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ENSAYO

Don Thompson: La supermodelo y la caja de Brillo

domingo 05 de julio de 2015, 14:12h
Don Thompson: La supermodelo y la caja de Brillo

Traducción de Ana Herrera. Ariel. Barcelona, 2015. 367 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 9,99

Por Alfredo Crespo Alcázar

Don Thompson, autor del best seller El tiburón de los 12 millones de dólares, vuelve a desvelar en este ensayo los entresijos de la industria del arte contemporáneo, haciendo un recorrido pormenorizado por lo que podríamos definir como la “cara b” del mundo del arte. Precios desorbitados de las obras y artistas de fama efímera dan buena cuenta de ello, pero hay mucho más.

Por tanto, un libro crítico el que tenemos entre manos, pero que no ha sido escrito con despecho o recurriendo al abuso de los tópicos, sino desde el profundo conocimiento del objeto de estudio. En este sentido, destacan los capítulos sobre los grandes coleccionistas (José Mugrabi o Charles Saatchi) y marchantes (Larry Gagosian), cuya opinión sobre un cuadro o autor determinará su trayectoria profesional para bien o para mal y orientará el mercado en una dirección u otra.

De una manera más general, Thompson se adentra en las razones por las que una persona colecciona obras de arte, que pueden ser diversas, no respondiendo a un patrón único. Aun con ello, sí existen algunas pautas generales, como el lugar de la casa donde coloca la obra adquirida: solo si lo hace en el dormitorio manifiesta verdadero interés en la misma. Por el contrario, ubicarla en el salón tiene como finalidad exclusiva aparentar.

Asimismo, ofrece numerosas anécdotas con las que ilustra sus tesis, sin caer en lo peyorativo o superficial. Esto se observa, por ejemplo, cuando describe el precio al que puede llegar una prenda simplemente por decir, otra cosa es que sea verdad, que perteneció a un famoso.

En íntima relación con esta idea, hallamos el rol que juegan marchantes y coleccionistas a la hora de generar “la historia” (esto es, una suerte de biografía profesional) del artista y de su obra. Al respecto, en la mayoría de las ocasiones, se tiende a construir un mito, para lo cual, queda descartada la prudencia o incluso la veracidad y permitida la exageración. A pesar de las actuaciones de los Comités de Autentificación, la sombra del fraude sobrevuela, incluso, en las colecciones de los museos.

Sin embargo, los elevados costes jurídicos que tiene demostrar que una obra no pertenece a un autor, ha hecho que muchos de los Comités de Autentificación hayan desistido de actuar como tales, como por el ejemplo el creado para salvaguardar la integridad de la producción de Andy Warhol.

Incluso con ello, si existe un paraíso para la opacidad, éste se halla en el mundo de las subastas, en el cual pocas cosas son transparentes. Don Thompson se muestra contundente: Aparte del precio del remate, todo lo demás es opaco” (pág. 203). Por tanto, se deduce que la especulación disfruta de protagonismo en este terreno. Un ejemplo: el 80% de las subastas son organizadas por dos casas (Christie’s y Sotheby’s).

Finalmente, aunque el mundo del arte tiene sus propias reglas y códigos de funcionamiento, no es ajeno a lo que acude en la realidad y ésta tiende a influir en aquél significativamente. Así, la crisis económica desatada en 2008 se dejó sentir notablemente no solo en lo relativo a número de subastas o precio de las obras sino también al generar una suerte de proteccionismo económico en el mercado artístico que tuvo en Rusia y China a sus principales exponentes.

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