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DE NADAV LAPID

La profesora de parvulario, exigente reflexión sobre los límites éticos de la genialidad artística

viernes 26 de junio de 2015, 01:00h
La profesora de parvulario, exigente reflexión sobre los límites éticos de la genialidad artística
Este viernes se estrena en España el segundo largo del realizador israelí Nadav Lapid.
En este mundo no hay lugar para los poetas. Taxativo, el cineasta israelí Nadav Lapid focaliza en La profesora de parvulario sobre un mundo, como el nuestro, en el que la sensibilidad y la palabra se ven arrinconadas en lo residual. A partir de ahí, con maestría indiscutible, propone al espectador cuestionarse si hay límites a la hora de blandir la espada de salvador de la creatividad y guardián del arte. Lo hace a través de un niño de cinco de años (Avi Shnaidman), virtuoso de la poesía a pesar de su corta edad, y su profesora de guardería, una mujer que se propone sacar al pequeño de un ambiente hostil hacia su faceta artística para evitar que la Humanidad se pierda sus prodigiosos versos.

Sobre un argumento sencillo, Lapid construye una cinta exigente con el espectador, de gran belleza, precisión e intencionalidad en sus planos –que a menudo convierten a la cámara en protagonista-, pero extremadamente pausada y hermética, que precisa de un espectador paciente y entregado al detalle.

Tras debutar con Policía en Israel, el cineasta pone encima de la mesa los límites éticos de la creación artística y si el potencial de un niño ha de explotarse por encima de sus necesidades y derechos como niño.

Aunque el ritmo pesa en algunos puntos de la cinta, resulta interesante la contraposición de la languidez dominante con una tensión soterrada, un contraste entre la luminosidad de los niños de la escuela y la tensión oscura y perturbadora, con un componente de tensión sexual, que sobrevuela la cinta sin llegar a desatarse. Por otro lado, la quietud se interrumpe de manera más obvia en tres pasajes de la película, en los que los instintos humanos de la sociedad actual –el consumo, la diversión como religión y la masa- contrastan con las sensibilidades minoritarias y, a menudo, incomprendidas.

Es el personaje de Nira (Sarit Larry), la profesora, el que mueve la cinta con sus deseos, sus inquietudes, sus decisiones –a menudo reprochables e irracionales-, y el espectador la acompaña en un viaje que va de la frustración al descubrimiento y la radicalización.

La profesora de parvulario es una cinta exquisita en realización e interesante en planteamiento, aunque severa en su visionado.
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