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TRIBUNA

¿Memoria histórica de qué, Carmena?

martes 14 de julio de 2015, 20:02h
Son endiosados cantamañanas dispuestos a sembrar discordia, impulsados por la intolerancia y la paranoia inconfesables de carencias personales que pretenden impedir el progreso de la sociedad madrileña, testigo, que no testiga, estupefacta de un revanchismo incongruente con los tiempos que vivimos... ¿cuarenta años después de convivencia democrática? Zapatero despertó los rencores y convirtió a las minorías extemporáneas del odio injustificado en paulatinas protagonistas de la actual disensión social. Jamás hizo más daño la impunidad en España que la del nefasto expresidente. Tanto mal y nada pagado.

Ahora Madrid no oculta su incapacidad de gestión, siendo inoperante e inútil se empeña en lo innecesario por no saber realizar lo inherente a un eficaz y realista trabajo en la alcaldía. Modificar el callejero no es un mero objetivo de Manuela Carmena para obligar a cumplir una sectaria y arbitraria ley de memoria histórica, es un proceso mucho más complejo basado en la resta de libertades, de pensamiento y elección ideológica, de cuantos no comulgan con las soflamas extremistas. Para estos intransigentes gobernar significa imponer sin considerar a quienes no secundan la estrechez de miras anclada en un pasado prescindible cuyo resurgir solo lo explica el oportunismo y el ventajismo de cuantos juegan suciamente en una sociedad que pretende vivir en paz.

Conviene menos imbecilidad y más trabajo, real, sólido, deseable por los madrileños a los que les importa un rábano las memorias histéricas de turno. Menos pretextos y más voluntad de servicio al ciudadano. Con todo lo que hay que hacer estos negados se entregan a las ocurrencias que nadie necesita.

Solo existen ellos. Un quiste que se reproduce cuando las nuevas generaciones no aprenden de los errores y permiten que regresen los parásitos que pretenden imponer un modo de convivencia que nadie quiere. No son superiores, acaso sí se sienten estrafalariamente así con esa extraña moral que dicta las actuaciones de ciertos seres acometidos de complejos difíciles de tratar. Ni siquiera fueron votados por mayorías sino facilitado el poder debido a una ley electoral injusta que no cuenta con los electores verdaderos, los que votan en mayor número opciones políticas que quedan relegadas por complicidades ideológicas para desbancar una lista más votada.

Los que llegan al Ayuntamiento de Madrid están enquistados con rencores extemporáneos que han sido alimentados en círculos reducidos muy alejados de la realidad social sobre la que pretenden ejercer una presión política ilegítima. Tocar poder es gobernar para todos en una democracia, salvo para los resentidos sin causa que pretenden resarcir sus desencuentros psicológicos arremetiendo contra la salud mental de una sociedad madrileña a la que le importa el presente y la evolución que no el pasado histórico y el estancamiento retrógrado del absurdo revanchismo frente populista.

Una comparsa paranoica que pretende imponer el juicio de la discordia en un Madrid donde se ha convivido en paz durante cuarenta años ganó las elecciones mediante la unificación de intereses sectarios. Los madrileños no queremos política sino sentido común, decencia, normalidad e integridad. A los que adolecen de deficiencia personal, embriagados de sentimientos esgrimidos desde el rencor injustificado, no puede existir mayor oportunidad de desintegración de las convivencias que el totalitarismo impuesto con la excusa de la selección democrática. Así no es difícil barruntar que tras el pretendido cambio del callejero de Madrid, se esconde la disposición de rivalizar con la Historia tomando el testigo acomplejado de la derrota que ya había sido remontada con los pactos de la Transición que pacificaron los ideales antitéticos, desde la extrema izquierda a derecha, buscando una convivencia común.

No tardarán en comprobar los madrileños que en el Ayuntamiento de Madrid gobiernan moscas cojoneras, elementos residuales de los bajos fondos sociopolíticos que arremeten contra el orden establecido por la imposición que inspira la mediocridad mental y moral de dictadorzuelos de nuevo cuño.

Pesada cruz arrastra la democracia que no sabe defenderse de los enemigos de la libertad y facilita, mediante una ley electoral deleznable, que una minoría vergonzante decida durante cuatro años el destino de la mayoría que no la votó. Cuatro años bastan con elementos así para precipitarnos definitivamente hacia el hundimiento en que nos direccionó el impresentable e impune zetapé. Y quedan las Elecciones Generales para saber hasta qué grado libertino la imbecilidad puede llegar a ser tan trascendente como para que gobiernen un país los enemigos de su progreso, por malentender la ciudadanía el concepto de la democracia; porque esta democracia nuestra es tan estúpidamente permisiva como para alimentar las veleidades radicales que pueden acabar con ella.

Por lo pronto ya quieren rescribir una Historia borrando la verdadera. ¿Qué esperar de quienes con tan singulares memorias olvidan a conveniencia? Aquí todo el mundo ha sufrido. Con todos los perjuicios, daños y barbarie que ocasionaron quienes ellos ensalzan más valdría la desmemoria de todos. Ante semejante caradura, enfermedad moral o miseria espiritual no hay lógica que discutir. Son así, desgraciadamente.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    433 | lepasa - 15/07/2015 @ 19:36:22 (GMT+1)
    Se presiente a la FAES cerquita.

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