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AQUÍ NO PASA NADA

sábado 08 de agosto de 2015, 17:53h
Después de cinco siglos de Historia unida, el Gobierno autónomo de una región española organizó el año...

Reproducimos a continuación, por su interés, el artículo de Luis María Anson publicado en el diario El Mundo:

Después de cinco siglos de Historia unida, el Gobierno autónomo de una región española organizó el año pasado un descarado referéndum de secesión y firmó la convocatoria de unas elecciones que, eufemismos aparte, son claramente plebiscitarias. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

En las provincias vascongadas se entona cada día la apología del terrorismo, los proetarras lo inundan todo con los retratos de sus presos dispersos y se han adueñado de la comunidad navarra. En Galicia, en Baleares, en Canarias, en Andalucía se escuchan en cascada clamores secesionistas y menos mal que se salva Cartagena. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

Al himno nacional y al Rey de España se les dedican silbidos vejatorios en un estadio deportivo, a Juan Carlos I se le desmonta con alardes audiovisuales de su pedestal barcelonés, a la Familia Real se le ha perdido el respeto. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

Los indignados de turno han llegado a cercar el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, mientras la desobediencia civil se extiende por municipios y autonomías de forma imparable. Una asaltacapillas in púribus y una dama que micciona en plena calle ante los fotógrafos ocupan cargos relevantes en Madrid y Barcelona, ambas capitales en manos de la extrema izquierda antisistema. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

No pocas Universidades sindicalizadas y contritas han perdido todo atisbo de excelencia mientras en los centros educativos a diversos niveles se hace mofa de los profesores y se les veja sin piedad. Un Gobierno de mayoría absoluta se muestra incapaz de hacer una reforma de la ley electoral que hubiera evitado el chantaje de los partidos minoritarios y no digamos la reforma ordenada de la Constitución que las nuevas generaciones exigen y que se hará de forma revolucionaria si se confirman las encuestas electorales. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

Se sangra a los ciudadanos con unos impuestos casi confiscatorios y se imponen austeridades asfixiantes menos para la clase política y la casta sindical que se enseñorean de España. En la Sevilla de los eres y los cursos de formación, en el Madrid de Gürtel y Púnica, en la Barcelona del Palau y las mordidas reconocidas por el propio Parlamento, en incontables ciudades y pueblos españoles, a todas las escalas y a todos los niveles, la corrupción se ha convertido en una serpiente que repta arrogante por la geografía nacional. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

Desde hace ocho años el régimen está agotado y ahora el sistema creado en la Transición se le desmorona a Mariano Rajoy entre las manos mientras se dibuja para arrumbar sus escombros un futuro Frente Popular ampliado. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

¿Qué tiene que pasar, en fin, qué tiene que pasar para que el Gobierno nefelibata se baje de la nube en la que habita y se enfrente, al margen de las excrecencias electoralistas, con los problemas de fondo que amenazan con la fractura de España y con la devastación de la vida democrática en nuestra nación?