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ENSAYO

Pedro Carlos González Cuevas: La razón conservadora

domingo 30 de agosto de 2015, 17:57h
Pedro Carlos González Cuevas: La razón conservadora
Biblioteca Nueva. Madrid, 2015. 469 págs. 26 €

Por Carlos Dardé

Gonzalo Fernández la Mora (1924-2002) es un personaje escasamente conocido. A lo sumo, se le recuerda como autor de El crepúsculo de las ideologías (1965), un libro que se interpreta generalmente como un intento de legitimar “el Estado de obras” franquista de los años sesenta. Sin embargo, Fernández de la Mora fue un hombre importante en el mundo intelectual y político español de la segunda mitad del siglo XX: diplomático, crítico, ensayista, ministro de Obras Públicas, uno de los fundadores de Alianza Popular y, quizás, el crítico más radical e inteligente de la Constitución de 1978 y del sistema político que se sustenta en ella. Por eso, el primero de los méritos de la biografía escrita por González Cuevas es traer a la palestra a un hombre a quien incluso sus enemigos consideraban culto y con talento y, al hilo de ello, ofrecer una interpretación a contracorriente, respecto a la historiografía predominante en la actualidad, del mundo en que aquel vivió.

Pedro Carlos González Cuevas -Profesor Titular de Historia de las Ideas Políticas, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia-, es un reconocido especialista en la historia de las derechas en España. En esta biografía, que sigue un orden cronológico, demuestra su competencia tanto en los aspectos políticos como intelectuales relacionados con su personaje.

Fernández la Mora pertenecía a una familia de clase alta, monárquica y católica, con raíces en Asturias, Galicia y Castilla, entre cuyos antecesores, por vía materna, estaban el político moderado Alejandro Mon y el neocatólico Alejandro Pidal. Aunque escribió una semblanza muy positiva de Alejandro Mon, expresó una opinión totalmente negativa del régimen liberal español. Consideraba que la Restauración era igual de mala que la II República. Muy influido por Joaquín Costa, pensaba que Cánovas estaba sobrevalorado por la historiografía y le tachó de ambiguo y oportunista durante el sexenio que siguió a 1868. Desde luego, si hay una constante en el pensamiento de Fernández de la Mora es su profundo antiliberalismo y el rechazo frontal del sistema liberal democrático.

El estudio de la primera labor intelectual y del ejercicio de la crítica de obras de pensamiento efectuada por Fernández de la Mora en ABC entre 1963 y 1969 le lleva a González Cuevas a negar la caracterización de la España de mediados del siglo XX como un “erial” cultural. Además de dedicar una nota demoledora al autor de la expresión (Gregorio Morán), argumenta su tesis -que, por otra parte, no es nueva- de forma convincente exponiendo el contenido del debate intelectual de la época. En este tema, como en los demás, el autor se toma la historia en serio, cuenta lo que hay, trata de explicarlo en las circunstancias en que se produjo, en lugar de despreciarlo o reírse de ello porque no coincide con nuestro actual sistema de valores. En este sentido, su libro contrasta con la visión simplista y esperpéntica del franquismo que hoy es de curso normal.

Según González Cuevas, Fernández de la Mora fue siempre mucho más un intelectual que un político. Sin embargo, no es extraño que un hombre que tan brillantemente defendía la legitimidad del régimen del 18 de julio por sus resultados más que por su origen, se viera llamado a la acción política directa. Partidario del nombramiento de Juan Carlos de Borbón como heredero del régimen de Franco, su carrera se vinculó entonces a los promotores de esta operación, Carrero Blanco y López Rodó. Fue un distinguido “tecnócrata”. Ocupó la subsecretaría de Asuntos Exteriores en 1969, con López Bravo de ministro, y fue ministro de Obras Públicas de 1970 a 1973, desplegando una actividad con la que trataba de emular a Bravo Murillo, a quien admiraba.

En los estertores del franquismo, en un nuevo ambiente social e intelectual caracterizado por el descontento, Fernández de la Mora siguió pregonando los éxitos económicos del régimen, cuya continuidad creía asegurada en manos del rey Juan Carlos. Este fue, según confesó en sus Memorias, el gran error de su vida. En la transición se sumó a Alianza Popular siendo uno de los llamados “Siete Magníficos”. Expresó la crítica más radical al proyecto de Constitución y su voto fue uno de los seis contrarios al texto fundamental que se emitieron en el Congreso de los Diputados. En la última etapa de su vida estuvo apartado de la política pero presente en la vida intelectual del país.

A lo largo del libro, González Cuevas se manifiesta casi constantemente neutral respecto a su biografiado, aunque evidentemente tiene una actitud favorable hacia él. Lo que sí hace es defender el caudal de ideas y estímulos contenido en la obra de Fernández de la Mora, compatibles -dice- con “el pensar inteligente de las nuevas generaciones, sean de ‘derechas’ o de ‘izquierdas’”. Si, como recuerda el autor, Isaiah Berlin escribió que el liberalismo necesita de críticos además de partidarios, esta excelente biografía, será, sin duda, de enorme utilidad para todos.

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