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TRIBUNA

Txiki Benegas, un político cabal

Juan José Solozábal
martes 01 de septiembre de 2015, 20:16h

Desde luego no es la primera vez que sale Txiki Benegas en este Cuaderno. Integra la patria de la infancia, la que ni queremos ni podemos olvidar: le veo, muy niño en el patio del colegio, con un balón de cuero en las manos; o jugando de portero, primero en la playa y luego en el equipo de balonmano, que entonces reunía, a las órdenes de Paco Muguerza, a la élite deportista del San Ignacio de Loyola. Siempre se mantendría fiel a los amigos de entonces cuyas vicisitudes seguía invariablemente. En la última conversación por teléfono que tuvimos, se preguntaba por mi ausencia en el funeral de un amigo de la época, sin excusa ante alguien que había acudido a la difícil cita, ya, cogido malamente por la enfermedad. Sin duda la delicadeza en el trato, o sea, los detalles, a los que la gente ha correspondido llamándole Txiki , el apelativo con el que se designa en euskera al menor y mejor miembro de la familia, junto a la lealtad a los valores y compromisos, asumidos con convicción inquebrantable, han caracterizado siempre al político donostiarra.

Le perdí de trato durante el tiempo de Universidad, aunque algún año lo veía en Valladolid a finales de curso, apurando el repaso de las asignaturas en las que se examinaba por libre. Tras la licenciatura, mientras yo insistía en la dedicación académica, Txiki se implicaba a tope en una carrera política cuyo objetivo básico sería refundar, constituir diría con mayor propiedad, el partido socialista preparando la organización que después tendría un papel imprescindible en la vida democrática española. La dedicación política no requería por lo común sino una sintonía ideológica, a veces desgraciadamente puramente simbólica, con el ideario pablista: no era el caso en Euskadi, donde la militancia (como ocurría asimismo con los pertenecientes a la derecha), y más en el nivel de la dirigencia, suponía nada más ni nada menos que jugarse la vida. Hace unos pocos días viendo un programa de Euskal Telebista que ofrecía un testimonio atroz de esos años de plomo, en un corte aparecía Ramón Jáuregui constatando que durante el tiempo en que fue delegado del gobierno en Euskadi asistiría a doscientos o trescientos despedidas y sepelios de víctimas del terrorismo, entre ellas un buen número de compañeros en el partido. Tengo que decir que en las múltiples conversaciones mantenidas con Benegas jamás le oí quejarse de la dureza de su vida de dirigente en Euskadi; tampoco le ví presumir nunca de valentía.

La solidez era una característica de la personalidad política de Benegas. Había, seguramente, algo ignaciano en su posición : la política requería organización, que necesitaba el patriotismo de partido; pero que dependía sobre todo de las estructuras y la dedicación. Por eso prefirió en la vida política al protagonismo de la primera fila –rehusó ser ministro, y aun superministro, en más de una ocasión - la disposición de los verdaderos efectivos de actuación. Benegas era un dirigente muy dotado y no solo para la negociación : así preparaba sus intervenciones parlamentarias y discursos con gran cuidado, recurriendo con frecuencia a expedientes comparados y abriendo sus conocimientos a un amplio espectro de cuestiones e intereses. Era muy frecuente en una discusión, aunque fuese sin propósito u objeto determinado, verle tomar notas: reservaba su intervención para el final, incorporando a su argumentación las observaciones de quienes le habían precedido en el uso de la palabra.

La solidez de Benegas dependía sin duda de la firmeza de sus convicciones, especialmente en el caso vasco, resultantes de un profundo afecto a la, decía, tierra, soñada desde ultra América, y que le había trasmitido su padre, nacionalista(“José María Beneche”, inseparable de José de Arteche en la actividad política jeltzale durante la Segunda República según testimonio del escritor ), en el exilio. Su empeño, fue, según es sabido, sustituir en Euskadi la división existente entre nacionalistas y no nacionalistas por la deseable entre demócratas y violentos. Y convencer, especialmente a los nacionalistas, que la España autonómica ofrecía suficiente acomodo a las justas demandas de autogobierno del País Vasco. Los mecanismos de integración vasca en el orden constitucional son bien sutiles, una muestra de construcción jurídica y política de extraordinario nivel, que ha denotado tanto ingenio técnico como conocimientos históricos y sensibilidad política muy notables. Txiki Benegas no solo apreciaba esta labor de refinamiento sino que contribuyó muy notablemente a su institución, como puede ver quien repare en los discursos del joven diputado en la constituyente o conozca el alcance de su aportación a la elaboración del Estatuto de Gernika.

La consistencia de Txiki Benegas era, decimos, desde luego moral, pues la dureza del compromiso político vasco no podía afrontarse sin robustos principios, que el en muy buena medida deducía del tronco socialista vasco, hablemos por ejemplo de Prieto y singularmente Ramón Rubial, pero también intelectual. La derrota del nacionalismo, especialmente de sus derivaciones independentistas, requería de una insistencia en las propias razones del pensamiento democrático, en las que él profundizó toda su vida como lo prueban sus estudios sobre el estado social, el nacionalismo, la autodeterminación o el terrorismo, de una calidad considerable.(Como muestra véase su impecable contribución “Los planteamientos independentistas y sus consecuencias” en La autodeterminación a debate Fundación Pablo Iglesias, 2014). Txiki Benegas impulsó la creación de Cuadernos de Alzate, convencido de que la alternativa al nacionalismo demandaba revitalizar las bases de un movimiento intelectual plural y abierto. Así, nunca dejó de consultar a un colegio integrado por lo que el consideraba referencias libres y sensatas sobre las opciones que el panorama político vasco planteaba a la acción política. No estoy seguro de que siempre estuviéramos a la altura.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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