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TRIBUNA

¡Isabel II sí batió la marca de Victoria!

jueves 10 de septiembre de 2015, 20:30h

Y vivimos para verlo, pues desde 1897 no sucedía. Isabel II de la Gran Bretaña batió la marca histórica de su país superando a su tatarabuela Victoria I, al convertirse ya en el atardecer del 9 de septiembre de 2015, en la soberana de más prolongado reinado. Épocas distintas en dos mundos distintos. Isabel requería reunir 63 años, 7 meses y tres días enseñoreando la corona y lo consiguió. El mundo ni es mejor por esto ni ha cambiado y solo resta fijarnos en la anécdota remarcada en su contexto, propia de la crónica rosa, como un asunto que no es menor y pudimos presenciarlo.

En esta ocasión atentos a todo detalle, meticulosos, los británicos han contado ambos reinados por días y horas, necesitándose rebasar los 63 años y 216 días de la antecesora, para alcanzar ese reconocimiento. La reina Victoria murió a las 6 con treinta de la tarde. Hasta eso contó. Un minuto después Isabel II se alzó con semejante proeza personal, pero también nacional e histórica, inimaginable aquel lejano 6 de febrero de 1952, cuando murió Jorge VI y pronto descendió ella del avión procedente de Kenia, en donde la pilló aquel deceso, ataviada con premura con un abrigo negro, cuando caravaneó ante ella su primer ministro Sir Winston Churchill. ¿Quién vivirá para ver cómo se supera tan prolongado reinado?

Aquí, en febrero de 2012, dediqué una entrega a hablar del Jubileo de Diamante que marcó la vida de Britania en aquel año. No obstante pueden añadirse algunos apuntes a la biografía de la monarca. Isabel II se yergue ya además, como la monarca más longeva de Europa; es la primera reina británica por derecho que celebró unas bodas de oro, la primera en comparecer ante la Organización de Naciones Unidas y también en alcanzar un jubileo de diamante, igual como lo consiguió la reina Victoria. Es la monarca que más visitó la Mancomunidad Británica, asistiendo al proceso transformador del Imperio, preservando el prestigio de la monarquía a pesar de los pesares, resguardándola y fungiendo como símbolo de unidad allí donde la han preservado como cabeza de Estado. Es la primera reina británica tasada para pagar impuestos, ha inaugurado dos juegos olímpicos (Montreal‘76 y Londres 2012) y de nuevo testimonió reunidas a tres generaciones de sucesores, cosa no vista desde 1894. Existen sendas fotos de ambos casos de rareza sin par.

En la renombrada jornada histórica, la reina ha agradecido la bondad de los mensajes recibidos alentando su labor y su entrega. El primer ministro David Cameron ha pedido agradecer el servicio de la monarca a la nación británica. Y sí, no parece que cambiara nada en derredor a la monarca y los signos de abdicación no asoman ni por error en la saludable reina, aunque el año siguiente cumpla 90 años, habiendo sido más sencillo alcanzar el récord referido que bajarse del caballo. Ahora con él en su mano, atesorado al consistir solo en permanecer (casi nada) para sobrepasar la oficiosa meta, tal vez ahora ya se piense su permanencia. Son solo conjeturas. De momento. Después de todo, se dejó entrever que esta fecha singularísima de convertirse el suyo en el reinado más prolongado, no le es ajena y sospecho que ha continuado en el trono en gran medida, para vivir esta histórica jornada. No era para menos. Un día después ya posee esta marca y así cristaliza semejante hazaña con apenas modestas celebraciones –solo unos tímidos recuerdos y reportajes y un breve acto público– siendo un momento excepcional que nos toca atestiguar a propios y a extraños.

Desde luego que Isabel II no pasará a la historia por haber ganado una Guerra Mundial, como sí lo hicieron su abuelo, el rey Jorge V, con la primera, y su padre, Jorge VI, con la segunda de aquellas conflagraciones. Acaso sí lo hará por haber acercado a su país a Europa, no obstante que su patria ponga tanta reticencia a integrarse, lo mismo a la antigua CEE que al euro, mientras inauguraba el Concord y el Eurotúnel, enviando mensajes paradójicos acerca de la prevalencia de aquella frase que rezaba: “todavía es privilegio haber nacido inglés”.

Para ser una reina que nació sin expectativas de serlo, tal y como lo sucedido a la ya desbancada reina Victoria, no estuvo mal que alcanzara semejante meta, un hito en toda regla. A Isabel la pilla la ocasión de vacaciones en Balmoral, su residencia escocesa adquirida en tiempos de la reina Victoria. El gesto a los escoceses de interrumpir sus vacaciones para asistir a un acto público recorriendo una ruta ferroviaria que une a Inglaterra y Escocia, sugiere refrendar su deseo de unidad nacional, tan vapuleada el año anterior en el referéndum separatista que tratamos en este mismo espacio.

Ella es ejemplo de tesón y disciplina, de su frialdad en los escándalos en torno a su familia, que no han medrado en sus fuerzas y su prestigio. Ha tenido 4 hijos, 8 nietos y 5 bisnietos. Que no falta quien pida su abdicación. Y en su nieto Guillermo y no en su hijo Carlos. Seamos sensatos. Es imposible ese paso. Mas de requerirse, necesitaría abdicar en Jorge de Cambridge para que reinando desde ya, rebase en tiempo a su bisabuela. Que si no empieza ahora, la tendrá cruda el chamaquito para conseguir esa oportunidad histórica que no se ve a diario. De allí su valía como acontecimiento histórico. Ya los británicos sacarán sus conclusiones sobre si se tradujo en hechos la frase pronunciada del día de su proclamación, el 6 de febrero de 1952: Happy years to reign over us: (que alcance) años felices reinando sobre nosotros).

Ya en su jubileo de diamante de 2012, Isabel II insinuaba su deseo de rebasar la marca dejada por su antecesora, cuando en la foto oficial apareció con el monumento a Victoria a sus espaldas. Fue un acto significativo. Tanto por arribar a un segundo jubileo de diamante, como por su propósito de no quedarse solo en eso y de pasada, alcanzar el título de poseer el más prolongado reinado. Y lo ha conseguido. Era un guiño más que un reto.

Termino. Me decanto entre dos títulos de la monarca: Reina Isabel II, por la Gracia de Dios, de este reino y demás dominios y territorios, cabeza de la Mancomunidad Británica, defensora de la de (como se leyó en el pergamino de su proclamación) y el citado por otras fuentes sugiriendo uno más pomposo: “Su Excelentísima Majestad, Isabel II (Isabel Alejandra María de Windsor), por la Gracia de Dios, del Reino Unido de la Gran Bretaña, Irlanda y de los dominios británicos de ultramar, Reina, Defensora de la Fe, Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra, Comandante en Jefe de los Reales Ejércitos, Lord Mayor del Reino Unido, Condestable de Escocia, Duquesa de Edimburgo, Condesa de Merioneth, Baronesa Greenwich, Duque de Normandía, Duque de Lancaster, Señora de la isla de Man…” recordando que tras un prolongado etcétera, remata con el contundente “Dueña y Señora de la flota mercante”. Rebasar 63 años de reinado no es poco. Conseguirlo con 89 años a cuestas en activo, es una proeza.

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