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TRIBUNA

Última oportunidad sin Rajoy

lunes 25 de mayo de 2015, 20:35h
En España ser honrado o una persona de valores es una condición de manifiesta inferioridad ante la tropa de sinvergüenzas que, aun sin estar al margen de la ley, son de moral mezquina, aprovechada, oportunista, buscando propios intereses a base de parasitar, vivir del cuento y encima con reconocimiento. Este país alimenta pandillas rastreras que se aglutinan en grupúsculos sectarios donde trincar mejor y bajo la protección de semejantes con rentas vitalicias sacadas del esfuerzo ajeno. El resto es morralla. Así pues, no debería extrañar el vuelco electoral con votantes engañados que aspiran a alcanzar un paraíso anticapitalista, proclamado por parásitos de tan baja ralea que aprovecharon el descontento popular para auparse al poder. Aquí de justicia social no hay nada, solo la busca del relevo para parasitar con otras siglas políticas posicionadas en los municipios y autonomías. Los países empobrecidos del espectro socialista son el mejor espejo donde reflejar nuestras fealdades socio-políticas recabadas por sufragio universal estos pasados comicios. Rajoy sostiene ese espejo.

El español honrado posee el derecho a estar indignado, pero no a hacer el imbécil apostando por la desintegración institucional y económica.

No tardará en verse el plumero de la arribista Ada Colau, la pura cara del cinismo que no disfraza la intención totalitarista tras el "run run " populista, dispuesta a arramplar con las arcas de Barcelona y servir en bandeja el independentismo. El descontento votó a la aprovechada antisistema, no la inteligencia ni la responsabilidad. En el centro la elección de Carmena augura radicalismo e intransigencia capaz de convulsionar Madrid si el PSOE apoya a la candidata . Esta sería una alcaldesa revanchista, nunca dejó de serlo, e intolerantemente reformista. Se han colado dos elementos que no perderán la oportunidad de organizar drásticos cambios que podrían desembocar en desastres de difícil reparación. Las dos provienen del frente popular originado en un Podemos, enraizado en la intransigente exaltación marxista leninista, del que ha crecido un árbol de frutos envenenados para nuestras convivencias.

Ahora la estrategia podemita consistirá en pasar inadvertidos, a pocos meses de las Generales, en no mostrar las cartas con un PSOE en declive, observado por sus potenciales electores esperando a que juegue bazas determinantes que hasta ahora no se han podido siquiera sugerir. Cualquier movimiento en falso en las alianzas puede suponer un coste en los comicios para el gobierno de España. Lo cierto es que ni Podemos ni las franquicias del partido populista, habrían tenido la mínima oportunidad de no haberse aglutinado la dispersa radicalidad izquierdista. Es más que previsible que a ese frentepopulismo del siglo XXI se una Pedro Sánchez dentro de seis meses, sin ambages ni disimulo. Ya sabemos lo que siempre han traído los falaces cien años de honradez...

Por su parte y en solitario, irrumpe Ciudadanos del que solo se conocen las intenciones constructivas no así las ideológicas. Tampoco será conveniente que enseñe las cartas erróneas en las alianzas si quiere ampliar sus posibilidades para las próximas elecciones. Las espadas están en alto pero ya asoma el afilado filo de la radicalización. Eso no es bueno, seguro que no, y Rivera puede ser un lenitivo para tanto perjuicio podemita a poco que el Partido Popular haga enmienda y contente a un electorado que no cree en los compromisos de Mariano Rajoy. El Partido Popular ha perdido dos millones y medio de votos y no hay excusa defendible para justificar un desastre descomunal; ninguna.

Este pasado 24 de Mayo es un punto de inflexión plagado de incertidumbre. Aquí nadie se libra de culpa. De las futuras debacles todos son responsables. Las quejas del pueblo eran ignoradas por los apoltronados pero éste eligió un peor sino. No merecían confianza los bien posicionados que acumulan las ganancias al mes explotando a los que no cobran con dignidad por un ingente trabajo realizado. Se situaban vanidosos para recibir los méritos, se halagaban entre ellos, vivían felices con esa vaga conciencia que no les obligaba ni un ápice a examinar el oportunismo del que vivían sin ninguna vergüenza, y dormían tranquilos porque pertenecían a una especie de gentualla que se aprovechaba de los buenos de la sociedad para vivir cómodamente ellos, sin aportar nada que no fuera puro desagradecimiento y chulería con un sin fin de obligaciones impositivas. Hipócritas.

La fábula de la hormiga y la cigarra se repetía exasperantemente, pero siempre con moraleja feliz para la segunda. Los ciudadanos los olían y no se sacudían el hedor del favoritismo político. Por eso decidieron sacrificarnos a todos, lanzarse al cenagal y ser inmundicia en vez de padecerla. Bregar en pestilencia siempre conlleva alivio reconfortante e igualitario si todos se revuelcan en la misma porqueriza. España ha elegido el 24 de Mayo con quién retozar sus futuras carencias presumiendo de democracia ante las urnas.

La evidencia del cansancio era consistente. La gente vivía harta y desesperanzada. Eran otros los que siempre pagaban sus facturas aprovechándose de los que no pueden sufragar los gastos. Y encima había que ser agradecidos en tanto se zancadilleaba rastreramente, cómodamente posicionados los mediocres por el enchufe familiar, político, sectario o por beneficiarse en la cama lo que eran incapaces de ganarse con el talento. Existía más decoro y decencia en quien vendía su cuerpo por necesidad que en quienes treparon profesionalmente tras revolcones silenciados. Tramposos y desaprensivos respetables.... ellos son los culpables de que la gente desesperada haya acudido a los clavos ardiendo del populismo. Protesta, protesta, protesta. Todo nos vale para mostrar indignación. Pero no nos confundamos, quien más quien menos ha cometido crasos errores. Votar el populismo que ha destrozado Venezuela era una opción. Total, no había nada que perder y sí ganar la satisfacción de que esos engendros abusadores que se agrupan en sectores mantenidamente elitistas mordieran el polvo... Hasta sonaba bien. Los últimos serán los primeros... y aquí nos las den a todos.

Protesta. Así el bajo pueblo se ha columpiado al gobierno municipal y autonómico, ganando ventajistas con ganas de chupar del bote. Lo exprimirán. Nos espera una era de corrupción exprés con muertos de hambre ávidos de banquetes pantagruélicos, ocupando los despachos de las decisiones. Previsible en aras de la decadencia más vergonzante de nuestro devenir democrático. A tenor de las consecuencias de estos ocurrentes resentidos, de seguir así caeremos en crisis y de peor cariz que la zapaterista, justificada además por una ideología extremista capaz de socavar definitivamente el equilibrio institucional y económico. Definitivamente.

La desgana estaba cantada y se desafinó hacia el himno radical. La desgana, la desmotivación de ver tanta hipocresía colorista pidiendo un voto es lo que prevalece después de la contienda electoral. Los indecisos ignoraban qué votar porque las candidaturas eran muchas y poco fiables. Lo sorpresivo es saber cuánto enajenado aspira a los mismos horizontes de Venezuela. No será que no se ha avisado de estos riesgos que se han refrendado ya oficialmente.

El sufrido e ignorante pueblo no dio oportunidades a los que tuvieron en su mano una mayoría absoluta para gobernar con mínima decencia. Los oportunistas celebran su victoria y descreídos estamos esperando dignidad de quienes ya han demostrado, con vastedad, no poseerla. En estas elecciones no había alternativa de escapar ante el hastío, solo aprender la lección del arma política con que nos ajusticiará este verdugo inmisericorde que es el conjunto de nuestros impresentables políticos.

El responsable oculto del descalabro del Partido Popular es el infiltrado radical Arriola. El visible es gallego y pasea plácidamente sus barbas mientras trasquila el país que ha gobernado a espaldas del electorado que le otorgó mayoría absoluta para regalarla tres años después, con ufana necedad, al extremismo. Orgulloso puede sentirse el cumplidor Rajoy.

Urge un congreso extraordinario, no sea que los derechos que reclama Mariano Rajoy para presentarse como candidato acaben por entregar España entera a la derrota de la democracia.
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