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NUEVA VERSIÓN DE LA NOVELA DE THOMAS HARDY

Lejos del mundanal ruido: encorsetados amores de época

viernes 12 de junio de 2015, 12:49h
Lejos del mundanal ruido: encorsetados amores de época
Llega a las salas una nueva adaptación de la novela de Thomas Hardy Lejos del mundanal ruido (1874), esta vez de la mano del cineasta danés Thomas Vinterberg, con Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts y Tom Sturridge.

Título: Lejos del mundanal ruido

Año: 2015

Duración: 119 min.

País: Reino Unido

Género: Romance | Drama |Época

Director: Thomas Vinterberg

Guión: David Nicholls (Novela: Thomas Hardy)

Música: Craig Armstrong

Fotografía: Charlotte Bruus Christensen

Reparto: Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen, Tom Sturridge

Sinopsis: Bathsheba Everdene es una mujer independiente que, a finales del siglo XIX y dentro de la puritana sociedad victoriana de la época, es dueña de la mayor granja de la comarca. Su mayor problema consiste en elegir entre uno de los tres hombres que la pretenden: un noble pastor, un cuarentón soltero y rico y un impulsivo y atractivo sargento.

Es complicado extraer una crítica constructiva de algo tan pulcro, tan perfectamente armónico y perfilado que roza la decepción. La nueva adaptación cinematográfica de la celebérrima novela de Thomas Hardy Lejos del mundanal ruido (1874) deja, a la postre, un ‘ni frío ni calor’ con, eso sí, regusto agradable. Una cinta que viste el corsé de la época que retrata: perfecta y rígida.

Esta vez es el cineasta danés Thomas Vinterberg el encargado de contarnos a Bathsheba Everdene, la joven, bella, fuerte y anacrónicamente independiente protagonista de la novela de Hardy, considerada la madre del feminismo literario. Después de haber volcado su genialidad más íntima, underground y contestataria en cintas como La caza o Querida Wendy, el co-fundador del movimiento Dogma 95 es el primero en calzarse el corsé. Y lo hace con agrado, según él mismo ha confesado: "Durante toda mi carrera siempre he sido yo, yo y yo, pero en una película de estudio como Lejos del mundanal ruido hay un guión y unos ejecutivos, así que como director ya no eres el rey, sino un miembro de una junta. Me gustó esa sensación de comunidad”. Vinterberg se doma a sí mismo con una película que sigue al dedillo la fórmula clásica del romance de época para obtener un resultado correcto, entretenido y poco novedoso.

El hándicap de llevar al cine una historia del papel que ya se ha visto anteriormente en la gran pantalla –no una, sino hasta en tres ocasiones anteriores, en 1915, 1967 y 1998- es el grado de exigencia del espectador. Claro está que la historia de lucha contra las convenciones sociales (de género, de clase) y el análisis sobre la naturaleza humana (en constante duelo entre lo racional y lo pasional) que Lejos del mundanal ruido engasta en la trama amorosa de Bathsheba Everdene con tres hombres es oro cinematográfico. Pero una cuarta versión para cine, sobre todo después de la ya mítica de finales de los sesenta dirigida por John Schlesinger, necesita un plus. Vinterberg juega, en este sentido, con dos aspectos fundamentales: la fotografía, que sabe explotar las localizaciones para retratar el sosiego de la campiña inglesa de la época evocada en el título de la cinta; y las interpretaciones, a cada cual más brillante y creíble, apoyadas en –aquí sí-, algunos gratos matices con respecto a los personajes de Schlesinger. Tanto la señorita Everdene como sus tres pretendientes son más reales y reflejan las contradicciones propias del ser humano.

A pesar de que se echa en falta una presentación más pausada de los personajes, que dé al espectador más información acerca de quiénes son antes de meterse en harina, prima la defensa que hacen de ellos unos actores entregados. Carey Mulligan suma a la independencia definitoria de la Everdene del papel un punto muy agradable de picardía y naturalidad. Michael Sheen se adapta a los tics de un cuarentón rico y soltero a finales del siglo XIX, soberbio a ratos, apocado en el fondo, y Tom Sturridge, algo menos afortunado, interpreta al sargento pasional y mujeriego. Por último, Matthias Schoenaerts, el noble pastor, aguanta el tirón de ser el de-bueno-es-tonto de la película con dignidad, componiendo un personaje al que se termina queriendo y manteniendo con Mulligan una tensión sentimental, e incluso decorosamente sexual, que termina siendo la almendra de la cinta.

Y es que Vinterberg dispone la historia en un esquema comercial en el que el componente social e histórico cede por completo el protagonismo a la historia de amor. Claro que esta nueva Lejos del mundanal ruido permite lecturas analíticas sobre la sociedad de la época, pero su dermis es el amor y, ahí, el cineasta hace una buena partida.
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