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TRIBUNA

Ocurrencias para el 24 de mayo

lunes 18 de mayo de 2015, 20:00h
Según el curso tomado por la campaña electoral, el 24 de Mayo será el día en que se premiará al mejor de una competición sobre ocurrencias políticas. Las ganas de conseguir poder han dado mucho de sí para mostrar de lo que se es capaz para recabar los votos. Algunos candidatos creen que la gente de la calle es tonta, y se equivocan. Al final ganará el que menos idiota o hipócrita parezca después de exponer sus estrambóticas ideas. El espectáculo del oportunismo y la desfachatez ha sido desolador.
El 24 de Mayo dejaremos de asistir al circo de la memez con políticos que parecen haber dejado de pisar el suelo, flotando en un aura de inconsistencia mental alentada por correligionarios envueltos en la misma burbuja de la conveniencia ideológica que viven al margen de la realidad del pueblo que los contempla estupefactos y con cierta gana de revancha. En España no hay imaginación en la gestión política, sino atrevimiento inmerso en el cinismo como en la ignorancia. Actitudes así, tan mantenidas e importando poco disimularlas, no pasan inadvertidas y menos en vísperas de elecciones.
La frontera entre la imaginación y la ocurrencia es ínfima cuando nuestros políticos pergeñan todo tipo de estrategias para ganarse la confianza del potencial electorado. Lejos de reforzar la confianza en sus intenciones no parece costarles nada arriesgar la imagen pública una vez perdido el norte del básico sentido común. Será porque las capacidades de los adversarios están también bajo mínimos y la competitividad por la decencia es nula. No hay español que pueda sentirse orgulloso de cuantos ahora, receptivos y complacientes, requieren un voto inmerecido.
A falta de inteligencia y pragmatismo se ha optado por brindar espectaculares golpes de efecto que solo concitan la atención que pretenden para avergonzarnos del esperpéntico circo de las ofertas electorales, muchas tan burdas como impracticables. Mal deber al que se nos aboca el 24 de Mayo con semejantes aspirantes a este engaño colectivo en que han convertido nuestro devenir sociopolítico. Muestra de parca inteligencia e ilimitada capacidad para la destructiva y reiterativa ocurrencia nos llegó con Zapatero y las consecuencias todavía se padecen. No hemos aprendido de las nefastas secuelas y el expresidente parece que ha creado escuela. Algo de culpa tendrá haber premiado tanto mal con un puesto en el Consejo de Estado.
No existe ingenio en nuestros políticos, sino chapuza improvisada por parte de gente que aparenta inteligencia hasta que abre la boca, desbarra y nos replanteamos hasta qué punto engaña la apariencia. La capacidad de ver más allá de la percepción normalizada de la realidad es una virtud; la evolución depende de la fantasía, del rasgo talentoso de la audacia imaginativa para convertir en realidad efectiva las ideas. Pero la ocurrencia sin imaginación de la política española es un desvarío, ejercida la inspiración de lo absurdo con una ligereza de miras que da vergüenza ajena asistir impertérritos a las exposiciones programáticas de los candidatos. Impávida la ciudadanía, porque lo peor es que a base de sufrir las ambiciosas incongruencias de los muchos pretendientes al poder, hemos perdido la capacidad de sorprendernos incluso para protestar sobre la degeneración de la clase política: la nueva y la tradicional.
El ridículo ajeno, la estupefacción al comprobar hasta dónde llega la avidez rayana en la estulticia para conseguir convencer al votante durante la campaña electoral, es solo un rasgo significativo de la incapacidad gestora cuando los ocurrentes llegan a conseguir poder para llevar a cabo sus ingeniosas tomaduras de pelo. Si así se manifiestan antes de poseer influencia para hacer y deshacer, ¿de qué no serían capaces si gobernaran?
Ante el riesgo que suponen nuevos actores en el panorama político que cuanto más hablan más recelos inspiran, el voto útil es apremiante y necesario. El 24 de Mayo no serán pocos los que depositen el voto con una pinza en la nariz, en tanto otros confiados tendrán curiosidad por saber cómo se vive en un vertedero creyendo que los llevan a un vergel; es lo que conlleva tener fe en las ocurrencias.
Por lo que a mí me concierne, prefiero votar con náusea. Dispongo de los sobres preparados y bien cerrados para evitar los efluvios hasta que los deposite en la urna el 24 de Mayo; más le valdrá a Rajoy ventilarlos de cara a las Generales.
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