www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Operación Caribe

lunes 20 de julio de 2015, 19:20h
España está viviendo en este Año Quince del siglo XXI un desafío formidable y peligroso contra el sistema político más exitoso de toda su historia contemporánea, que se fraguó durante la Transición y se plasmó en la Constitución de 1978. La operación viene de atrás, pero es ahora cuando viejos y nuevos enemigos de ese sistema de libertades –el más amplio, en mi opinión el único, de que ha disfrutado nuestro país en toda su bisecular etapa constitucional- han articulado una coalición de facto sobre la base de una coincidencia común: Todos quieren acabar con el Estado social y democrático de Derecho, con la monarquía parlamentaria, con la configuración territorial autonómica y con el fundamento histórico y constitucional de todo el sistema: “La indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Y para ello es indispensable que aniquilen a la única fuerza política que, inequívocamente, defiende el sistema, esto es el Partido Popular. Y muy en primer lugar a su líder, Mariano Rajoy.

Cada uno de los componentes de este “frente antisistema” cuenta con orígenes, intereses y objetivos distintos. Entre ellos las discrepancias son abismales y están cargadas de incompatibilidades esenciales que anidan conflictos insuperables. Pero todo eso lo han dejado momentáneamente a un lado, al servicio de la prioridad que a todos los une: Eliminar las posibilidades de gobernar del Partido Popular, porque es quien mejor encarna el odiado sistema; erradicarlo del escenario político, objetivo para el que todo es válido y aceptable o, si eso no fuera posible, dejarlo convertido en una fuerza residual, carente de cualquier capacidad de influir decisivamente en la vida española. El proceso ha tenido varias etapas, que vamos a tratar de exponer.

1. El año 2000 es una fecha clave para entender lo que ha sucedido después. Hasta ese momento las izquierdas y los nacionalistas contaban con que una mayoría absoluta del PP era imposible. Era un axioma indiscutible. El electorado de centro-derecha, que apostaba por el nacionalismo en Cataluña y País Vasco, condenaba al PP a un obligado segundo puesto respecto del PSOE, que obtenía resultados presentables en esas regiones. La mayoría absoluta que obtuvo Aznar en ese año disparó todas las alarmas y puso en marcha los primeros movimientos dirigidos a la trituración del PP. Al calor del tripartito catalán, formado en 2003, que coaligó al PSOE con fuerzas separatistas, claramente opuestas a la Constitución –fórmula que se repetiría después en Baleares y Galicia- se firma el Pacto del Tinell que era una declaración de exclusión permanente del PP, cuya vigencia actual es patente. El líder nacionalista catalán incluso levantó acta notarial de su incompatibilidad con el PP, lo que no le impidió beneficiarse más tarde de los votos populares para sacar adelante sus Presupuestos.

2. Entretanto, y en el ámbito intelectual, se había iniciado una corriente revisionista que, criticaba radicalmente la Transición y el sistema que de ella se derivó y, como llegó a escribirse, había dado origen a “una democracia más bien mediocre y de baja calidad” y subrayaba el papel supuestamente preponderante que asumieron los llamados “reformistas del franquismo”. El “miedo a la guerra civil” sería otro de los elementos que habría lastrado la obra de la Transición, hasta entonces unánimemente elogiada y valorada. Este revisionismo no se tiene en pie en cuanto se le analiza, como ha hecho, por ejemplo, Manuel Álvarez Tardío en su libro El camino a la democracia en España 1931 y 1978, que deberían leer todos esos que nos exhiben a diario su enciclopédica ignorancia, sin entender de lo que hablan, pero sin callarse, que sería lo más digno.

3. La tercera fase de este proceso fue la llegada a la Presidencia del Gobierno, del nefasto Zapatero, una especie de plaga que cayó sobre España y que, como las bíblicas, duró siete años, aunque sus consecuencias han sido perdurables. Su intempestiva nostalgia por la II República, cuyos valores quería ver encarnados en el presente sistema, su desprecio por España (“la nación es un concepto discutido y discutible”) y su revanchismo guerracivilista que se plasma en la innecesaria y sectaria Ley de Memoria Histórica, que sigue formando parte de nuestro ordenamiento jurídico, llevaron ingentes cantidades de agua (podrida) al molino del revisionismo y de la deslegitimación de la Transición y de cuanto significó. Por no hablar de su política de apaciguamiento respecto del separatismo catalán, que nos ha llevado hasta donde ahora estamos. Una política heredada por Pedro Sánchez, perdido en su laberinto federal al que ve como el remedio mágico, aunque ignora todo acerca de lo que es y de sus resultados.

4. Al rebufo de la crisis económica aparecen los movimientos de “indignados”, que se plasman en lo que en Madrid se denominó el 15-M que, en nombre de una supuesta “legitimidad de la calle”, superior y excluyente de la legitimidad de las instituciones democráticas, se declara en contra de todo el sistema articulado en la Constitución, al grito de “no nos representan”. No hay todavía análisis fiables que nos expliquen quiénes estaban detrás de estos movimientos y quiénes los impulsaron, pues la tesis de la espontaneidad carece de toda credibilidad. El movimiento anti-desahucios, los llamados “escraches” contra los políticos, los intentos, siempre fracasados de invadir la sede de la soberanía nacional, están en la misma línea.

5. Los pequeños grupos de la izquierda radical neo-comunista, que habían logrado dominar y hacerse fuertes en algunas facultades, como la de Políticas de la Complutense en Somosaguas, gracias al sistema asambleario, que siempre han manejado muy bien, y a la complicidad o lenidad de las autoridades académicas, se ponen hábilmente al frente de esta nueva situación y hasta se constituyen en partido político, obteniendo un éxito inesperado en la elecciones europeas de 2014, aprovechando la baja participación y el distrito único. Un éxito modesto por el número de votos, pero que fue magnificado, como precursor del cambio inevitable y deseable, por la connivencia o el papanatismo de los canales de televisión, que les dieron una cobertura permanente, convirtiendo a sus endebles líderes –impensables en cualquier país con una mínima cultura política- en los hombres y mujeres del momento. Su modelo es bien conocido, Venezuela y el “socialismo del siglo XXI”, máscara ahora del neo-comunismo, aunque ahora disimulen esa genealogía. Hasta hay ingenuos que tratan de convencernos de que “se han moderado”. Quizás sí: como la fiera que se aquieta y deja de rugir cuando se prepara para dar el salto sobre su víctima. Estas raíces caribeñas tan patentes y el papel relevante que todos los demás les han dado en la presente coyuntura española, nos lleva a denominar este “proyecto de cambio”, “Operación Caribe”. Su “cambio” es devolver a España a su periodo más trágico: Los años treinta del siglo pasado.

6. Entretanto el separatismo catalán se sale decididamente del sistema constitucional y del Estado de Derecho y planta su irracional desafío “político” que es desmontado “jurídicamente” por el Tribunal Constitucional. Su empecinado hábito de no acatar leyes ni sentencias le impulsa a organizar la pamema de referéndum del pasado 9 de noviembre, que no solo fracasa espectacularmente sino que pone en evidencia la limitada aceptación que tiene ese aventurismo separatista entre los ciudadanos catalanes. Rizando el rizo del ridículo y de la insensatez, los separatistas, en plena huida hacia ningún sitio, tratan ahora de celebrar unas imposibles e ilegales “elecciones plebiscitarias” y forman una lista, supuestamente unitaria, en la que el candidato a la presidencia de la Generalidad (el de esa permanente sonrisa, más bien estúpida)…ocupa el cuarto puesto. De “los fuera de la ley” –como de aquellos outlaws de las películas del oeste- se puede esperar cualquier cosa, ninguna buena.

7. Pero lo más grave es la actitud del PSOE, que no solo no ha sido capaz de enderezar la penosa situación en que le dejó Zapatero, sino que, con delectación y estómago, ha profundizado aún más en la misma, dejando frustrados a quienes pensaban que con Pedro Sánchez el partido recuperaría la tradición y los valores de la socialdemocracia que Felipe González le inculcó (no sin una dura lucha contra la tendencia de los llamados “profesores”) y que Zapatero malvendió no se sabe bien en qué almoneda. Su obsesión por arrojar de La Moncloa a Rajoy y al PP de cuantas instituciones sea posible le ha llevado, en contra de reiteradas afirmaciones suyas, a pactar con los populistas, que no tienen ninguna vocación de convertirse en escabel suyo sino, más bien, en apuñalarle donde más le duela. Muy simple es este hombre si cree que si Rajoy saliera de La Moncloa, inevitablemente, él entraría a ocupar su sitio. Hipótesis lejana, pero, si se diera, se puede apostar que, mejor no desembale sus enseres porque iba a durar más bien poco. Pero, tan perdido en su laberinto como Mas en el suyo, va a ser difícil que el tal Sánchez se consolide como líder. Aquel cabalgando el tigre del separatismo radical, este otro imaginándose que cabalga y domina el tigre del populismo de Podemos o el de ese Bildu al que deja gobernar en Navarra, no prevén que esos tigres les devorarán apenas hayan llegado a su imposible destino.

8. Esa estrategia de autoaniquilación del PSOE, convertido en estribo irrelevante para elevar al poder a la izquierda radical, esto es Podemos y sus franquicias, se ha hecho realidad después de las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo. Con los peores resultados de su historia y con auténticas debacles en lugares como Madrid, Barcelona y, en general, Cataluña, Pedro Sánchez saca pecho y ya se ve gobernando, como si Podemos y sus astutos dirigentes hubieran nacido a la política con esa única finalidad. Hay que estar muy ciego para creerlo.

Unidos todos ellos en su objetivo primordial, echar al PP, y en su descarado y bien visible propósito de “pisar moqueta”, lo cierto es que es evidente la existencia de un frente anti-sistema, remedo de los rancios frentes populares, que, en un adanismo suicida, trata de anular todo lo positivo que aquí se ha hecho en cuatro décadas, desde 1977, y, siguiendo pautas helénicas, convertir a España en el “gran enfermo de Europa”, condenada a la frustración, la división, la irrelevancia y la miseria a la griega. Un “proyecto de cambio” que solo podrá ser frenado y evitado si los electores toman conciencia del momento que vivimos y de la importancia de su voto, de cada voto.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Operación Caribe

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    463 | pontevedresa - 21/07/2015 @ 11:18:11 (GMT+1)
    Artículo clarividente donde se expone de forma clarísima como a partir de Demoliciones Zp empieza un proceso donde las izquierdas ya existentes y que surgen de los movimientos antisistema tiene en mente una única cosa, tirar por tierra lo conseguido con la Transición y hacer que el PP desaparezca. Pero los que llegan no merecen en absoluto ocupar su puesto ya que están cuajados de antisistema, okupas, comunistas bolivarianos y el tonto útil que es el Psoe. ¡La que se nos viene encima¡.

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.