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Grecia y el chantaje democratizado

lunes 06 de julio de 2015, 17:19h

Ganar un referéndum con el fin de justificar socialmente la inoperancia de Syriza ha sido el colmo que los griegos no podían permitirse en situación tan delicada. Antes la responsabilidad recaía sobre los extremistas políticos y ahora es compartida por cuantos millones de griegos pretenden con esta reafirmación electoral librarse de los pagos. Poco cargo de conciencia habrá cuando se tomen decisiones en Europa que afecten las cómodas actitudes de rebeldía que el pueblo griego ha votado con aplastante mayoría, entregándose a la incertidumbre del desafío, confiado en que la unión hace la fuerza sin pensar que demasiado peso desfonda los sacos de la avaricia.

A la Unión Europea esas muestras de apoyo colectivo resultan un modo de presión inocuo, por mucho que avale el pueblo griego los modos chulescos que Tsipras y Varoufakis han impuesto en las negociaciones de una deuda cuyo montante es fruto de un despilfarro heleno del que la troika solo es acreedora. El sistema es así, legitimado por el tiempo, y funciona siempre y cuando haya integridad para cumplir las reglas por las que unos y otros se benefician conjuntamente. Grecia no es la víctima sino el miembro tramposo que pretende romper el equilibrio general después de vivir durante años de prestado por los compromisos adquiridos. La demagogia es el único escape que se presenta cuando se ha demostrado no ser de confianza. Tsipras y el oportunismo lo tuvieron fácil en un país de cigarras donde las esforzadas hormigas parecen ser pocas. Asquea pensar que en España desemboquemos en la misma trampa aun con el reflejo de los extraviados griegos y la constatación de los males populistas en Venezuela. A este paso y sin reforma electoral que lo evite...

El chantaje de Grecia en sí es poco pulso para Europa, no así las consecuencias geopolíticas de una disposición ventajista que puede ahondar la crisis mucho más allá de las consecuencias económicas del impago. Los devaneos de Tsipras con Rusia y China y la debilitada dependencia de Estados Unidos incapaz de arbitrar estos hoscos intentos de acuerdos basados en la presión para desestabilizar el conjunto europeo; el riesgo de una Israel más desprotegida son factores suficientemente provocadores como para alargar el intento de estafa griega refrendado en las urnas. Grecia es solo un mal jugador de ventaja, mediocre e incumplidor, pero sabedor de que la supervivencia propia pretende incidir directamente sobre la europea y los temores que genera la incertidumbre mantenida.

Acuerdos económicos incumplidos reiteradamente y la obligación de asumirlos son la elemental esencia de este conflicto sociopolítico que protagoniza Grecia siendo un lastre que no un socio leal en el que confiar. Los griegos han cobrado demasiado protagonismo transformando el ánimo rupturista de la morosidad en una fiesta por la democracia. De igual modo que lo harían los ladrones festejando el éxito de un atraco, o los terroristas convencidos de que el mal que provocan es la justicia que merecen las víctimas; o como los elementos de una secta que ciegamente siguen los designios de un fanático que convence para que entreguen su vida prometiendo una salvación cuando se atrevan a saltar por un precipicio. Si Grecia ha dado un paso conjunto para lanzarse al abismo y espera que otros la salven, como ha sucedido tantos años acostumbrada a vivir parasitando de Europa, no es deseable ni negociable un chantaje popular para imponer condiciones por la fuerza. Se han convertido en fanáticos del victimismo y han escurrido el bulto con la excusa de la justicia social. No hay país al que tomar en serio así, salvo en la forma de evitar que siga dañando al conjunto europeo.

Otra cuestión es si Tsipras se guarda un as en la manga y espera mejores condiciones para jugarlo. Más vale que sepa a lo que se expone porque la paciencia de Angela Merkel se ha agotado y cabe la posibilidad de que sea expulsado de la mesa de juego donde otros sí aspiran a jugar limpio.

A partir de ahora Grecia no puede justificar ser víctima de sus políticos sino de sí misma. Podría también suceder que Europa buscara un plan alternativo para aguardar mejores condiciones y evitar temporalmente el callejón sin salida heleno; entonces Grecia viviría del populismo hasta que las consecuencias de sus decisiones generaran mayores crisis. Por la pasión con la que se han confiado los griegos para presionar a los acreedores, es de temer que con las consecuencias derivadas del chantaje democratizado surja una decepción que genere una conflictividad interna por la que tan ignorante como alegremente se votó el 5 de Julio rechazando las condiciones de salvación. Si Rusia-el as en la manga- no está ni se la espera, Grecia habrá mostrado poca inteligencia y mucha temeridad enfrentándose a un lento proceso de suicidio colectivo.

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