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LA REFORMA DE LA LEY ELECTORAL A TIEMPO HABRÍA EVITADO EL CIRCO ACTUAL

miércoles 03 de junio de 2015, 13:49h
Resulta que sobre lo que ha votado el pueblo soberano se impone la decisión de los líderes...

Resulta que sobre lo que ha votado el pueblo soberano se impone la decisión de los líderes políticos metidos de lleno en el chalaneo y los cambalaches. Mariano Rajoy disponía de una mayoría absoluta que le hubiera permitido eludir la escombrera. Prefirió no hacer nada. Una ley electoral como la francesa, en la que el que gana en las elecciones municipales o regionales es el que gobierna, resulta fácilmente exportable a España. También se podría haber concordado que los dos partidos con más votos en las elecciones autonómicas y municipales pasaran a una segunda vuelta. La fórmula tenía riesgos para el PSOE pero también y muy razonados para el PP. Rajoy pensó que los ciudadanos recapacitarían y ahuyentarían a los partidos emergentes y se ha encontrado con que no. El pueblo español, harto de la corrupción, de la altivez, de la soberbia, del desdén, del no hacer nada de muchos dirigentes del PP, ha dejado al presidente del Gobierno sin una sola de las mayorías absolutas obtenidas en las elecciones de 2011, en las que se votó contra Zapatero y con la esperanza puesta en modificar la tenebrosa situación legada por el presidente socialista.

Mariano Rajoy no ha sabido aprovechar la ventaja sustancial que suponía la mayoría absoluta y ni siquiera se atrevió a emprender la reforma de la ley electoral, cuando los partidos minoritarios emergentes llamaban a la puerta con alta probabilidad de conseguir concejales y diputados. Todavía el PP puede tomar medidas que recompongan el cuadro electoral ahora fracturado. Veremos lo que hace Mariano Rajoy, para elogiarle si acierta, criticarle si se equivoca, denunciarle si abusa. Las espadas están en alto y las navajas cachicuernas centellean por los bajos de la política. Nadie sabe en qué quedará el actual aquelarre que se ha hecho patente por la debilidad de algunos políticos y su indeclinable tendencia a no hacer nada.