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CRÓNICA DE AMÉRICA

Las "maras" arrodillan al Gobierno de El Salvador

domingo 09 de agosto de 2015, 10:24h
Las 'maras' arrodillan al Gobierno de El Salvador
Estas organizaciones gansteriles han paralizado el transporte.

Las “maras”, organizaciones gansteriles en Centroamérica, han logrado por primera vez poner de rodillas al Gobierno de El Salvador tras paralizar el transporte público de la capital. Han seguido la misma estrategia que la guerrilla comunista -cuyos dirigentes gobiernan hoy la nación-, aplicó durante la guerra civil que asoló la república salvadoreña a finales del siglo XX. Los antiguos guerrilleros, hoy en el poder con el respaldo de las urnas, como es el caso del actual presidente Salvador Sánchez Cerén, en su momento célebre líder guerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ahora partido legal, están probando la misma medicina que ellos emplearon en la pasada guerra: inmovilizar el transporte para obligar al Gobierno a someterse a una negociación. La entonces guerrilla bloqueó el país para alcanzar sus propósitos políticos. Ahora sufre en sus propias carnes idéntica táctica alcanzado el Gobierno, cuando el gansterismo de las “maras” asedia de nuevo la república para conseguir una negociación.

Las “maras” están actuando con su tradicional virulencia y despiadada brutalidad. Las “maras”, contracción de la palabra “marabunta”, nacieron en las cárceles norteamericanas entre los hijos de los desplazados durante la guerra civil, adoptando códigos del gansterismo carcelario estadounidense. De allí se les deportó de nuevo a El Salvador, donde se implantaron en dos grandes “maras”: La Mara Salvatrucha y la Mara 18, identificadas por sus propios rituales y sus aparatosos tatuajes, en una acción homicida que ha llevado al país centroamericano a tasas de asesinatos equivalentes a la de las naciones en guerra. La orden de las “maras” ha sido estrictamente obedecida por los conductores, después de que diez de ellos fuesen fríamente ejecutados. Los transportistas detuvieron desde principios de este mes su actividad. La derrota del Gobierno en este pulso con las “maras” se ha puesto de manifiesto cuando los vehículos de limpieza han empezado a funcionar solo en el momento en que se lo ordenaron las “maras”, no cuando se lo exigieron las autoridades. Una subordinación en todo regla.

El Ejecutivo de Salvador Sánchez Cerén ha tratado de sortear esta inmovilización del transporte, sustituyéndolo por camiones del ejército fuertemente armados que trasladaban a hacinados pasajeros. A la vez, a los cabecillas de las “maras” ya encarcelados se les alejó a penales de alta seguridad. Dos medidas que han revelado la impotencia de los actuales mandatarios para hacer frente y controlar el principal problema que asfixia a la sociedad salvadoreña.

El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) ganó las últimas elecciones con la promesa de resolver de un modo definitivo la despiadada delincuencia común de las “maras”, con unos 60.000 pandilleros libres en las calles, pertrechados con todo tipo de armas ligeras y el arrojo que les proporciona haber asumido que sus vidas serán violentas y muy cortas. Ante el fracaso sin paliativos que el Gobierno del FMLN acaba de cosechar, su ofuscada reacción ha sido tratar de enmascarar la verdadera situación politizando la acción de las “maras”. Politización al estilo populista, es decir, creando un quimérico culpable hacia el que derivar todas las responsabilidades que ejerce de fantasmal cabeza de turco. Como no podía ser de otro modo -esta fórmula de inculpar a un espectral agente malévolo es ya un recurso mecánico en la izquierda hispanoamericana-, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional ha achacado esta actuación de las “maras” a una fantasmagórica agenda desestabilizadora contra el Gobierno. Una agenda, por supuesto, trazada por la derecha como instrumento de un supuesto golpe de Estado.

El secretario del FMLN, Medardo González, formuló pronto esta teoría conspiranoica, al afirmar sobre el bloqueo del transporte: “Es una medida un poco desesperada de querer presionar al Gobierno, de querer desestabilizar al Gobierno. Estoy convencido de que existe un propósito de obligar a Salvador Sánchez Cerén a que renuncie a su cargo de presidente del país.” Días después ha concretado aún más esta difusa acusación, para culpar directamente a la “derecha” de estar detrás de estas acciones, acusando al partido de la oposición ARENA de estar fraguando un “golpe de Estado blando”. Medardo González fue pedagógico con los periodistas al explicarles que “golpe suave o blando fue un método ideado por un politólogo estadounidense de nombre Gene Sharp, en el que ya no se necesita el uso de ejércitos y lo que se utiliza son otro tipo de medidas como las que estamos viendo en nuestro país.”

Para fortalecer esta imputación de grueso calibre el Gobierno de Sánchez Cerén no ha aportado la más mínima prueba, pero sí ha recabado el respaldo ideológico de organizaciones políticas afines en otros países con más libertad para realizar incriminaciones vitriólicas sin la responsabilidad de tener que presentar testimonio alguno. Llamativamente uno de los más exacerbados apoyos a esta fantasmagórica hipótesis del “golpe blando” ha venido de España, a través de la formación Izquierda Unida (IU). Uno de sus militantes, Ricardo Gayol, excoordinador del Área de Bienestar Social de IU, llevó a cabo esta semana una información desde El Salvador con descomunales inculpaciones y testimonios nulos para sostenerlas. Por lo pronto, la acción homicida de las “maras” es inscrita por el militante de la izquierda española como un ingrediente más de “los ataques mediáticos contra los gobiernos progresistas del continente latinoamericano.” Se trataría de “una campaña de desestabilización orquestada desde los sectores más reaccionarios de la derecha y la oligarquía nacional, utilizando para ello el fenómeno de las maras.

¿Qué demuestra la intervención de la oligarquía? Nada, solo su satanización como mal absoluto. ¿En qué se sustenta ese pretendido “apoyo evidente internacional”? Ninguna prueba lo avala, ni el propio Gobierno de El Salvador ha facilitado el indicio más remoto de que esto pudiera ser así. Sus desaforadas acusaciones sí se asemejan más, no a una información periodística, sino a una auténtica campaña mediática para dirigir el odio de la población contra los que no comulguen con su ideología. La cascada de falsedades se despeña sin freno. Entre las joyas del panfleto se pueden extraer auténticas “perlas” de intoxicación, agitación y propaganda mediática: las armas -por ejemplo- llegarían a las “maras” gratuitamente y en buenas condiciones, así como la munición. La burguesía controlaría parte de esas bandas para combatir al FMLN generando caos y pánico. Las “maras” serían un ejército al que se domina con la misma facilidad que Estados Unidos y Europa a las bandas terroristas en Siria, o al Daehs o Al Qaed, etcétera. Las “maras” crecieron durante los Gobiernos totalitarios muy amigos de José María Aznar… El encadenamiento de dislates no tiene fin.

Hay que estar muy fanatizado para que esta sarta de falsedades pueda ser tomada en serio. Pero el FMLN se ha aferrado a ellas como clavo ardiendo para exculparse de su propia inoperancia. La información remitida desde El Salvador parecía confeccionada a propósito para justificar el apoyo de Izquierda Unida esta semana incluso en la Comisión Europea y el europarlamento. El documento ha sido encabezado así: “IU se solidariza con el pueblo y el Gobierno de El Salvador ante la situación de acoso y desestabilización promovida por el poder económico salvadoreño.” Se acusa al partido ARENA de impulsar un golpe de Estado suave, y a ese espectral poder económico salvadoreño de sustituir los Escuadrones de la Muerte por las actuales “maras”. Por lo que reivindican una “solidaridad internacional, comprometida e incondicional.”

La radicalidad en la falsificación informativa y las envenenadas imputaciones sin duda también poseen una clave interna. El partido político español Podemos ha mantenido férreamente la boca cerrada en este conflicto, sabedor de que sus vínculos con el chavismo que respalda al FMLN son un auténtico lastre electoral. Las alegaciones que básicamente habrían sido el argumentario de Podemos, se han asumido de forma íntegra, y con qué brío, por Izquierda Unida, dentro de la estrategia de esta última de fraguar una plataforma con Podemos con vistas a las próximas elecciones generales españolas. Quien no tenía lastre de ninguna clase es el Gobierno de Caracas, que a través de la boca incontinente de Nicolás Maduro se ha despachado en términos similares a la Izquierda Unida española. El discurso chavista ha eludido incluso la existencia de las “maras” y ha dado al conflicto una supuesta dimensión continental. Las palabras del presidente de Venezuela son elocuentes: “Lo mismo está haciendo hoy por hoy la ultraderecha contra nuestro querido amigo y hermano, el presidente Salvador Sánchez, del hermano El Salvador del frente Farabundo, aplicando algo parecido a lo que están aplicando con nosotros, con delincuentes atacando al pueblo, mercados populares, atacando a transportistas, matando chóferes del transporte para que decretaran un paro general. Igual se ha hecho con la presidente de Brasil Dilma Rousseff y con el expresidente Lula da Silva.” Un apoyo político que, además de servir de autojustificación a sus medidas dictatoriales, trata de asegurar que el ala izquierda del FMLN siga estrechamente vinculada al chavismo venezolano.

Toda esta manipulación mediática, con su terminal europea en Izquierda Unida, constituyen aspavientos fundamentados en la nada. Ya el presidente de la Asociación de Empresarios de Autobuses Salvadoreños (AEAS), Genaro Ramírez, no solo rechazó la teoría conspirativa sino que exigió al Gobierno del FMLN una solución realmente efectiva. Ramírez se ha expresado con claridad: “El Gobierno miente a la población diciéndole que somos los empresarios quienes convocamos el paro y eso es falso. Nosotros no asesinamos a nuestros propios empleados. No es verdad que estemos envueltos en planes desestabilizadores como ha dicho de manera irresponsable el Gobierno.”

Sin duda, el grandilocuente castillo de naipes de un imaginario golpe de Estado blando contra la izquierda, se derrumba con un soplo al analizar con un mínimo detalle la secuencia de los acontecimientos. Las “maras” no son una creación ni de la derecha ni de la izquierda, sino producto de la destrucción de la infraestructura productiva durante la guerra civil, que nunca se llegó a reedificar. Cada nueva generación se ve abocada a un descomunal paro y a la consiguiente tentación de emigrar a Estados Unidos o de unirse a los pandilleros de las “maras”, bien surtidos de armamento de la época de la guerra, complementado con nuevas adquisiciones resultado de los dividendos del narcotráfico. Las “maras” no necesitan regalos de munición y armas de fuego, pues poseen un formidable arsenal bien repartido y una reposición inagotable gracias al negocio del traslado de narcóticos.

Los Gobiernos democráticos de derechas jamás trataron de usar a las “maras”, sino que las vieron como un enemigo a batir. Han utilizado inexorablemente con ellas una mano dura represiva que con frecuencia la izquierda acusó de excesiva y de no respetar los derechos humanos. Se trataba de una política de contención que no resolvió nunca el problema de fondo. Con el transcurso de las décadas, esas “maras” han implantado una escalofriante cultura de la muerte que podría sobrevivir incluso a una reactivación del sistema productivo hoy sin pulso.

La llegada al poder del FMLN agravó la ya insostenible situación del gansterismo en el país. Como ya se señaló en estas Crónicas de América el error simplista del FMLN al ganar las elecciones. Sánchez Cerén recusó la política de mano dura y contención de la derecha, y sostuvo que la vía de solución estaba en entablar negociaciones de paz con las “maras”. Fue precisamente la izquierda del FMLN quien pactó con ellas y lo hizo de un modo estratégico para ganar los últimos comicios. En los últimos meses de 2013 negoció con los capos gansteriles encarcelados, para que diesen la orden de parar la carnicería cotidiana.

Esta maniobra redujo considerablemente los asesinatos, a costa de crear falsas expectativas que el tiempo ha hecho saltar por los aires. No existe el menor indicio de que la derecha o el empresariado hayan ayudado o instigado a las “maras” con fines políticos, sino que más bien aquel acuerdo con el FMLN las fortaleció reanudándose su criminalidad poco tiempo después del espejismo de apaciguamiento en torno a la cita electoral. Poco tiene el Estado que negociar con la violencia gansteril de las “maras”. ¿El número de violaciones, la cifra máxima de robos, el cupo anual de homicidios? Las “maras” se sienten despechadas y engañadas por aquella promesa de negociación. Y ahora están tratando de obligar al actual Ejecutivo a una demencial e inviable negociación recurriendo a los antiguos métodos de los exguerrilleros hoy en el poder: bloqueando el transporte. Al descomunal error del FMLN de invitar a las “maras” a pactar, se sumó un segundo error de aflojar la política de contención. Puestos de rodillas por los gánsteres juveniles, añade ahora el tercer error de no hacer autocrítica y calumniar a empresarios, políticos de la oposición y a una quimérica confabulación imperialistas, acusándoles de provocar una situación creada por sus equivocaciones e inoperancia.

Que las “maras” no distinguen derecha e izquierda en el poder -solo perciben el poder sin matices, como obstáculo a su lógica criminal-, lo demuestra que en 2010 paralizaron también el transporte durante un Gobierno de derechas como reacción al endurecimiento de las leyes penitenciarias. Si los actuales mandatarios del FMLN desean quitarse el yugo inmediato que les han puesto las “maras” tendrán que recurrir a las duras medidas de contención que criticaron en el pasado a sus adversarios políticos. No será ningún acuerdo con los delincuentes lo que resuelva el trasfondo de tan gravísimo problema. La solución última está en hacer funcionar el sistema productivo mediante fuertes inversiones que no se logrará si no se atrae capital extranjero. Algo que la ideología populista del FMNL no está en condiciones de poder realizar. Mientras tanto arreciaran las campañas mediáticas achacando los males a quienes son un factor imprescindible para solucionarlos.