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DESDE ULTRAMAR

Francisco en Suramérica

viernes 17 de julio de 2015, 18:09h
Ha sido muy celebrado el viaje del Papa a Suramérica. Era un viaje anhelado en donde el Pontífice ha sido aclamado de una manera que ni la vieja Europa prodiga y acaso el mundo entero tampoco, porque a final de cuentas Su Santidad se ha movido como pez en el agua entre sociedades creyentes, practicantes y devotas. Desde luego es bien sabida por expresada, su aversión a las farragosas jornadas burocráticas vaticanas y a la frialdad de los muros de los palacios pontificios.

Sí, habrá quien lo explique pontificando que así ha sido el periplo, pues se trata de países que no pertenecen a ese mundo rico. Y a veces lo expresan como si les agrediera la manifestación devocional. Allá ellos. Sí, pero también habrá quien recuerde con prontitud y gran tino las palabras de Rubén Darío describiendo lo que José Martí llamaba “nuestra América”, a la que el nicaragüense delineó como aquella que “aún reza a Jesucristo y habla en español”. Ni más ni menos. Y yo añadiría: y que hoy tiene en Roma a un papa cercano a ella en su condición, origen e idiosincrasia en la medida de lo posible.

El viaje papal no ha sido solo un baño de multitudes ni tampoco una pasarela nutrida para alimentar insaciables egos vaticanistas. Nada de eso. Ha sido un espacio, un encuentro y un reclamo a las conciencias. No todo son escenarios donde las palabras del Pontífice caen en el vacío ni tampoco van carentes de mover a la reflexión. Hay una Iglesia militante y una feligresía a gusto con un Papa latinoamericano y eso puede mucho. Y más en su propia zona. Conviene no perderlo de vista. América ha sido fiel por siglos a papas lejanos. Nada extrañe que sea una fervorosa obediente y entregada a uno de los suyos.

Cuando Francisco ascendió al solio pontificio escribí aquí mismo, que ya era hora de romper el cero europeo y desde luego, que la Iglesia merecía un pontífice que se expresara en español. A la Iglesia, la América Latina toda puede que aporte más fe que otra cosa. Y puede ser que suene algo extraño hablar de fe a estas alturas. Pero el viaje papal demuestra que eso no sucede por ser iglesias opresoras o solo así definidas. La fe sigue presente y la figura papal pesa.

Sí, una fe manifiesta y sin complejos en las multitudes que le acompañaron por Ecuador, Bolivia y Paraguay, pero que es también la de los pueblos indios que lo abrazaron al hablar guaraní, utilizado por el Pontífice, con su denuncia en Sucre, con el mea culpa por los crímenes y pecados de la Iglesia y otros en la conquista de América, y del Gran Capital; con su postura crítica al abandono de la fe y su recepción de una hoz y un martillo a manera de cruz, que depositó antes de salir del país, junto con la orden que le extendió Evo Morales, para evitar suspicacias mayores. Es un Francisco que, muy cómodo, ha hablado fuerte y en español todo el tiempo y al que ha querido oír quien ha querido, porque algo es verdad, ha dejado satisfecha a la mayoría.

Este Papa no sabemos si trascenderá, si regresará a Roma recargado, pero sí es verdad que es el momento de la América Latina y de la misma España para hacerse oír en la Iglesia Universal, así sea solo con la fe. Y en español, que no está de más reiterarlo. Solo por mencionarlo, no pierda usted de vista que como nunca antes, todos los mandatarios del ancho mundo iberoamericano se han acercado a Francisco. Nos gusta y lo arropamos a través de ellos.

Quizás Francisco solo se lleva la fe, quién lo diría.

Este lunes en un balance del viaje que le oí formular a un experto, advirtió que el romano pontífice se ha abstenido de viajar a la Argentina y en su opinión lo ha hecho por temer que sea utilizado políticamente. Conoce a su grey, aunque para ciertos sectores de la Iglesia sea muy liberal y en su país de origen lo hayan tachado de conservador los gobiernos de izquierdas. No lo dudemos que para ciertos sectores de la Iglesia es demasiado campechano y liberal. A saber.

Para el caso mexicano es ya grosero el cúmulo de invitaciones de Peña Nieto, quien rayando en la impertinencia persiste en extenderlas al Papa. Como le urge una foto con Francisco y aprovecharse de ella para elevar su alicaída popularidad y la de su gobierno envuelto en el descrédito y la corrupción galopantes, no ha hallado ya cómo tirar de su alba y de su fascia para hacerse atender y oír para atraerlo. Francisco parece resistirse de igual manera y yo lo celebro. Después de todo, Peña Nieto podrá necesitar urgente una foto con el Papa, pero el Papa no la requiere con Peña Nieto.

El viaje papal era necesario ya para apaciguar inquietantes sociedades que clamaban fervorosas su presencia. Francisco ya vino y ya se fue. Queda el recuerdo. Las consecuencias aún estarán por verse.
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