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TRIBUNA

SS.MM. los Reyes de España en México

jueves 02 de julio de 2015, 19:50h
Ha sido una visita cordialísima y muy cercana. Ansiosamente esperada en los medios locales y cubierta hasta el más mínimo detalle. Don Felipe VI y Doña Letizia han viajado a México efectuando su primera visita de Estado a América empezando por allí, deferencia que no ha pasado inadvertida, tanto porque reconoce la valía y la significación del país americano –en el marco de las relaciones de España con Hispanoamérica y en un contexto iberoamericano– y porque el encuentro implica la reanudación de un capítulo que registra como última visita de Estado del reinado de Juan Carlos I, la de Peña Nieto en Madrid en 2014. Los actuales reyes, Felipe VI y Letizia, así refrendan una estrecha relación de ya casi cinco siglos entre España y México y destacan la magnífica consonancia existente entre ambos países, con amplísimos espacios de colaboración y prometedoras inclusiones en un futuro inmediato.

Visitaron un país que no les es ajeno ni extraño. El Rey lo ha frecuentado antes como Príncipe de Asturias y ya el año próximo pasado vino participando como rey en la Cumbre Iberoamericana de Veracruz. Y en sus mocedades, la Reina vivió en Guadalajara, la segunda ciudad del país, trabajando para medios locales y llevando una vida normal como cualquiera, desde la privilegiada posición de una periodista. Los reyes de España continúan una relación provechosa y afortunada entre las dos orillas del Atlántico, que merece profundizarse y expresarse todavía de mejor manera; van refrendando el camino trazado por sus antecesores, Juan Carlos I y Sofía, quienes al reemprender las relaciones diplomáticas entre ambas naciones rotas al finalizar la Guerra Civil española, en diversos viajes juntos o por separado, siempre reafirmaron los estrechos vínculos que nos unen, que son muchos. Decir como algún titular periodístico expresó, que los reyes de España llegaron a casa, es correcto. No podía ser de otra manera.

La visita ha causado expectación porque los actuales monarcas españoles irradian la vitalidad de una institución que, sabemos bien, está haciendo un esfuerzo mayúsculo para acoplarse a los nuevos tiempos. No es una tarea sencilla, pero fuera de España se observa y pondera el esfuerzo emprendido. Uno que abarca a muchos aspectos y cuyo mejor juez siempre será el pueblo español, desde luego.

Como los lectores de El imparcial saben, desde que se produjeron los sucesos del 2 de junio de 2014, la cobertura del acontecer referido a la Casa Real ha sido contínua en México, de la mano de verificar la evolución política del país. Sin apasionamientos propios del ser, puede decirse que se valora positivamente el cuidado que el rey ha puesto en la forma de conducir la monarquía. Lo he expresado antes: Felipe VI sabe que solo le vale el esfuerzo diario. No tiene opción porque no la hay. A la pareja real se la ve desde México más comprometida y cómoda en su papel actual y con las fuerzas y las ganas de emprender mejor su labor.

Porque la imagen que se suele presentar en México y la que se recibe de la mayoría de los medios peninsulares, es la de un rey que se ha cuidado de no incurrir en excesos, que ha procurado una política institucional de sus actos, con sobriedad en aras de acercar su imagen al pueblo español –y sí, contando con detractores en ambas orillas del Charco– y que va caminando con pies de plomo en el manejo de cada tema que se le presenta. Mesura y cordura de su andadura parecen ser la tónica de su cabalgadura, con un toque de transparencia aún insuficiente, en la medida que suponemos que las leyes españolas lo favorecen.

La visita de los monarcas a México ha contado con prodigarles los más altos honores protocolarios y una agenda común. Sí ha destacado que la reina careciera de una más nutrida agenda paralela en su viaje a México, echando de menos a una reina Letizia más protagónica, quizás pensando en que se salvaban las barreras del idioma para favorecerlo, por ejemplo, y para que desplegara todas sus capacidades y participara más acorde a su investidura, pero ya se sabe, son cosas del protocolo, suponemos, y no otra cosa.

Los reyes llegan México cuando se valora la evolución económica y política española con sus volteretas y sus dimes y diretes propios de una sociedad dinámica, pero sin perder de vista lo importante y significativo.

Y quiero llamar la atención de los lectores: aunque Televisión Española Internacional fue parca cubriendo las actividades de la segunda jornada de la visita real, atendiendo temas europeos que le supusieron mayor interés para España, con una miopía que es de señalarse, lo ocurrido en México no ha sido poca cosa en pro de ella. El ministro de exteriores español, García-Margallo, ha expresado el interés español por comprar gas natural mexicano y pasar a ser intermediaria España con la UE y reducir así, la dependencia de Rusia, como lo han destacado medios rusos. Ya me dirán si no es algo trascendente. Sumemos el acuerdo de certificación de los hablantes del idioma español a emprender entre el Instituto Cervantes, la UNAM y la Universidad de Salamanca, que demuestran un ánimo cooperativo que pasa de las palabras a los hechos y confirma que en la materia no puede haber ni una sola voz ni una sola directriz unilateral y la imposibilidad de que solo exista una. El idioma ha de enseñarse basto y no reducido. El Rey ha reconocido 5300 empresas españolas que suponen ganancias y empleos a españoles avecindados en México, llegados recién en un número tal jamás visto desplazarse a él en cinco centurias previas, y cierran los monarcas inaugurándose la magna exposición “La Monarquía Hispánica en el arte y la cultura” del Museo Nacional de Arte, que la componen piezas provenientes de 20 colecciones privadas nacionales y ocho internacionales, incluidos el Museo del Prado o la Catedral de Sevilla. Un repaso a los esplendores pasados apuntalados en mucho por la riqueza de América. No es cosa menor, tampoco.

Cerraron en Zacatecas, donde se les ha visto muy cómodos y muy contentos. El rey ha expresado que dejan México con sentimiento de pesar, pues reconoció el trato y la afabilidad prodigadas por los anfitriones. El viaje a México ha sido redondo y nos congratulamos de que así haya sido.
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