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DESDE ULTRAMAR

Bicentenario de San Juan Bosco

jueves 13 de agosto de 2015, 19:55h

El 16 de agosto de 2015 se conmemora el bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco. Es un referente indispensable en la tarea educadora, para el tratamiento y la exaltación de las juventudes que buscan una guía en la educación y la convivencia y además, del apostolado que es en todo momento, la tarea magisterial de todos los niveles.

Don Bosco se ha convertido en inspirador del buen hacer en materia educativa y del compromiso con los jóvenes y me atrevo a decir, con todo aquel que desee estudiar e incorporarse a tan digna tarea del proceso enseñanza-aprendizaje, no importando la edad a partir de la cual se emprende dedicarse al estudio.

Tanto monta que la educación escolar se imparta en los ámbitos público o privado, puesto que para el caso, la ética y la entrega, el apostolado que supone la educación, invariablemente mal pagada y muchas veces muy mal valorada en muchos países, termina siendo lo mínimo frente a la satisfacción por los logros del alumnado que –cuando es intelectualmente honesto– sabe reconocer el compromiso inquebrantable a sus mentores y educadores, profesores y maestros, sin importar el escenario en el cual se ejerce el oficio magistral, por adverso que resulte serlo.

San Juan Bosco inspira en tiempos de tan devaluada tarea: enseñar con dignidad y la ética, debidas. Sigue siendo un ejemplo concerniente a la impartición de la educación. Si no se ejerciera aquella con dignidad y ética –nutridas por sus protagonistas los educadores, sus autoridades escolares y sus propios alumnos– iría siempre y para mal, dado que se las llevará fatal, torciendo el objetivo de la ingente entrega requerida del docente, corroyendo tan trascendental tarea y muchas veces no por él, sino por su entorno adverso que apela a quebrantar su especial e insigne naturaleza, olvidándose del supremo objetivo que supone dedicarse a la educación.

Pero San Juan Bosco nos recuerda en su trayectoria que el docente planta clara a diversas adversidades, tan palmarias como el ambiente en el cual puede desempeñarse, donde el dinero, la falta de él o la simulación, la soberbia o la pérdida de valores pueden convertirlo en el espacio más agreste y más escarpado. Y cada vez plantea más desafíos para el docente, al grado de incriminársele por razones que poco o nada tienen que ver con la tarea que ha de emprender: la de enseñar; mientras en países como México, en el nombre de la tecnificación de la educación, de la especialización o de supuestos nuevos estándares de calidad, se conculcan sus derechos laborales, se minimizan y escamotean prestaciones y se le somete a extrañas prácticas que pervierten las actividades en el aula, burocratizando inútilmente su tarea y reclamándole esfuerzos adicionales que lo alejan de la concentración en lo verdaderamente importante: enseñar. Un proceder que atenta en su desempeño, trastocando de paso la retadora realidad que puede ningunearlo.

Desde luego que quienes imponen estas categorizaciones son funcionarios burócratas que, ajenos al pensamiento y la mística de San Juan Bosco –que más les valdría tener presentes– son bastante lejanos y ajenos al proceso de aprendizaje en el aula. Dicho sea: sus descabelladas decisiones evaluatorias no contemplan ponderar el bajo sueldo del docente. Ya se sabe que es de muy mal gusto hablar de dinero. Dicho con todo el sarcasmo posible.

A mí hablar de San Juan Bosco me entusiasma sobremanera, debido a que en 2015 celebro veinte años como docente universitario y justo bajo sus enseñanzas. Un oficio siempre estimulante y desde luego, que siempre es un faro en la intención y la gentilidad con la cual ha de conducirse un profesor de todos los niveles, quien se enfrenta a muchos colegas sin la vocación, situación dañina en grado superlativo, quienes de pasarlos por el tamiz vocacional, demostrarían su carencia reprobable, pues no abrevan de ella en sus actitudes e intenciones. Muchos lo saben y se ufanan de ser simples mercenarios de la educación.

Hace años que me aparté de la institución salesiana y proseguí para continuar mi trabajo en el aula, pero sigo acogiendo sus máximas, unas que permean en sus discípulos, como he comprobado al solicitarles una opinión sobre él, reflejando su espíritu y los altos valores que entraña, demostrando su compromiso y su entrega para conducirse en el día con día. Resulta muy gratificante y esperanzador.

Un repaso breve a sus enseñanzas, muestran el talante y el cariz de San Juan Bosco. Apuntó: “la buena educación es germen de muchas virtudes” y aquello de “el pasado ha de ser maestro del futuro”. Clamó diciendo: “¿Quieren hacer una cosa buena? Eduquen a la juventud, ¿Quieren hacer una cosa divina? Eduquen a la juventud. Antes bien, esta, entre las cosas divinas, es divinísima”. Y sentenció “La falta de modestia en el hablar, indica falta de criterio”. Nada más cierto. La petulancia y la altivez, la fatuidad, la pedantería y el engreimiento son antivalores muy frecuentes en el mundo académico, prostituyendo su encarecida valía y su preponderante necesidad de ser sencillo y edificante. Cierto, a la par, jamás debe ir exento del rigor y de la disciplina, que no casan con los mencionados. Y pese a que a muchos educandos tanto fastidia porque, sencillamente tampoco las quieren.

En todo caso, San juan Bosco no deja de ser una forma diferente de manifestar la máxima que reza: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”. Sépase. Téngase presente. Que lo sepan educadores y educandos: a la escuela se va con madera para ser labrada. Pierde ociosamente el tiempo quien se crea que a ella se acude para que se la proporcione. Se equivoca de cabo a rabo. La educación es ante todo constructora y no reparadora de deficiencias, pues ha de concentrarse en edificar y no en ir a buscar la materia prima.

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