergüenzas que asoman en las librerías. Miles de personas simpatizan con la basta literatura de la autobiografía del pringado o del aprovechado que viven de renta vitalicia, contando cotilleos o complejos personales como reclamo eficaz para vender ejemplares y convertir cualquier bodrio en un best seller.

En definitiva, a determinado público le cae bien todo aquello con lo que se siente fundido en la experiencia personal.

De esas afinidades cabe colegir que en España hay gran cantidad de gente con desajustes mentales que lee páginas donde se siente protagonista de la obra que le brinda un autor con las mismas dolencias. Existen famosos y no famosos que han trasegado suficiente whisky como para poseer un libro de cabecera con la historia de un alcoholizado líder de ventas. Hay, en fin, miles de tontainas que se tragan las ambiciones más chabacanas esperando largas colas a que se les firme un ejemplar de nefasta letra. Triunfa la tacha en el fondo y la forma. Los valores están en declive; ganan los arbitrarios defectos y además expuestos como heroicidades en el paradigma de la endeblez humana.

Mucha gente se compadece de sí misma y se gasta los cuartos en libros porque se percibe tarada, alcohólica, puta e idiota. Así va España que junto al zoológico político queda por inspirar un manuscrito sobre lo que se siente viviendo en un país hipócrita, cínico, egoísta y sin esperanza. Pero eso sería lo más parecido al Apocalipsis; ya lo redactó Juan de Patmos y en estos tiempos es el best seller más a propósito para las actuales circunstancias, proclives de empeoramiento, que podríamos leer.

Ahora todo está tan saturado que el talento languidece frente al dogma de la selección aborregada. En este país hay escritores, pintores y cantautores que se posicionaron ante las ascuas del felipismo y desde entonces viven cómodos y arrimados al fuego sectario que más calienta. Intelectuales de postín cuyo mérito consistió en nacer antes para reproducirse en la etapa de la Transición, apoltronando el culo hasta agujerear el trono del parasitismo consentido. Pandillas después de la "zeja" que, no contentas con haber apoyado la desintegración económica de los ciudadanos, aún conservan la caradura para presumir de ello mientras siguen entonando gorgoritos que sus víctimas escuchan con masoquista deleite. Afortunadamente, para minorar el efecto de la soberbia sobre los endiosados cantamañanas, todo envejece y, concluida la función parasitaria, desaparece bajo tierra.

Escribir sobre la Guerra Civil siempre salió a cuenta sobre todo si se arrancaban las cicatrices para revivir con magín revanchista una contienda que durante décadas fue olvidada en pro de la convivencia en democracia. Tanto fue el cántaro a la fuente que el zapaterismo encontró la excusa perfecta para sacarse de la manga subvencionada una Ley de Memoria Histórica a la que el Partido Popular no hace ascos. El caso, como en todos, era poder trincar con algún pretexto efectista a cuenta de las arcas públicas y dejar que después los acomplejados en el poder continuaran la función traicionando a sus electores.

Ser un desequilibrado, un adicto a la droga o al alcohol, mostrar las intimidades prostituidas de la mercancia carnal, ser analfabeta y gozar de la simpatía del bajo pueblo, más ser de la hornada oportunista de la Transición y ocupar el hueco de modo vitalicio y rememorar los odios que durante décadas todos quisieron olvidar, son garantía en una España de Kultura que, cuando no es mediocre, moralmente es inaceptable. Aunque, vaya a saber yo qué puñetas es hoy algo moralmente aceptable cuando vivimos la era corrupta del todo vale.

En la mafia literaria quien no pertenece a la manada protectora no se come un rosco. Bien atendido está el kioskillo y a estas alturas no se va a desmontar para todos los córvidos que graznan esperando que les caiga la manduca repartida a discreción entre la cuerda ideológica que sea. Porque más allá de la ideología, España es ruin en esencia y tramposa en el disimulo.

Cultura, la verdadera, no es solo la esencia añadida de quienes dejan un legado una vez marchan de la vida, sino la sustancia de una sociedad que prevalece con valores acrecentados y una responsabilidad mantenida de compromiso con el progreso del conjunto y el apuntalamiento de sus logros morales e intelectuales. Algo muy alejado de la realidad sociopolítica en España.

Siempre quedarán las genialidades de Miguel de Cervantes, José Ortega y Gasset o el injustamente olvidado, por muy envidiado, Pedro Voltes Bou. Aunque ni de lejos hubiese imaginado el autor de El Quijote un mitin de galeotes podemitas en Alcalá de Henares; ni Ortega y Gasset una rebelión de las masas tan inherente a la ignorancia como los que la reivindican; ni el catalán y español Pedro Voltes Bou hubiese vislumbrado que una portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, sin estar hipotecada ella, cabalgara a lomos del oportunismo más vergonzante hasta poder acceder a unas elecciones municipales con posibilidades de convertirse en alcaldesa de Barcelona. En la cita electoral de las municipales y las autonómicas se constatará de qué somos capaces en un país tan complaciente con la televisión y la política basuras.

La Kultura pertenece a todos, faltaría más, y cada día somos un poco más sabios en ella, además de más desequilibrados, adictos, promiscuos, catetos, oportunistas y carroñeros. Cultura del fracaso, al fin y al cabo, pero la Kultura que nos hemos buscado. El 24 de Mayo guardarán cola ante las urnas los mismos que compran algunos best sellers en España y siguen escuchando a los impresentables de la zeja que presumen de haber apoyado al zetapé que nos implicó en la peor ruina institucional y económica de la democracia. Además, quien más quien menos, ¿la mayoría harta de la clase política? Mal augurio para la gobernabilidad de España.

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