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El Irán reforzado de la intención belicista

lunes 03 de agosto de 2015, 15:10h
Se equivocan los estrategas de la pacificación si se piensa que el acuerdo sobre armamento nuclear con Irán va a rendir los efectos propios de una claudicación. Irán no ha renunciado a nada, acaso solo ha pospuesto los planes belicosos en espera de mejor oportunidad. Por parte del país de los ayatolás no existe un equilibrio geoestratégico que no sea la permanente amenaza contra Israel sin dar la menor oportunidad al entendimiento. Podría ser que en el futuro hubiese un proceso de democratización y minorara el riesgo de un conflicto generalizado, pero al día de hoy el país es una amenaza de radicales. La conveniencia es lo que ha ratificado un tratado de aparente paralización de fabricación armamentística-durante 10 o 15 años- con el único uso de lo nuclear para fines pacíficos. Nada más lejos de la realidad por mucho que Hasán Rouhaní haya pretendido desde la postura de la moderación mitigar las consecuencias de la tensión que acrecentó su antecesor el extremista Ahmadineyad.
Irán, más allá de las apariencias, dará continuismo a la intransigencia con una declaración de intenciones muy alejadas de una voluntad pacificadora. Esa conveniencia para firmar tratados conciliadores será abandonada cuando el oportunismo aconseje romper la baraja del juego de control geopolítico que han propuesto sin firmeza Estados Unidos y la Unión europea.

En el futuro puede prevalecer el fanatismo religioso frente a la actitud concertadora que el hoy presidente de la república iraní, Hasan Rouhani, practica con eficaz antagonismo frente a la beligerancia del lider supremo Jamenei quien, para no dejar lugar a dudas, ha reeditado las amenazas contra los israelitas en lo que supone la sospecha de que esas actuales conveniencias de reducción de las tensiones tal vez serán la principal causa del futuro oportunismo, en pos del acoso contra Israel mediante la alteración unilateral de los tratados nucleares que previsiblemente se incumplirán, con un reforzamiento durante los próximos años del potencial militar que Irán jamás ha pensado desmantelar.
El acuerdo iraní con el grupo P5+1, no obedece sino al puntual levantamiento de sanciones siendo un ardid cortoplacista que no supondrá la menor mella en la reivindicación de la destrucción de Israel. Lo que parece suponer una demora de la intencionalidad nuclear con fines bélicos, puede con el tiempo que resulte en un mayor potencial de peligro para la zona por haberse transigido sin mayores exigencias con un país cuyo mayor objetivo de su lider supremo consiste en la desaparición del pueblo judío sobre la faz de la Tierra.
Aliados no le faltará al fanatismo persa para convertirse en un peligro no solo para los israelitas sino también para todo Occidente. Aquí no ha claudicado nadie, solo se ha aplazado un plan lastrado por las sanciones de Occidente que al día de hoy han dejado de existir para mayor gloria del reforzamiento de los fanáticos que no han cambiado un ápice el discurso del odio. Irán puede acceder a sus reservas y a la inversión exterior para respirar. Demasiadas concesiones a un país capaz de desestabilizar Oriente Medio por ese cerril odio que no cesa pues Rohaní está de paso, no así el empeño apocalíptico de los clérigos chiitas.
En consecuencia, la firma del tratado en Viena ha sido demasiado favorecedor para Irán que ha obtenido múltiples beneficios frente a la alternativa perjudicial de la guerra. Un herida cerrada en falso que a, poco que los ayatolás decidan reabrirla, abocará a Occidente a un enfrentamiento directo dado que el cese de las actitudes belicistas no ha formado parte de lo acordado. Puede que esta forzada victoria de la diplomacia sea solo el preámbulo de un futurible conflicto armado en el polvorín de Oriente Medio que tarde o temprano podría estallar, ahora que además se ha cedido terreno a los enemigos de la paz en zona tan conflictiva y determinante.
Está por ver si el presidente norteamericano ha desestabilizado las precarias balanzas del equilibrio geopolítico de Oriente Medio. En ese caso es cuestión de tiempo que se declare una guerra. Y, desgraciadamente, hay antecedentes que pueden indicar que así podría ser. Es previsible que el gran éxito conseguido por Irán vaya a pasar factura a la ingenuidad occidental que hoy representa el demócrata Obama, en lo que puede suponer una amenaza a la estabilidad mundial considerando además el implacable avance del Estado Islámico. Todo lo que hoy gana Irán lo perderá el mundo en inestabilidad cuando, al término de los años de moratoria o antes, la escalada militar sea inevitable después del balón de oxígeno que se ha brindado al fanatismo iraní. Para entonces y ante la amenaza que representa un Irán libre de sanciones, otros países aledaños habrán tomado el pulso nuclear en previsión de futuros conflictos.
Probablemente Irán esté celebrando con este acuerdo, sin saberlo todavía, la posibilidad de poder cumplir desde ahora las amenazas y provocar un cataclismo contra el Occidente al que hoy da la mano en falso.
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