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DESDE ULTRAMAR

Cd. de México: veraniega y expositiva

jueves 30 de julio de 2015, 18:39h

La capital mexicana esta rebosante de magnas exposiciones temporales en este verano del 15. Desde sus más emblemáticos museos hasta los más modestos que la colocan, sumados, como la urbe que posee el mayor número en el mundo, despliega su potencial en atrayentes muestras y muy cosmopolitas contenidos, atendiendo a un público siempre interesado y reclamante de su montaje. No ha decepcionado su interés, desplazándose a ellas, agradecido como siempre.

La lista de programaciones apenas deja tiempo libre para disfrutarlas a todas, acudiendo a ellas en cuanto es posible. Uno solo puede congratularse de tener estas oportunidades, invitando sinceramente a que se visiten. Son una espléndida ocasión para que residentes y foráneos gocen de extraordinarios e irrepetibles encuentros expositivos. Este país sigue invirtiendo en cultura accesible, como sea.

Enlisto primero la colosal exposición “Monarquía y el Arte y la cultura”, una fascinante recopilación sobre los siglos en que los monarcas españoles atesoraron un imperio y nos muestran una adecuada mezcla de objetos provenientes de importantes acervos resguardados, lo mismo por museos españoles y mexicanos que por algunos más –entre pinturas, biombos, medallas, libros, espadas, armaduras o grabados diversos–. El Museo Nacional de Arte la abrió a escasos días de cerrar allí una muy grata y extensa de paisajistas británicos de la Tate Gallery de Londres, en la que me hice de un par de reproducciones de órdago.

El octogenario y marmóreo Palacio de Bellas Artes alberga una interesante exhibición de grabados y esculturas de Miguel Ángel, relacionadas con su influencia entre artistas novohispanos en los siglos siguientes, aparejada a la de Leonardo Da Vinci donde pueden apreciarse sus ilustraciones de rostros (niños, ancianos), cuyas expresiones conservan la lozanía tras cinco siglos de pergeñadas. Cierto es que las filas y el tiempo de espera menguan la resistencia para acceder a ellas, mas lo ameritan.

Si el Museo Soumaya expone aún su rica galería de marfiles de Asia con obras de varios siglos atrás, que rebosan exquisitez y embelesan el imaginario sobre Oriente, ya prepara una muestra sobre Venecia en la pintura, mientras ha incluido una expo modesta sobre memorabilia de Los Beatles en que pueden verse originales de las tapas de sus discos más famosos, carteles de sus películas u objetos diversos de inimaginable inexistencia, referidos al cuarteto de Liverpool.

El Museo Nacional de San Carlos, cuya academia homónima tuvo por precedente la de San Fernando de Madrid, ofrece una interesante gama de cuadros sobre infantes pintados a los largo de varias centurias. Gran parte de su contenido proviene del formidable Museo de Bellas Artes de La Habana. Pero no se agobie, que el Antiguo Colegio de San Ildefonso le espera con una icónica exhibición de arte islámico jamás montada, que aporta el Museo del Condado de Los Ángeles. Se trata de piezas que van del siglo XIII al XIX. Usted considere que el contacto de México con el mundo islámico ya fue muy tardío, así que nos parece exuberante y exótico, por no decir lejano, apenas esporádico, aportando cada alfombra, utensilios de belleza o las maderas labradas, un escenario inédito y enigmático.

El Castillo de Chapultepec ha desplegado un estupendo muestrario titulado “Hilos de Historia”. El alcázar deja ver glamorosos ropajes de los siglos XVIII y XIX, destacando vestidos de gala de rica hechura, así como preciosos ejemplares al estilo de las Meninas de Velázquez. La delicada cauda de abanicos, manguitos, tocados y refulgentes aplicaciones sobre cada ejemplar han sido un delicioso recorrido por la moda, los usos y la costumbres de centurias pasadas. Me quedo con una sensacional casaca de finales del siglo XVIII, con grabados y aplicaciones en plata con botonadura recamada. Usted acaso ha visto ropajes con hilo de oro ¿pero ha visto casacas con aplicaciones de plata sobre terciopelo? Pues eso. Imagíneselo. Cosa más sofisticada no he contemplado.

Mathias Goeritz, el reconocido arquitecto del siglo XX, desborda su ingenio en los espacios asignados a él en el Museo de Arte Contemporáneo, tras de celebrar su cincuentenario con fridas y siqueiros. Goeritz es un referente para la arquitectura mexicana contemporánea, de allí su trascendencia y lo oportuno de recuperarlo.

Y el activísimo Centro Cultural de España ha efectuado sendas expos que apenas tocaron el verano. Destaco el conjunto de prendas de Ágatha Ruiz de la Prada, siempre peculiares, vanguardistas, retadoras y excéntricas. Mucho terciopelo en rosa y azul y sus infaltables corazones. Ha puesto otra sobre exploradores del Océano Pacífico. El sitio ahora permite el acceso a sus catacumbas, pues la casona que lo alberga yace sobre las ruinas aztecas del Calmecac, la escuela militar de élite del Imperio cuyas ruinas se localizan debajo de los cimientos de la Ciudad de México. Es un museo más que se suma a tan amplísima oferta.

En esa misma tesitura, el Museo Nacional de Antropología ha mostrado una llamativa recopilación en tono ilustrado, referida a la historia de los hallazgos arqueológicos en la otrora capital azteca. Nos permite enterarnos con precisión de los primeros arqueólogos que hubo desde los tiempos de la Nueva España y al amparo del espíritu del Siglo de las Luces, así como enterarnos de la manera en que fueron observando piezas precolombinas de un valor históricos incalculable y de cómo se resguardaron o se expusieron una vez que se descubrieron. Detalla cómo fueron los estudios que se generaron en torno a ellas. Ha sido muy estimulante saber cómo fue que monolitos tan conocidos como es el caso del Calendario Azteca fueron hallados y preservados, pues hoy los podemos contemplar, pero a veces olvidamos o desconocemos cómo fue que se recuperaron. Yo no recuerdo una muestra similar, de manera que ha sido sumamente aleccionadora.

Para estas jornadas estivales resulta extasiante tal cascada de manifestaciones museísticas que prodigan momentos para disfrutar. La Ciudad de México ha refrendado una vez más su profunda vocación cultural y expositora, que la engalana y convida a todos a gozarla, regocijándonos con semejante variedad que merece corresponderse, aprovechándola al máximo.

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