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DESDE ULTRAMAR

El 24-M desde ultramar

martes 26 de mayo de 2015, 21:50h
¿Cómo vemos las elecciones españolas allende el océano? Ha causado sensación entre grupos proclives fuera de España, el avance de la izquierda que preconiza Podemos. Que España gira a la izquierda, era el titular más repetido esta mañana de lunes por la prensa mexicana, radial y en los diarios. Fuera o no de izquierdas. Parecía la mera verdad, pero yo no iría tan rápido a juzgar por las cifras difundidas. Eso sí, España era noticia esta mañana de lunes.

No dudo ni tantito que desde el domingo por la tarde-noche mexicana, al irse sabiendo los primeros resultados, más de un despistado haya echado las campanas al vuelo ante la aparición de Podemos –las campanas de casa, no las de la iglesia, que cada quien, ya se sabe–. Porque, figúrese usted, los partidos emergentes españoles que se comerán el mundo a puños han irrumpido, dicen y van a por todas, afirman, emulando como lo expresan en la Península. Yo solo atisbo el horizonte y refrendo que no es tan así. Adelanto algo: Podemos ha entrado, pero no irrumpido. Que no es lo mismo.

Porque no hay que ir tan rápido. Tras la polvareda espesa y atosigante levantada por las elecciones autonómicas españolas, desde ultramar se impone la obligada reflexión porque España nos importa. De no reflexionar, los apasionamientos y cierta posible desmesura discursiva podrían atraparnos. Es necesario evitarlo.

Al revisar los distintos comunicados de prensa, destacaban dos cosas: uno, el constante “pero”: “Gana la izquierda, pero…”, “la derecha pierde, pero…”, “Podemos gana, pero…”, “Ciudadanos podría, pero…”; muchos peros que suenan a “pegas”, a pretextos o impedimentos legales, políticos o reales para que el panorama electoral español resultante del 24 de mayo, no sea claro. Quizá sea debido a que el sistema de pactos embrolla las cosas, las condiciona, o al menos así es en esta ocasión. Quizá sea simplemente por la tendencia que define la redacción de cada cual al describir el suceso que nos ocupa.

Lo segundo que llamaba mi atención era insistir en que se acabó el bipartidismo. Pero… veo un largo trecho a recorrer antes de que Podemos o Ciudadanos logren desmantelar cuanto no les gusta. Voy más. Yo no soy tan optimista de lo vendrá para los españoles, de seguir como va la cosa. ¿A qué me refiero? hace tiempo que pienso que habría sido mejor un tripartidismo con un partido de centro, más incluyente, menos extremista, más puntual, porque si lo miramos con detenimiento, lo obtenido esta vez en las urnas, no ha resuelto de mejor forma la realidad española, como no sea yéndose a los extremos. Y los extremos están chocando encubiertos en que demuelen el bipartidismo y amagando desde antes, con que no pactarán con los de siempre, PSOE y PP.

Hay que ser cautos. Desde afuera, sigo viendo el mapa de España en blanco y negro, sin intermediarios ni matices, sin moderados que sean sagaces, audaces y negociadores. Veo un todo o nada que no conviene a ninguna democracia. Ya se verá en las siguientes semanas y a tomar aire, que vienen las generales de otoño. O como luego se dice: “y agárrate fuerte Catalina, que vamos galopar”.

Afuera de España nos resultan un poco embrollados los resultados con tanto pacto, pero se lo digo porque entonces resulta que no hubo contundencia en tales números; y no como quisieran hacerlo pasar los simpatizantes de las nuevas fuerzas políticas. Podemos, para más señas. Verbigracia: cuando vi cómo le fue en Valencia, donde apenas pintó frente a Compromís; cuando leo que tal o cual organización gana y es afín o apoyada por Podemos, va vislumbrándose que no hay toda la fuerza que decía tener y que posiblemente no tenga más, como que requirió coligarse, y estoy cierto que no llegará más apoyo en tanto no se vean sus primeros ejercicios de gobierno. Porque hasta ahora todo ha sido discurso y está muy bien. Pero no basta. Hay que ver resultados en ellos y en todas las fuerzas afines o cercanas a ellos. Ya veremos qué tal. Los españoles quieren pasar de la esperanza a los resultados. Y pronto.

Me ha extrañado sobremanera el discurso de Pablo Iglesias en la plaza del Reina Sofía de Madrid –¿lo oyó usted?– aludiendo a sus abuelos, sentenciando que Madrid demuestra ser tal sin doblegarlo y recobra la dignidad, solo cuando vota Podemos. Ese discurso excluyente lo tenemos bien oído en México y muchos lo repudiamos. Por eso muchos lo detectamos rápido al verlo. Veamos:¿solo ellos tienen ese mérito de mover a Madrid? Madrid es muchísimo más, mucho más abierto e incluyente, que no por nada lo nombró el poeta como “rompeolas de las Españas”. Me ha dado mucha grima oírlo. Madrid en democracia no pregunta origen ni tendencia política, como debe ser. Por ser la capital de todos. Mas Iglesias no tiene los números en urnas para pintarlo como óptimo solo para “los que podemos”. Tierno Galván se habría muerto de nuevo al oírlo. Créamelo. Mi aprecio por Madrid me recuerda que no está para que lo encorsete nadie a capricho. Ni antes ni ahora ni mañana. Bien se dice Madrí es mucho Madrí.

De carrerita, enlisto algunas ideas más: qué positivo es que cambien de partidos tras veinte años al frente en algún cargo. Alternancia y movilidad siempre serán bienvenidas. Que a los políticos como a los pañales, hay que cambiarlos seguido. Que se ampliará el espectro de partidos y eso será positivo, también. Ni el PSOE se acaba en Andalucía ni el PNV se ha ido, como se han hecho presentes los partidos regionalistas que han corrido con mejor suerte incluso, que Podemos. Que el mandato de las urnas no está tan claro: ¿llama a pactar porque no hubo mayoría esperada? Tal vez. Clama por la sensatez y la capacidad de negociar, que desde luego pasarán después a ver las capacidades de gobernar por el bien los muchos que esperan nuevos resultados. Por ahora se tiene números muy fragmentados. Podemos no es significativo en número y nada garantiza su permanencia o su continuidad. Que entró en todos los parlamentos, va. De eso a que pese en ellos, es otro cantar. ¿Que Podemos mañana avanza, se come a todos y exilia a Felipe VI? pues no. Que será positivo que impulse cambios, de seguro que sí. Y no ha sido tan significativa su presencia. Y conste: que no se olvide de que otras fuerzas políticas en otros momentos, no retuvieron lo ganado. Desde luego, la III República no se asoma. Pase lo que pase en Madrid, ello golpeará a Ana Botella y por ende, a su consorte. Rosa Díez va desgastada, antes duró. El rostro de la derrota lo aporta Frutos en esa sala vacía de IU. Y sí, en democracia no hay victorias ni derrotas para siempre. Y me quedo con las palabras de Rita Barberá, que para mí trabajó por su ciudad, guste o no: “Los votantes siempre tienen razón”. Pero usted no se quite la armadura, en 15 días le contaré de las elecciones mexicanas. ¿Las españolas le parecieron cardíacas? Pues aquellas serán el clásico máscara contra cabellera. ¿Quién dijo aburrirse?
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