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TRIBUNA

Revanchismo electoral... ¿extraña?

lunes 10 de agosto de 2015, 20:32h
La crisis transforma a la gente que con la carencia distrae la moral y justifica sin vergüenza cualquier actitud desatinada, deshonesta, tramposa. Es normal porque cuando hay abundancia todo el mundo procura encontrar su espacio para nadar, pero con la sequía en el lodazal queda la suciedad y para muchos oportunistas no es inconveniente pisar al ajeno para no embarrarse en lo propio. España es una porqueriza donde retozan los cerdos procurándose el alimento, con humanas formas despiadadas, pero cerdos al fin y al cabo; pocos con sus obras en el éxito frente a la derrota del pueblo pueden presumir de limpieza personal. En las encuestas recientes del CIS se percibe un aire de revanchismo porque son muchos los que dejan la vida al mes pagando impuestos a un Estado presionante e ineficaz, percibiendo además un misérrimo salario cuando no se es sometido a una inmisericorde explotación física e intelectual sin cobrar. No son pocos los que nada tienen que perder arremetiendo contra el privilegio despiadado de los caraduras de este país que además de no pagar zancadillean a los próvidos explotados que procuran seguir en desventaja las reglas del juego limpio. No todo el mundo posee la decencia de considerarse honrado.

No es aventurado decir en estos tiempos de mengua económica que quienes triunfan y se mantienen poseen algo de caracter porcino por la capacidad de enguarrar con el gesto y la obra una dignidad inexistente que pretenden fingir ante el conjunto social. Pero eso ya no engaña sino a los miserables que se alaban a sí mismos manteniendo el quiosco sectario que se han montado parasitariamente a costa de la mayoría. Es verdad que el revanchismo recobra fuelle observando lo bien que viven algunos sin el menor escrúpulo por la explotación de los desfavorecidos. Algo así engendra rencor y no pasa inadvertido llegado el momento de votar. Por ello el Partido Popular ganará unas elecciones... perdidas con el aglutinamiento de las fuerzas minoritarias que recogen el voto del descontento. Tal cual sucedió en las Municipales y Autonómicas con un arriólico Rajoy estúpidamente triunfal en la derrota vergonzante.
Si la inteligencia ciudadana no lo remedia, un frente popular español del siglo XXI está en ciernes en esta España infestada de tontainas que han dilapidado la fortuna democrática que pudo enriquecer a todos. La ignorancia despacha el futuro con neblinosos horizontes sociopolíticos aproximándose un miserable reflejo del zapaterismo, reforzado ahora con extremismo izquierdista. Los españoles saben, desgraciadamente, elegir el peor futuro que les aconseja la estulticia sin aprender las lecciones del pasado. Aunque Rajoy tampoco ha ayudado en nada para aprender algunas nuevas. Aviados estamos pero merecido lo tenemos.

No pocos sueñan con la expropiación al estilo bolivariano de empresas constituidas por una especie porcina que explota de manera inmisericorde al trabajador.Cualquiera que se asome a la red para ver cómo conectan su productividad abusiva algunas empresas de outsourcing y Contac Center, sabe bien identificar los abusos laborales como acostumbrado modus operandi de una piara explotadora. Otras sociedades limitadas o anónimas presumen de dividendos y crecimiento aprovechándose del trabajo ajeno sin pagar un euro; siquiera brindan una migaja del pastel que ingresan viviendo parasitariamente del esfuerzo de trabajadores sin reconocimiento, puteados además por esa bastarda chusma de los enchufados que es capaz de enriquecerse sin valorar a quien les provee de cómoda vida mes tras mes. Comportamientos así hastían al más pintado de los abusados. Y jode, mucho.

España se ha ganado a pulso sus rencillas sociales que aún han de eclosionar con mayor virulencia. En las redes sociales ha surgido el revanchismo social que aboga por las guillotinas en las calles y el linchamiento de los favorecidos que de modo engreído han surtido sus arcas a base de vaciar las de los demás. ¿Extraña? En España no existe dignidad, honradez, decoro ni justicia; todo es un espejismo de conveniencias y muchos honorables son en realidad impresentables que dictan sentencias morales a la sociedad cuando no son merecedores ni del mínimo respeto a cuenta de las obras que de diario perpetran con desvergüenza disimulada.

Este país está conformado por intereses de bestias, por egoismos sectarios en todos los ámbitos. Unos son los que viven a costa de otros tal cual sucede en las revoluciones que terminan arrasando a los que cómodamente se empachan restando básico alimento a la mayoría. Si además los dirigentes políticos son gilipollas de solemnidad, estamos vendidos todos. De la especulación principal se reproducen las secundarias, los nacionalismos que pretextan acción política tras la que que se oculta la ambición personal para sacar mejor tajada. Hechos a imagen y semejanza de sí mismos los sinvergüenzas han vivido al amparo de la libertad para delinquir con beneplácito jurídico por la inexistente separación de poderes; si esto se hunde los culpables tienen nombre y apellidos y poseen actualmente influencias.

He conocido a tanto hombre honorable ante lo social que la náusea me domina contemplando el cinismo y la hipócrita condición de tanto miserable rodeado del halo de la respetabilidad que la mayoría no merece. Así pues, comprendo que las ansias del linchamiento podrían estar justificadas si asomara la realidad que esconden estas sectas del dinero que se aglutinan en el ámbito político, social, audiovisual y periodístico. No hay integridad, solo egotismo y caradura, gentes sin moral ni decencia defendiendo lo suyo importando un rábano la construcción social de la que presumen ser precursores.


¿Existe solución para este desaguisado de egoismos dispersos? No hay solución porque lo esencial reside en las personas y la sustancia individual de muchas de esas figuras del colectivo de lo afamado solo son pútridos reflejos, ocultos y enviciados, de lo que critican. No hay un impulso de beneficiar al conjunto sino una ambición de cuidar lo robado, lo engañado, lo estafado. Por ello las circunstancias irán previsiblemente a peor y estaremos al albur de los acontecimientos impulsivos, los que un día pueden mandar todo al carajo, orden social incluido, y buscar en el revanchismo un San Martín para tanto cerdo con apariencia de honradez. Porque no solo en los tribunales están los sinvergüenzas; otros peores se agazapan en los despachos y siguen decidiendo el destino del país.

La experiencia de conocer personalmente y bregar contra maleantes y mamarrachos con halos e ínfulas de señorío me dice que a este paso degenerativo reventará todo, sin solución, no por las circunstancias que son subsanables sino por el zoológico de moral indecente que pulula en un país engañado donde nada importa salvo ganar dinero. Sin otro valor de dignidad que aprovecharse del prójimo. Así seguramente acabarán en el cadalso de la discordia todos los elementos que hoy se defienden para no perder sus privilegios. Olvidan que empieza a haber una mayoría harta que no tiene nada que perder echándoles las manos al cuello, aunque sea figuradamente en los desahogos de la red social. Pero el odio es mal consejero. No se puede vivir de la explotación sin que termine por reventar en la cara. Caras que por muy duras que sean siempre algunos creen que se pueden romper. Algo que olvidan tan confiados necios enriqueciéndose a base de no dar ni las migajas del pastel que los ceba repugnantemente. Este país está muy harto de poner siempre la otra mejilla.
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