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ESTRENO ABSOLUTO EN ESPAÑA DE LA VERSIÓN TEATRAL D 'EL DISCURSO DEL REY'

Adrián Lastra: "La cercanía de los políticos actuales es artificial, no me la creo"

viernes 29 de mayo de 2015, 12:45h
El actor Adrián Lastra (Primos, Fuga de Cerebros 2, Velvet) será desde este viernes y hasta el próximo 29 de junio el rey Jorge VI sobre las tablas del Teatro Español de Madrid, en la versión teatral de la oscarizada El discurso del Rey, estreno absoluto en nuestro país dirigida por Magüi Mira. Tras haberse documentado sobre el monarca británico, el actor destaca cómo 'Berti' (como le conocía la familia) cambió la forma de relacionarse con los ciudadanos, una cercanía que Lastra percibe "artificial" en los políticos de hoy en día.

  • Foto: Juan Pablo Tejedor


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  • Foto: Juan Pablo Tejedor


  • Foto: Juan Pablo Tejedor


Suele contar Adrián Lastra que fue la primera edición del ahora longevo 'talent show' Operación Triunfo la que le abrió los ojos. Quería ser cantante, bailarín, intérprete... El mundo del espectáculo se le metió en las entrañas. No alcanzaba entonces la mayoría de edad. Ahora, con 31 años, está saboreando un momento dulce; frenético y dulce. El madrileño se encuentra en pleno rodaje de la tercera temporada de Velvet, una de las series de mayor éxito de los últimos años de la ficción española y en la que su personaje ha ido ganando en protagonismo y, sobre todo, en fans entre los espectadores. Sin desvincularse nunca del teatro musical que le abrió las puertas a la profesión (Hoy no me puedo levantar, Más de 100 mentiras, Los 40) y con una aún incipiente carrera cinematográfica (Primos, Fuga de cerebro 2) que le ha valido una nominación a los Goya, Lastra se enfrenta a su primer montaje teatral. Y no es cualquier cosa.

Se trata del estreno absoluto en España de la adaptación teatral de la oscarizada El discurso del Rey, que llega este viernes y hasta el próximo 28 de junio a las tablas del Teatro Español de la mano de la incombustibe Magüi Mira. Sobre el texto del guionista de la película, David Seidler, la directora realiza una versión personal y minimalista de la obra, en la que Lastra interpreta al rey Jorge VI y comparte escenario con Eduardo Álvarez, en el papel del logopeda Lionel Logue que ayuda al monarca a vencer su problema de tartamudez; con Ana Villa, como su esposa, la reina Isabel; Gabriel Garbisu (David), Lola Marceli (Wallis) y Ángel Savín (Winston Churchill).


¿Qué ha sido lo más difícil de meterte en la piel de Jorge VI?

Sobre todo trabajar la inteligencia que tiene Berti. Históricamente hay muchos datos que dicen que era un hombre excepcional. La propuesta era la de hacer un hombre inteligente, pero sin tener un texto en el que sea evidente esa inteligencia. Eso ha sido lo más difícil porque se tenía que ver la inteligencia simplemente con el estar, con la presencia. Y luego estaba el status social y la forma y a expresión corporal. Yo sólo me parezco a Jorge VI en la cara, pero en lo demás, absolutamente nada.
Aunque sé que lo más obvio para la gente, lo que tienen ganas de ver y escuchar, es la tartamudez. Trabajando la tartamudez en ficción es muy fácil irte a la comedia. La mayoría de los personajes tartamudos que ha habido en ficción ha sido en clave de comedia. O te vas a Alguien voló sobre el nido del cuco y a El discurso del Rey, o te quedan los chistes de Arévalo. La tartamudez que he trabajado no es la típica que se ha visto, sobre todo porque lo de Berti no es un problema fonológico, sino psicológico.

Aunque al público le pueda llamar la atención en primera instancia tu interpretación de la tartamudez, la historia de El discurso del Rey va más allá de ese detalle…
Es una historia, sobre todo, de valentía. Por suerte o por desgracia, según en qué casos, tú no eliges la familia en la que naces. A Jorge VI le tocó ser rey, él no eligió nada. Su hermano abdicó y decidió tomar otro camino, pero lo que tiene este personaje es la valentía de detectar el problema y superarlo, con la presión de ponerse a hacerlo justo antes de tener que tener que declarar una guerra.

¿Expresa él una cara menos amable o ventajosa de pertenecer a la realeza?
Está claro que es el patito feo. Nació con las piernas arqueadas y le obligaron a llevar unos hierros día y noche para corregirlas; nació zurdo y le obligaron a utilizar la derecha; tuvo problemas gástricos durante toda su vida y le obligaron a fumar hasta que murió de cáncer… Sí que se ve es parte complicada de cuando te imponen una obligación, cuando no tienes opción de negarte.
"Yo tenía problemas en el habla, no relacionados con la tartamudez, pero sí con mi nerviosismo, con mi hiperactividad"

¿Qué obstáculos has tenido que superar tú en tu carrera profesional para llegar a dónde estás hoy?

Pues curiosamente, también el habla. Yo tenía problemas en el habla, no relacionados con la tartamudez, pero sí con mi nerviosismo, con mi hiperactividad. Yo quería hablar encima del escenario a la vez que pienso, al mismo ritmo, y es imposible. David Serrano o Daniel Sánchez Arévalo me decían: “Adri, tío, cálmate”. Mi energía es gigante y va para todos los lados. El consejo que me daban era que fuera concreto, que me marcara un objetivo y fuera a por él, a matar, sin pasar por rotondas, directo. Eso me ayuda.

Después de examinar la figura del rey Jorge VI, ¿crees que hay diferencias entre las cualidades que se buscaban en los líderes del siglo pasado y las que se exigen a los de ahora?
Bueno, yo soy bastante poco político, pero sí creo que tanto Jorge VI como la Reina Isabel cambiaron la forma de llegar a la gente. Ella se metía en las casas a ayudar a las personas, a sentirlas. El objetivo hoy creo que también es ser cercano, pero la cercanía de los políticos actuales es un tanto artificial, no me la creo. Dicen que los políticos también son, de algún modo, actores. Y yo digo que, entonces, estudien interpretación porque me están intentando vender una verdad que ni ellos se creen.

La referencia inevitable de la película, ¿será positiva o negativa a la hora de que el público se acerque a la obra de teatro?
Está claro que se ha generado una expectación por saber si vamos a hacer algo igual o disintto de la película. Pero no solo tenemos la película como referencia, porque estamos haciendo la versión teatral escrita por el propio creador de El discurso del Rey, el guionista David Seidler. Creo que la mayor inquietud del público puede ser la de ver desde qué punto de vista vamos a contar la historia. Y hay que aclarar que no lo hacemos desde una perspectiva completamente británica; el público se dormiría. Los grandes silencios que se trabajan en la película y que allí funcionaban no valen para el teatro, no son los mismos códigos.

Si la obra habla de valentía, la dirección también tiene que ser valiente

Creo que, además, la dirección de Magüi Mira ha seguido una línea muy personal, distinta…
Desde luego. No salimos del escenario en toda la obra y apenas hay cambios de vestuario, que pasa a ser un elemento muy simbólico. Aunque la puedo cagar, me atrevo a decir que es bastante shakesperiano, en el sentido de que trabajamos al desnudo. No hay escenografía, no tenemos detrás la Abadía de Westminster, sino que trabajamos con seis sillas, un trono y tres pantallas. Y con eso contamos una historia que pasa en diez años, sin bajar el telón ni narrar las acotaciones. Trabajamos desde la gimnasia emocional: puedes tener al finalizar una escena el mayor llanto de tu vida que, en un ‘clic’, estás en otro sitio, en otro espacio y otro tiempo. Igual han pasado cuatro años en dos segundos. Es una apuesta muy atrevida, hay mucho baile y tanto el vestuario como el atrezzo son reducidos y simbólicos, identificativos de los personajes. ¿Es un riesgo? Mucho. Muchísimo. Pero si la obra habla de valentía, la dirección también tiene que ser valiente.

La película de Tom Hooper tuvo un presupuesto de 8 millones de libras esterlinas y recaudó cerca de 400 millones de dólares en todo el mundo. Cifras radicalmente alejadas del teatro en general y de España en particular…
Hoy por hoy no se están haciendo producciones teatrales de costes altos porque tenemos un amigo que se llama IVA y nos jode bastante. La producción de un espectáculo de teatro musical sí puede ser de hasta cinco millones de euros aproximadamente, pero meter esa cantidad de dinero en un teatro es, hoy por hoy, una locura. No sé cuanto se puede ganar con una obra de teatro pero, desde luego, rico no te haces. Tampoco en cine, a no ser que logres lo que el capullo de Dani Rovira.
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