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TRIBUNA

Carmena, la última romántica de la izquierda radical

lunes 27 de julio de 2015, 18:35h
Quiero creer en la honestidad de Manuela Carmena al frente del Ayuntamiento de Madrid pero estoy seguro de que ella misma no tardará en advertir que su aventura política está cuajada de improvisación e inane efectismo por haber sido utilizada como cebo por los cerebros podemitas -verdaderos artífices de la radicalización de la alcaldía madrileña- al margen de lo que quiera disponer la que fue perdedora de las elecciones pero alzada con la victoria por la bajeza de la maniobra socialista.
Ignoro las condiciones en que la derrotada Carmena ha sido secuestrada en el consistorio, las ventajas o los inconvenientes de soliviantar una apacible vejez enganchándose al tren poco disimulado del revanchismo de extrema izquierda. En algún momento de este itinerario imprevisible notará en sus brazos la garra de la intimidación que antes fue la mano colaboradora para conseguir objetivos políticos que incluso la alcaldesa misma desconocía antes de llegar al consistorio.
Quizá, no lo sé, Carmena no carece de buenas intenciones y de la integridad profesional con las que habrá querido dirigirse toda su vida, pero si fuera así no le acompaña un concepto moral de la justicia lo suficientemente coherente con la sociedad en la que vive que nos permita pensar en lo procedente de sus actitudes como mandataria del Ayuntamiento de Madrid. Tal vez quiera resarcirse de un pasado doloroso cuando, como juez decana de Madrid, multiplicó los desahucios de españoles agilizando los trámites que dejaron en la calle a numerosas familias indefensas allá durante los años noventa. Tal vez por ello sus esfuerzos hasta la obcecación residan en oficializar una campaña antidesahucios, así amainar una conciencia beligerante con el deseo moral de no haber protagonizado tanto mal social vulnerando los derechos básicos de los más desprotegidos. Quién sabe.
La alcaldesa se rige por impulsos emotivos que compensan la antes frialdad de sus decisiones jurídicas como implacable redentora de una justicia social más afin a los caprichos de los poderosos que a las voluntades de los supervivientes sociales que ella acabó condenando a la miseria. De ahí que sus reivindicaciones como exjueza estriben ahora en la suelta masiva de los delincuentes que no tuvieran en su haber delitos de sangre y aun así ya se verá, que todo el mundo es bueno. En los programas de televisión de aquellos chicos simpáticos de lo podemita, Carmena se redimió de sus pesados lastres del pasado exonerando a diestro y siniestro a toda la población reclusa en España, víctima de un sistema cruel e indolente para con los más debilitados de la competitividad social. No parece pues una alcaldesa en Madrid por convicciones políticas, sino por el anhelo de penitencia que una transformación del espíritu le habrá dictado en esa cuenta atrás de la vida y balance inexorable que representa la senectud y un cierto complejo de culpabilidad..
De aquellas tertulias con los estupendísimos radicales de la Complutense, surgió ese guiño que le dio confianza para posicionarse como candidata con el refuerzo amigo de los correligionarios ideológicos que la ayudarían a conseguir un propósito social a través de la carrera política. Y la última romántica de la izquierda extrema consintió sin saber que no todo el discurso estaba dicho ni las intenciones mostradas. Así fue que la penitente e íntegra jueza desembarcó en las lides sociopolíticas advirtiendo que detrás de las sonrisas cómplices se escondía la mueca de la amenaza velada y un cierto totalitarismo de sus segundos que mandan más que lo que ella sugiere y manejan la alcaldía detrás de las espaldas de una Manuela sorprendida y abocada a seguir adelante sin saber quién ordena. O es que dismula muy bien el tinte dictatorial que dejará de esconder a medida que vayan transcurriendo estos cuatro años que algunos consideran patente de corso otorgado por los votantes o es una víctima de sus ingenuidades. A saber. Por las urnas hemos caído demasiado bajo con una sociedad tendente a la mediocridad y la autodesintegración. No hay más que observar, no sin cierta náusea, a representantes elegidos como una tal Marisa La Roja. Carmena pertenece a eso pero es de apariencia, al menos, decente.
El estercolero social ha aflorado con la imperfección de una democracia que permite a los enemigos de la libertad acceder al poder para dinamitarla por método de implosión. Aún habrá de precipitarse más la gravedad de tales imprudencias. Llegar hasta este momento parece una mala pesadilla con la que amanecer cada día sin saber a dónde nos conduce tanta necedad generalizada. Será la ignorancia de un país cuyos habitantes decrecen en inteligencia y se agrandan en imbecilidad para que tome protagonismo la escoria que en cualquier nación traería la ruina y la desestabilización.
Por malentender el concepto de la democracia, quizá aquejados de los complejos provenientes de cuarenta años de franquismo, hemos dejado que los palurdos, los mamarrachos, los sobrantes sociales y los pícaros de mala estofa lleguen a regir importantes ayuntamientos del país.

No es un milagro que los residuos de la sociedad accedan a los espacios del poder sino una chapuza imperdonable cuya responsabilidad corresponde en parte a la mayoría absoluta del Partido Popular. Rajoy ha malgastado el tamaño de la confianza de los ciudadanos que le llevaron al gobierno por no saber usarla; la tamaña confianza, digo. Ese tamaño importa aunque Mariano no supiera cómo sacarle rendimiento cuando lo tuvo fácil. El gurú Arriola no estaba dotado ni de inteligencia ni de vergüenza propia cuando llevó al paroxismo de la idiocia los consejos que han terminado hundiendo España. La enajenación arriólica permitió estos exabruptos que hoy padecen millones de ciudadanos hartos de políticos de todo percal.
Que una payasa Ada Colau, esperpento sin oficio ni beneficio antes de probar parásita fortuna en el tinglado demagógico, sea la alcaldesa de una emblemática ciudad como Barcelona da cuenta de una degeneración propia de una tierra que ha rebañado la inmundicia política hasta el punto de saborear como ambrosía la bazofia. Una ignorante aupada por ígnaros, eso es lo que trae la democracia de tercera división en España, suprime de los actos oficiales la tradicional misa en la Basílica de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona junto a Santa Eulalia, una tradición que se remonta a 1714. Trescientos años borrados por un plumazo totalitarista que institucionaliza la exclusión. Todo por los libertinos tejemanejes nacionalistas de un Artur Mas que en cualquier país estaría encerrado en la cárcel o en un sanatorio mental. Porque si hoy los sobrantes de la sociedad poseen el mando es por las codicias e intereses egoistas de unos y otros que han jugado, a la sazón, con la vida y el futuro de la ciudadanía; la decente, la de probada virtud social, no los desechos surgidos de las miserables cloacas de la crisis institucional y económica.
Suma y sigue nos iremos sumergiendo en las oscuras y traicioneras aguas de este pantano ideológico de la radicalidad. No es una reforma de la libertad lo que conlleva el advenimiento de tanto majadero a los centros de poder sino un atentado directo contra la razón de ser de un país que pretende ser destruido aprovechando las debilidades del proceso democrático, fisuras de endeblez que tarde o temprano grupúsculos de este cariz examinarían para hincar los colmillos en la yugular de nuestra convivencia en paz durante cuarenta años. Vuelven las dos españas, dicen; acaso solo quede una que es la que habrá de defenderse contra esta indeterminada agrupación de caraduras con pretexto político que ambiciona vivir del esfuerzo histórico que se acometió con no poco sacrificio desde la Transición.
Carmena puede ser la última romántica del extremismo o una aliada de la radicalización sin romanticismo que valga. En la confesión de que mintió para ganar es inexistente el decoro después de mostrar una soberbia caradura. Pero ahí está, fresca y estrenada hablando de prostitución en el Vaticano. ¿Qué no asomará en la mente de tan exquisita fantasiosa que se inventó 25.000 niños desnutridos para luego admitir que no hay desnutrición infantil en Madrid? El truco está en desvirtuar la realidad aprovechando la existencia de votantes que no quieren enterarse del lugar en el que viven. Así se aprovechan los demagogos, mintiendo más que se habla en el uso de premisas goebbelianas, pero conscientes de que con semejantes tontos ausentes de la realidad algo queda para recordar ante las urnas. Aunque el problema real-se le ve venir al ambicioso crecido de inconsciencia y vanidad- será ese puente llamado Pedro Sánchez, el tonto útil que en pos de la zanahoria monclovita terminará tirando el carro por el precipicio facilitando a la minoría podemita acceso al poder.
Los actos definen a las personas y los de Manuela hasta ahora no parecen augurar nada bueno para Madrid. En el resto de las ciudades bajo yugo extremista tampoco. Este panorama de romántico no tiene nada, más bien va tirando hacia el suspense y el terror. Ver la cara de algunos de estos monstruos de la decadencia da más asco que miedo, pero en la España de nuestras libertades hemos pasado por todo y permanecen reaños como los del toro de Osborne.
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  • Carmena, la última romántica de la izquierda radical

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    499 | Pontevedresa - 27/07/2015 @ 23:19:38 (GMT+1)
    Conforme veo las actuaciones en el ayuntamiento de Madrid se confirma más mi primera impresión Viridiana-Carmena en su bondadosa apariencia, ha metido en la casa de todos a una serie de indigentes, esta vez intelectuales y éticos que son los que no están tomando ninguna medida que mejore la vida de los madrileños, y que la desmientan una vez sí y otra también, es decir que como en la estupenda película de Buñuel, ya la están agrediendo. tu artículo es estupendo.

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