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Mal remedio Rajoy, pero necesario

lunes 20 de julio de 2015, 18:56h

Muchos votantes no darían nueva oportunidad a un Mariano Rajoy que ha gobernado a espaldas de sus electores, pero sería un craso error. El descontento justificado de los once millones de votantes que le permitieron ser Presidente puede ser el mejor arma para quienes aguardan con oportunismo sacar rédito populista a la gestión errática del Gobierno.

Las últimas encuestas pronostican el reforzamiento del bipartidismo no sin la influencia satélite de partidos de nuevo cuño, más asentados en la realidad social después de las efervescencias propias de sus sorpresivas apariciones en el panorama político. La alianza PSOE/ Podemos es ya un hecho constatable por lo que se ha convertido en el advenimiento del frente populismo del siglo XXI. La del PP/ Ciudadanos ha de ser el pulso electoral para frenar la influencia de una izquierda dispuesta a dejar patas arriba el país, siguiendo el proceso de desintegración democrática al estilo venezolano. No lo digo yo sino cada alabanza de quienes defienden a Venezuela chavista como país de libertades en la línea de España y Francia. Si esos mismos aspiran a gobernar nuestras vidas, en buena lid y congruencia moral hay que evitarlo.

No es conveniente la escisión frente al oscuro horizonte que se vislumbra por el enfado generalizado del electorado con el Partido Popular. Cualquier brecha de escarmiento ante las urnas, por muy justificadamente que se abra con la aparente indolencia de Rajoy y su nimia capacidad de reacción ante el peligro que se cierne sobre todos, es un riesgo que no se puede asumir con la actual situación sociopolítica de España. En el objetivo de ganar las Generales Mariano Rajoy se apuesta España con el insuficiente crédito de su gestión gubernamental pero, si él no posee solvencia suficiente para convencer, el electorado potencial ha de poner de su parte y aportar la responsabilidad de la que parecen carecer los populares a pocos meses de las elecciones.

Por ser cuestión de prioridades que están en función de la gravedad de los riesgos es imperativo afrontar esa responsabilidad como votantes y evitar una debacle que se vislumbra con la unión frente populista de una izquierda anclada en el pasado y la atrofia del revanchismo a todas luces injustificado. Millones de personas piensan que una fusión de los intereses particularistas y sectarios del PSOE de Pedro Sánchez y Podemos podría dar al traste con la recuperación económica y agravar todavía más el difícil equilibrio institucional. Un criterio así de justificadamente alarmista debería ser refrendado en las urnas aunque las medidas de Rajoy parezcan insuficientes. Ahora que pugnan los secesionismos diversos esperando las oportunidades definitivas que empezó a brindar el zapaterismo con las consecuencias actuales que Rajoy no ha sabido o no ha querido minorar; ahora que la reforma falseada de la ley del aborto parece una burla a cuantos se sienten estafados sociopolíticamente; ahora en que la bajada de impuestos parece ser el interesado reclamo para contentar a los explotados contribuyentes, los sacrificados por no tocar el monumental gasto de las Administraciones Públicas, ahora es el momento de poseer tragaderas y optar por lo menos perjudicial votando a Rajoy con sentido de urgencia. Aunque duela o hasta asquee.

La escisión por desavenencias, absolutamente justificadas en la deriva del Partido Popular, es lo que menos conviene al conjunto del país que se arriesga a ser gobernado por cuantos no fueron votados mayoritariamente pero han conseguido aprovechar las lamentables fisuras de la ley electoral. Las últimas elecciones autonómicas y municipales invitan a una reflexión, cuanto menos sosegada mejor, para así advertir lo que vitalmente está en juego. Urge una reforma de la ley electoral ya, si en verdad aspiramos a un proceso democrático donde los electores y no los cambalaches sectarios sean los que legítimamente influyan en la selección de sus representantes.

Con la Generales en ciernes no estamos para discutir ni para echar en cara la garrafal política arriolana de Rajoy; estamos para sobrevivir y hemos de cambiar la consciencia de lo prioritario más allá del enfado o el argumento de las contrariedades. Nos jugamos en un solo día el declive del país en manos de un radicalismo emergente. Nos jugamos la supervivencia pura y dura y la partición de fuerzas con ideología liberal no va a ser igual de beneficiada que el aglutinamiento de las de izquierda. Que el clan de los sinvergüenzas de la zeja, después de abocarnos a la ruina defendiendo las desastrosas ocurrencias de Zapatero, esté abogando por una unión popular de la izquierda debería ser suficiente advertencia para saber qué clase de perjuicios pueden sobrevenirnos si no existe una reacción como votantes.

Al margen de enfados, de protesta, de lógicas amonestaciones contra el gobierno actual, hay que hacer de tripas corazón y convenir con la imperfecta gestión que ofrece Rajoy para tener oportunidad después de rebatir sus incumplimientos y exigirle los compromisos. Si en las próximas elecciones vence el sectarismo conformado por el socialismo y el comunismo bolivariano, el aborto, las víctimas del terrorismo, la presión fiscal y miles de problemas ordinarios serán peccata minuta frente a la improcedente intencionalidad del revanchismo que se está conformando con obsoletas ideologías y que conllevaría un declive sin posibilidad de recuperación.

No puede haber una merecida defensa del gobierno del Partido Popular con tantos errores en evidencia, pero sí una incómoda obligación de reflexionar sobre las conveniencias y las prioridades, por mucho que nos contraríe, ante la eximente posibilidad de que Rajoy se nos convierta en un daño menor frente a la repugnante molicie demagógica y populista que amenaza radicalmente el equilibrio institucional y económico que todavía poseemos gracias a que el inepto zetapé dejó de mal gobernar. Es bueno recordar en estos momentos de crítica acerba que Mariano Rajoy tomó las riendas de un país a punto de una intervención económica que evitó, eso sí, descuidando otras cuestiones de puntual importancia. Problemas que nunca estará de más afrontar si tiene la oportunidad de presidir durante otra legislatura que podría ser, a poco que lo hiciera bien, suficiente para alejar los fantasmas del extremismo.

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