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ESPAÑA DESVERTEBRADA

sábado 22 de agosto de 2015, 17:52h
Reproducimos a continuación, por su interés, este artículo publicado por Luis María Anson...

Reproducimos a continuación, por su interés, este artículo publicado por Luis María Anson en el diario El Mundo.

En lugar del 6% anunciado por Zapatero, el déficit del año 2011 rozó los dos dígitos, lo que desbarató de forma sustancial el programa de Mariano Rajoy. Unos meses después, la prima de riesgo se instaló en los 638 puntos y el rescate parecía inevitable. La firmeza, la flexibilidad, la lucidez del nuevo presidente permitieron a España sortear los obstáculos y salir al aire libre tras la sórdida caminata por el túnel de la crisis económica.

Después de afirmar lo que en justicia le corresponde a Rajoy, es decir, el éxito económico, la objetividad exige contemplar el desolado paisaje de su acción política. Conforme a los tres monos de Nikko -no ver nada, no oír nada, no decir nada-, la influencia sobre el presidente del Gobierno de Pedro Arriola, hombre muy seguro en sus errores, se ha traducido en la pasividad desdeñosa, la displicente soberbia, la sandez del “no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo”. ¿Le ha explicado alguien a Rajoy la situación real de Navarra, que pugna ya, conforme a la estrategia etarra, para integrarse en el País Vasco? ¿Tiene conciencia clara el presidente del Gobierno, tan obcecado en el voluntarismo político, de lo que ha ocurrido en Cataluña durante su legislatura, con la convocatoria del referéndum secesionista, las elecciones plebiscitarias, la pitada al himno nacional? ¿O en el País Vasco, donde un día sí y otro también se hace apología de Eta y de los terroristas? ¿Se da cuenta Rajoy de que la extrema izquierda mangonea en Madrid y Barcelona, restableciendo el clima de las dos Españas que la Transición logró superar? ¿Tiene idea el presidente de que las nuevas generaciones se muestran al 70% indiferentes ante el sistema, indignadas al 30%, casi al 100% asqueadas? ¿Ha pensado alguna vez Rajoy que el régimen, agotado hace ya varios años, se le está desmoronando entre las manos?

El 26 de noviembre de 2011, Gregorio Marañón publicó un artículo en el que afirmaba: “La coyuntura es de tal gravedad que, tras las elecciones del 20-N, resultará imperativo recuperar el consenso como si de una segunda Transición se tratase, si no queremos correr el riesgo de que nuestro sistema político, nuestra convivencia cívica y nuestro bienestar embarranquen peligrosamente”. Unos días después, el 10 de noviembre, me sumé yo a la posición de Marañón en las páginas de este periódico. La respuesta de Rajoy, tras el 20-N, no fue buscar el consenso sino desplegar a todo trapo las velas de la soberbia y la arrogancia. No se dio cuenta de que ni Rubalcaba había perdido las elecciones ni él las había ganado. Las perdió Zapatero.

Si Rajoy hubiera consolidado entonces el pacto de Estado con Rubalcaba, se podía haber evitado que la España vertebrada durante la Transición se esté desvertebrando. El consenso en la obligada reforma de la ley electoral habría impedido que los pequeños partidos sometan ahora al PSOE y al PP a chantajes insoportables. Si se hubiera emprendido hace un año la reforma constitucional ordenadamente desde dentro del sistema no estaríamos ante el riesgo actual de que algunos la hagan revolucionariamente desde fuera. Y prueba de que el consenso era posible es que, a pesar de los desdenes de Rajoy, el líder del PSOE, Rubalcaba, apoyó la ley de abdicación que significaba la proclamación de un nuevo Rey y que fue aprobada por el 86% del Congreso y el 90% del Senado.