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TRIBUNA

Susana Díaz contra el Dr. No

lunes 18 de mayo de 2015, 19:53h

Como se esperaba, la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, no ha logrado tampoco, al tercer intento, los votos necesarios para obtener la investidura, a la que se cree con todo el derecho porque la suya ha sido, sin ninguna duda, la lista más votada en las últimas elecciones regionales andaluzas. Como hizo en los dos intentos anteriores, la señora Díaz ha criticado a lo que llama “el Frente del No” que, según ella, sería una especie de conspiración para no dejarla gobernar, dirigida por el siniestro PP e incluso por el propio Rajoy, desde La Moncloa. A mí me ha recordado aquella película de la serie de James Bond en la que un malvado Dr. No intenta por todos los medios que los americanos no llevasen a cabo el lanzamiento al espacio de un cohete, creo que tripulado. Este hodierno “Frente del No” estaría tramando la gran operación de impedir el lanzamiento al espacio político andaluz y, quizás, nacional, de la famosa Susana, que habría montado todo el fallido adelanto electoral con la finalidad de convertirse en la más brillante estrella del firmamento socialista.

Que el PP quisiera o pudiera liderar a los otros componentes del supuesto “Frente del No” pertenece por completo al ámbito de la ficción, pues todos ellos, por razones diversas, pero en el fondo coincidentes, no quieren saber nada del actual partido gobernante. Vamos, “que no se ajuntan”. Podemos porque ha declarado que su mayor enemigo es el PP, aunque ahora que empieza a ver que su supuesto e inminente triunfo no era más que “verduras de las eras”, que diría Jorge Manrique, ha dicho que incluso podría pactar con los peperos. De ilusión también se vive. Y se muere. Si recuerdan, Felipe González dijo aquello de que “de éxito también se muere”. Y en el presente escenario político español más de uno va a morir de sus fugaces éxitos. En esta columna siempre hemos creído que eran una broma aquellas encuestas que le daban a Podemos hasta el 25 % del voto. Ahora parece que se conformarían con un 15%, pero tampoco lo van a tener fácil, porque como herederos “revolucionarios” de IU, estos neo-comunistas no van tener mucho más de lo que consiguió esa formación o el PCE en sus mejores momentos. La sociología, la estructura social de un país no sufre vuelcos tan radicales, salvo situaciones cataclismáticas. Pero, por fortuna, no estamos en Nepal.

Tampoco veo a Ciudadanos atento a los intereses del PP ni formando parte de su séquito, cuando cada vez parece más evidente que aspira a quedarse con su electorado, aparte de que su líder trata, arrogante e imperativamente, de imponer el sistema de primarias, como requisito previo para pactar. Además, cómo no, de la manida cuestión de las listas abiertas. Una y otra propuesta demuestran que los conocimientos de derecho constitucional comparado y de sistemas electorales del bisoño líder son más bien escasos. Así se explica que su programa electoral sea un centón de fragmentos heterogéneos e inconexos, carente de originalidad. Aunque, eso sí, muy “transversal” para ver si convence a los electores desencantados del PP y del PSOE, antes de que se den cuenta de que el denostado bipartidismo es mucho más fiable que estas aventuras hacia ninguna parte. No es mala la idea de un partido bisagra, más o menos nacional, entre los dos grandes partidos de la derecha y de la izquierda. Pero esa era la función de los liberales alemanes del FDP, que han desaparecido del Bundestag, o la de los libera-socialdemócratas de Clegg, en el Reino Unido, que ya hemos visto como están a punto de esfumarse.

Que no se invente Dª Susana ningún frente, porque, sencillamente no existe. Ni tampoco hay ningún malvado Dr. No agazapado en La Moncloa. El PP fue el primero que lanzó la idea de que gobernase la lista más votada, a la que ahora se acoge la presidenta andaluza en funciones. Pero carece de lógica que no se quiera comprometer con el PP a aplicar la misma regla a las elecciones municipales. ¿Por qué razón, entonces, el PP tendría que abstenerse para facilitar su investidura? Cuando se dice que debe gobernar la lista más votada se quiere decir –y ya es mucho- que no se intentará hacer coaliciones de perdedores, pero no que uno tenga que apoyar por nada a esa lista. Por no recordar que cuando en febrero de 2012 fue el PP en Andalucía la lista más votada, ni Dª Susana ni nadie de su partido aludió a ese principio al que ella ahora recurre como un mantra indiscutible.

En política como en la vida rige implacable el principio de do ut des: nada es gratis y todo debe tener una contrapartida que la “vencedora” de las elecciones no parece dispuesta a dar. Lo que está claro es que ninguno de los partidos que podrían sacarle las castañas del fuego a la presidenta en funciones tiene motivos, al menos por ahora, para facilitar su elección con la abstención, porque eso puede comprometer sus planes futuros, perfectamente legítimos. Hasta que después de las elecciones del 24 de mayo se visualice el nuevo panorama político nadie va a moverse. Y después tampoco hay nada seguro. Descartado un pacto con el PP -partido al que los socialistas ponen al mismo nivel que Bildu- ni Podemos ni Ciudadanos van a tener demasiados estímulos para hacerle carantoñas al PSOE andaluz. Cada uno de esos arreglos sería el clásico “abrazo del oso” que acaba siempre en perjuicio del más pequeño.

De tal modo que, si no cambian mucho las cosas, y, desde luego, en política todo puede ocurrir, Dª Susana se verá, quizás, en la desagradable posición de tener que convocar nuevas elecciones. Y no podría descartarse que su partido prefiriera un o una dirigente distinto que no se haya gastado tanto, como Dª Susana, en tan poco tiempo. Sobre todo después que haya aparecido el “asunto Aznalcóllar”, donde su presunta implicación le costará trabajo desmentir y que, en todo caso, le pasará factura política. En el tiempo que lleva al frente de la Junta podría habérsela visto algún detalle de cambio real, pero, mucha retórica aparte, nada se ha percibido que suscitara la mínima esperanza de que el viejo y sucio “cortijo” se hubiera terminado.

Lo que hay detrás de toda esta tragicomedia andaluza es, en mi opinión, bastante más sencillo. El “régimen” clientelar que ha estado allí vigente durante treinta años es ya insostenible y ha hecho crisis. Estuvo a punto de desmoronarse en 2012, pero estas redes clientelares, con su inevitable acompañamiento de corrupción, nepotismo y amiguismo, son muy difíciles de desarmar porque su trabazón es muy sólida. Más aún, el susto de 2012 les llevó a todos los innumerables beneficiarios del sistema a la conclusión de que habían pasado los tiempos en que su supervivencia ni se discutía. Era la hora de coger las armas (y lo digo, por supuesto, en sentido figurado).A partir de ese toque de alarma, han intentado hacer creer a andaluces y españoles que Dª Susana -que es un fruto patente de ese régimen, en cuyo seno se ha criado y crecido- era la novedad lampedusiana: Se trataba de parecer que todo cambiaba para que todo siguiera igual. La desmovilización de una buena parte del electorado del PP o su coqueteo con las novedades que implican Ciudadanos y quizás Podemos (aunque este último se habrá nutrido, sobre todo, de la renqueante IU) ha impedido otra vez que el desmontaje del “régimen” se hiciera realidad. Pero no deja de ser significativo que el PSOE no haya logrado ni un escaño más de los que obtuvo en 2012 y bastantes votos menos. El edificio se mantiene en pie, pero sus vigas están carcomidas y sus cimientos se hunden en el pantanoso terreno de la corrupción no aclarada ni castigada. El malvado Dr. No lo tiene Dª Susana en su propia casa y le susurra: “No va más”.

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