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EL IMPARCIAL ENTREVISTA AL AUTOR DE 'HISTORIA MÍNIMA DE CATALUÑA'

Jordi Canal, sobre la independencia: "El peligro existe y deberíamos tomarlo muy en serio"

Alberto López Marín
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albertolopezelimparciales/13/7/13/25
miércoles 09 de septiembre de 2015, 13:32h
Jordi Canal, doctor en Historia y profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, ha escrito 'Historia mínima de Cataluña' (editorial Turner), un libro que asegura ajeno a la coyuntura y que pretende responder preguntas cruciales sobre el pasado y presente de un territorio central en España que podría dejar de serlo: "Creo que el peligro existe y que deberíamos tomarlo muy en serio", responde a EL IMPARCIAL.
Jordi Canal.
Sabe que la literatura sobre Cataluña es abundante últimamente. ¿Cuál es su aportación, el lugar de su libro dentro de la montaña de títulos que se están publicando?


El libro aparece en este momento concreto pero no tiene una relación directa con todo el debate que se está generando ni está al servicio de ningún proyecto. He intentado contar la historia de Cataluña tal como fue.

¿Es posible tener hoy un juicio sobre Cataluña sin contaminación de alguna clase?

No es fácil. Muchas o la mayor parte de las historias de Cataluña que se han escrito desde prácticamente el siglo XIX tienen una serie de ideas preconcebidas. Hablan de una viejísima nación que se va desarrollando y que un día alcanzará a tener su estado. Mi historia intenta contar lo que ocurrió, no lo que alguien quisiera que hubiera ocurrido. Por otro lado, ahora estamos en un ambiente en el que no es fácil abstraerse o ser objetivo, que es lo que hacemos o intentamos hacer los historiadores. Es una tarea complicada, pero precisamente por eso es muy necesaria.

¿Hay más pasión que conocimiento?

Eso sin duda, y más en un nacionalismo tan populista como el actual. Hay unos ingredientes de sentimiento muy grandes que pasan por encima de la razón; sentimiento y al mismo tiempo otra cosa que también es muy típica de los nacionalismos, y no sólo de los nacionalismos, que es la fe, creer en algo. Cuando se trata de sentimientos o de creencias, la razón tiene una parte muy pequeña y la discusión es muy difícil.

¿Cuál es la mayor mentira que ha escuchado?

Hay varias. Una que últimamente se está recordando es la de que la sociedad catalana anterior a 1714 era una sociedad democrática que, digamos, la España centralista, absolutista de Felipe V se habría cargado de alguna manera. Me parece una de las más perversas en el sentido de que estamos atribuyendo la democracia a un momento donde eso no existía en ninguna parte del mundo entendida como la entendemos hoy.

¿Y cuál es la verdad, a su parecer, que menos se está contando?

Es más difícil, pero quizá que la Cataluña posterior al franquismo fue una Cataluña que se integró bastante bien en la España del momento, en eso que llamamos la España de las autonomías, y que eso le ha dado a Cataluña unos años de prosperidad como no se habían visto en todo el siglo XX. Otra cosa es que 30 años después haya cosas que no funcionan o que hay que cambiar. Se tienden a olvidar las buenas consecuencias de la Transición, de la Constitución del 78 o del Estatut del 79 en el terreno político, social o económico.

¿Está acertando el Gobierno en lo legislativo y en lo declarativo?

En parte. Creo que está acertando en hacer aplicar la ley. Frente a la situación actual, un Gobierno de un estado democrático no se puede permitir que se vulnere la ley. Pero echo en falta un discurso ilusionador hacia Cataluña y hacia la idea de que sigamos viviendo juntos. El independentismo ha creado un discurso ilusionador, basado en manipulaciones o supuestos incomprobables, pero en todo caso se le está diciendo a la gente que al día siguiente de la independencia todos seremos felices.

¿Qué opinión le merece Artur Mas?

Se ha dejado llevar por el ambiente de la calle, y cuando digo la calle me refiero a una parte de la calle. No ha querido quedar descolocado frente a esas movilizaciones de cada 11 de septiembre y es un líder que, aunque no haya sido independentista, está rodeado de dirigentes de su propio partido que sí lo son, de esa generación que viene de las juventudes de Convergència. Es la suma de esas dos cosas y el hecho de que al entrar en esa vía ya no hay marcha atrás, ya no puede parar. Cuando Mas llegó a la Presidencia se le veía como un gestor, incluso como un personaje gris, y se le comparaba permanentemente con Jordi Pujol. Pero a partir de un momento pierde totalmente la noción de la realidad y en vez de intentar solucionar los verdaderos problemas de Cataluña, que tienen más que ver con lo económico o lo social, se sube al carro de una independencia que nos conduce al desastre, sin poder calibrar aún el nivel de desastre.

¿Tiene una oposición competente, hay una contestación a la altura?

Creo que ha faltado contestación, eso es evidente. El problema es que el nacionalismo se está rearmando, es muy fuerte y se ha ido ampliando con grupos que no lo eran explícitamente. Las oposiciones partidistas en Cataluña viven momentos muy débiles. El Partiro Popular está en horas muy bajas; el Socialista, en pleno proceso de intentar encontrar su lugar; y la otra opción, Ciudadanos, que son los que han mantenido de manera más fuerte la posición, serán seguno partido, no ha sido suficiente.

¿Una reforma constitucional podría calmar las cosas?

En el estado actual me parece que no. El independentismo ha ido muy lejos y aunque las elecciones del 27 de septiembre no ganen y por tanto no puedan hacer esa declaración de independencia, muy difícilmente van a parar en ese proceso. De hecho, esa es una de las claves del nacionalismo catalán durante todo el siglo XX: siempre intentar ir a más. Una vez dicho eso, la reforma constitucional es indispensable. Podría permitir integrar a un sector de esos descontentos, pero no a la totalidad.

'Historia mínima de Cataluña', de Jordi Canal.Hábleme del concepto de nación.

Sostengo que la nación es un concepto totalmente contemporáneo, sobre todo en el sentido que le estamos aplicando en este momento tanto en los debates científicos como públicos, con una carga cultural muy profunda pero también con un sentido político. La categoría nación tal y como la entendemos hoy no sirve para definir el pasado. Esa idea de que Cataluña ha sido una nación desde la época medieval es en cierta manera una falsedad. Eso no significa que no se hablase de nación, pero era la comunidad de los que habían nacido en un lugar determinado o de los que hablaban una misma lengua.

Usted conoce la historia pero no el futuro…

Desgraciadamente.

…pero sí sabrá de antecedentes o pistas que ayuden a entender si la ofensiva quedará en nada o puede clavar un hito.

Creo que el peligro existe y que deberíamos tomarlo muy en serio. Hay un grupo político, una suma de partidos y asociaciones en Cataluña que están dispuestos a declarar la independencia si tienen mayoría en escaños, aunque eso pueda suponer tener sólo un 35 por ciento de los votos. La gran duda es, primero, evidentemente, los resultados del 27-S, y segundo, en caso de que se declare la independencia, lo que viene después, cuál debería ser la reacción del Gobierno o de la Unión Europea. Uno lo puede intuir porque sabe cuáles son los instrumentos que están encima de la mesa, pero ahí sí estaríamos ante un hecho de mucha gravedad y sin precedentes. En ese sentido, la historia podría ayudarnos muy poco. No se puede pensar en 1934 y Companys. Companys se queda solo en su declaración; hoy sabemos que hay una masa social importante detrás de esos planteamientos.

¿Qué es Cataluña dentro de España, qué significa?

Es un territorio unido con muchísimos vínculos a España y por tanto es muy difícil pensar una Cataluña sin España, pero también una España sin Cataluña. Estaríamos hablando de otra Cataluña, que habría de reinventarse, y de otra España, que también habría de reinventarse.

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