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27-S y el engaño del victimismo catalanista

lunes 17 de agosto de 2015, 20:00h
A estas alturas del chantaje de Mas una afirmación apodíctica así es de Perogrullo, pero hay que observar la sutileza de las mentiras independentistas para clarificar lo que verdaderamente ha impulsado con celeridad todo el proceso hasta desembocar en las próximas elecciones plebiscitarias, que lo son: la corrupción interna de los políticos catalanes. Esos pretendientes a salvarse de la quema jurídica una vez se han descubierto las múltiples fechorías perpetradas sin punición, hasta el momento en que la situación se ha transformado en muy delicada para los intereses personales de los verdaderos ladrones en Cataluña. Con el derecho de la autodeterminación, como fin último de estas correrías aldeanistas que la Justicia ha permitido bajo la aquiescencia de la conveniencia política española-méntese a Zapatero primero y a Rajoy, por su inacción después-, existe una huida hacia adelante así abismen a todo el pueblo de Cataluña en un conflicto sociopolítico.

¿Cómo es posible que tan simples vergüenzas se hayan disfrazado de una compleja situación de exigencia independentista arrastrando a las masas que además han sido víctimas de la esquilmación de la mafia que ha dirigido la Generalidad? Pues mediante un proceso de lavado de cerebro institucional nacido en las escuelas y elaborado contra el Estado español en tanto se buscaban mayores competencias para evitar cualquier control centralista. A través del bombardeo permanente con premisas falaces contra los españoles con programas de televisión e informativos a sueldo de la corruptela política que ha untado a jueces, periodistas, instituciones y particulares para que extendieran la soflama victimista de la explotación española.

El trasfondo de todo el meollo independentista se encuentra en la corrupción desarrollada sin freno durante décadas; en la retroalimentación de los acuerdos autonómicos ejercida por Pujol con miras de poder absoluto y con el continuismo de los convergentes que han pretendido mantener ocultos todos los tejemanejes que durante cuarenta años no emergieron por el pretendido y oportunista aislacionismo catalán exento de un debido que no somero control ante el gobierno central. El traspaso de mayores competencias fue un pretexto para vulnerar la legalidad, creando una ley paralela con el objetivo de enriquecer a los jerifaltes con mayores ventajas para llevar a cabo corruptelas bajo un poder autonómico libre de vigilancia estatal.

No hay ninguna complejidad en el problema catalán, sino mucha paja y nada de grano. Mucho ruido y pocas nueces. Toda la desvergüenza para reinventar la Historia y la colaboración de personajes en declive que han encontrado en el independentismo la manera de conseguir réditos personales con sus carreras profesionales acabadas. Karmele Marchante, Juanjo Puigcorbé son un ejemplo de parasitación que buscan otra carnaza después de vivir a la española con sus actuales vidas caducas sin emolumentos que percibir. Luego hay monjas disfrazadas. Hábitos muchos en la apariencia, decencia moral o espiritual ninguna. Comparsas todos de la intención oportunista, cuando no codiciosos susceptibles de ser diagnosticados en un sanatorio mental.

Imaginemos que contemplamos un accidente que se ha producido antes de nuestra llegada. Un peatón yace sin vida en el suelo y unos metros más adelante, de un autobús que ha chocado levemente con un muro, salen aturdidas pero ilesas decenas de personas.

En principio tendemos a solidarizarnos con la víctima entendiendo que el peatón es quien ha salido más perjudicado al ser atropellado por el autobús. Incluso, aún sin entender lo sucedido, propendemos al respaldo de quien parece el más débil de la trágica vicisitud y hasta subconscientemente culpamos al conductor que en apariencia ha causado un daño irreversible hacia una víctima propiciatoria y frágil.

Pero una vez transcurrido el primer impacto sicológico de la visión es cuando la lógica y el entendimiento prevalecen frente a la apariencia de los hechos. Entonces los testigos nos informan de lo que ha sucedido y comprobamos el engaño de la apariencia. Dichos testigos afirman que el peatón intentó cruzar por una vía rápida sin paso peatonal y que provocó el accidente que no pudo evitar el conductor del autocar. Con esa primera información ya colegimos que la responsabilidad de los actos es un deber de cada uno y que incumplirla conlleva consecuencias perjudiciales contra nuestros semejantes.

Llevado el ejemplo anterior a la causa independentista y dado que tan compleja problemática es fruto del bombardeo constante de diversos, numerosos e interesados colectivos como individuos para sacar tajada de la farsa, deduzcamos qué sucede cuando alguien por el arbitrio propio del arribismo y la irresponsabilidad decide cruzar una vía rápida cuya normativa legal cumple todo el mundo con el fin de que haya un orden y evitar incidentes.

En un país existen unas reglas que acatar como lo es circular legalmente en un automóvil. Quien no cumple la ley delinque y se castiga por el bien de la mayoría. El transporte de viajeros está garantizado por una red viaria que atraviesa el territorio español en el que existen unas leyes y normativas para facilitar la convivencia de millones de ciudadanos. Arturo Mas es el peatón que cruza por donde le viene en gana. Es victimista porque en el choque puede llevarse la peor parte si choca su cuerpo contra un coche en marcha y donde se presupone que no ha de echarse el freno al no existir ningún paso peatonal. En realidad es el causante de mayores daños que los que puede sufrir él. De víctima nada, sino victimario.

Para él no importan las reglas ni los daños que causan desobedecerlas. Es un miserable henchido de vanidad y destructivo para cualquier sociedad que tuviera que soportarlo. El típico necio que impone por capricho y ambición sus propias reglas para pasar por donde le plazca. Arturo Mas decide cruzar la carretera y además a la carrera. Así de simple. Un peatón sin respeto a la vida de los semejantes, sin elemental conciencia que es capaz de producir un accidente múltiple emperrado en traspasar los límites de la legalidad y causar un daño mayor victimizándose en el argumento de que es el atropellado. Eso es el presidente de la Generalidad que se cree que la calle es suya como la vida de los demás. Un mezquino peatón con intenciones de causar un desastre y quejarse por ello.

En esta simplista cuestión de legalidades y hechos delictivos tras la cortina política; en esta trama simplona de corrupción y aldeanismo que pretende escapar del castigo legal por los presuntos delitos cometidos al frente de una autonomía, falta saber si Arturo Mas cruza la carretera huyendo con el fin de que no le apresen vivo. No tiene nada que perder por las consecuencias de sus presuntamente delicuescentes artimañas- para ser juzgado como, lo que es, un presunto delincuente común. O es que pretende crear un accidente mayor y durante la confusión de la tragedia ganar tiempo y ventaja para escabullirse de sus presuntas responsabilidades penales. Escurridizo como una anguila es más que probable lo segundo.

El 27 de septiembre Arturo Mas y un grupúsculo peatonal minoritario en Cataluña, intentando arrastrar a las masas, cruzarán por donde no deben con la pretensión de huir o crear mayúscula confusión, pero lo que está claro es que si son atropellados y no resultan muertos, después de curarles las heridas debería haber intervención estatal y jurídica porque no se puede ir en contra de una legalidad establecida que puede perjudicar gravemente al conjunto de la ciudadanía. En todo caso esperemos que los menos culpables de este auto atropello impulsado por el más canallesco victimismo, los que circulan cumpliendo la legalidad en sus vehículos, no sean los perjudicados del percance.

Culpable que no víctima es el despropósito catalanista que busca la explotación del ciudadano catalán después de dilapidar lo entregado por los españoles para el desarrollo de la autonomía. Bastaría una riada catastrófica en Cataluña para advertir cuánto de malo conlleva prescindir del ánimo solidario que hasta ahora España siempre ha demostrado. Que tengan cuidado con lo que desean no sea que lo consigan, dice el aforismo. En este caso no hay nada que conseguir pero el choque contra un autobús duele mucho y más si después a la falsa víctima se le colocan unas esposas para ponerlo a disposición judicial, tal y como se debe proceder en cualquier Estado de Derecho que vela por el interés mayoritario y vital de un país.
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  • 27-S y el engaño del victimismo catalanista

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    578 | j.l.ch.m. - 24/08/2015 @ 02:42:16 (GMT+1)
    Casi todo lo que dice el articulista es de una evidencia notoria,se mueve el discurso para crear la opinion de que lo mejor es el borron y cuenta nueva, y la gente se deja llevar. Pero mereceria la pena analizar por que lo hace, creo que simplemente es porque lo que ofrecen los no nacionalistas, no es mas atractivo, y no olvidemos que el discurso de estos no apela a lo objetivo, sino a lo emocional y ese espacio ya lo han ocupado los del borron y cuenta nueva. Y como muestra valga la historia reciente, ¿Que ha hecho C´s en ocho años en el parlamento catalan? Que han hecho por los mas apaleados por la crisis? Nada solo pueden mostrar las manos vacias. La ultima, ha sido impedir una bajada de emolumentos a los concejales del ayuntamiento de Barcelona.Del PP ni hablamos, y al final estan haciendo bueno lo de vale mas lo malo conocido qoe lo nuevo por conocer. Cuando se quiere cambiar la opinion a alguien, hay que darle argumentos y ejemplos, no amenazarlos con mandales a los del tricornio, que eso ya no se lleva.
    566 | Francisca - 18/08/2015 @ 19:30:57 (GMT+1)
    Un ejemplo muy claro de lo que es el engaño de Mas en Cataluña. Muy buen artículo. Excelentemente explicado el atropello nacionalista que entienden hasta los tontos.

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