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CON JAMES FRANCO Y RACHEL MCADAMS

Todo saldrá bien, ¿se enfría el genio de Wenders?

viernes 24 de julio de 2015, 09:23h
Todo saldrá bien, ¿se enfría el genio de Wenders?
Este viernes llega a las salas el nuevo trabajo del realizador alemán Wim Wenders, Todo saldrá bien, una aséptica radiografía del trauma con James Franco, Rachel McAdams y Charlotte Gainsbourg.
El regreso del realizador alemán Wim Wenders a la ficción después de una fructífera etapa documental que cultivó joyas como Pina o La sal de la tierra era, sin duda, de lo más esperado del año en lo cinematográfico. Sin embargo, la cosa se enfrió tras su estreno el pasado mes de febrero en el Festival de Berlín, y no sólo por la gélida atmósfera de nieve en tres dimensiones que rodea al público en el arranque de la cinta. Todo saldrá bien llega ahora a las salas españolas con un halo de decepción: un director de culto, un reparto a la altura de su genio y una inteligente apuesta inicial de liberar el 3D de la dictadura de la ciencia ficción y la animación para rodar con esta tecnología un melodrama clásico; y, sin embargo, poco o nada termina por cumplir tan elevadas expectativas.

El objetivo de Wenders es el de radiografiar los sentimientos y las relaciones humanas tras una situación traumática. Es preciso incidir en el término “radiografiar”, porque Todo saldrá bien es precisamente eso: como una máquina de rayos X que muestra una realidad. Es necesaria la intermediación del médico, del espectador en nuestro caso, para interpretarla. En la cinta, la intención de asepsia se traduce en un ritmo lento, escenas que se dilatan en el tiempo sin aparente motivo y carencia de información sobre unos personajes a los que no se terminan de entender. Un intento de realismo puro que termina por frustrar al espectador al combinarse con grandes dosis de suspense, nacidas (aquí sí) de la maestría de Wenders, pero que no llegan a una solución satisfactoria.

El realizador alemán nos muestra a un escritor en plena crisis de inspiración, interpretado por James Franco, un tipo frío, que desprende un halo de misterio y rareza desde el inicio. El día que atropella con su coche a un niño marca para siempre el resto de su vida, de la que Wenders nos muestra una década a través de una sucesión de situaciones y algunas elipsis temporales carentes de estructura definida (y de caracterización de los personajes, que parecen tener la misma edad desde que empieza la película hasta que acaba). El realizador indaga en el dolor, el perdón, la redención y la culpa a través de la relación del protagonista con tres mujeres a lo largo de esos diez años: su ex novia (Rachel McAdams), su pareja (Marie-Josée Croze) y la madre del niño víctima del atropello (Charlotte Gainsbourg).

La fortaleza del mejor Wenders termina volviéndose en Todo saldrá bien contra la propia película. Lo que le salva de convertirse en un filme de sobremesa es la manera en la que el cineasta consigue crear una especie de fondo turbio que mantiene alerta al espectador, que le traslada la sensación de que no está viendo todo lo que pasa, que le hace sospechar que el realizador alemán todavía esconde un as bajo la manga. El problema es que ese deseado desenlace no llega, y los títulos de crédito traen consigo un puñado de decepción.

Si bien es cierto que las interpretaciones están en consonancia con un reparto de excepción, la frustración general que provoca la película se traslada inevitablemente a los personajes. Los dos caracteres más atractivos, los interpretados por Franco y Gainsbourg, no se dejan conocer del todo. Ella, porque no dispone de un seguimiento suficiente en la trama y es más un apoyo para el análisis de cómo él afronta la tragedia. Él, porque se recubre de una frialdad que, si bien sirve para generar magnetismo e interés al principio, termina, de nuevo, en decepción al no dejar empatizar nunca con el personaje.

En cuanto a la realización técnica, la cinta arranca con una fuerza brutal, explotando al máximo las bondades de las tres dimensiones para deleitarse con vastos paisajes nevados y detenerse en la motas de polvo que viajan en un rayo de luz. A medida que avanza el metraje, sin embargo, la cosa se relaja y sólo algunas perspectivas de paisajes naturales se aprovechan del 3D.

Puede que Wenders haya invitado al público a jugar a la asepsia y la insinuación con Todo saldrá bien. El problema es que termina por resultar aburrido esperar un clímax que no llega.
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