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TRIBUNA

El doble secuestro del 11 de Septiembre

domingo 13 de septiembre de 2015, 20:02h

El día 11 de septiembre es, en Cataluña, desde hace unos lustros, una jornada feriada. En esta fecha se conmemora la denominada Diada, que corresponde a la principal festividad de la comunidad autónoma. Una ley del flamante Parlamento catalán declaró la Diada, en 1980, “Fiesta Nacional de Cataluña”. El 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona cayó ante las tropas borbónicas en la guerra de Sucesión. En el relato nacionalista se interpreta esta derrota como el principio del fin de las libertades de Cataluña y de un supuesto –solamente existente en los sueños de los nacionalistas- Estado catalán. El fracaso es invocado como base de una victoria futura.

Esta fiesta resulta inseparable de la evolución del nacionalismo catalán. En el calendario de la patria que éste elaboró desde finales del siglo XIX, la fecha del 11 de septiembre adquirió rápidamente un lugar destacado. En 1886 unos jóvenes catalanistas organizaron un funeral, en Santa María del Mar, dedicado a los que murieron “en defensa de las libertades catalanas destruidas por Felipe V con la toma de Barcelona”. En 1891 se celebró, por vez primera, una velada en honor de los “mártires de las libertades catalanas”. Tres años después se llevaron a cabo las primeras ofrendas florales al monumento de Rafael Casanova. En 1899 se añadió a los festejos el canto de “Els segadors”. La ofrenda floral de 1901, que se sumaba a las veladas y a una misa funeral, terminó con una carga policial y una treintena de detenidos. La movilización de protesta por los arrestos contribuyó a popularizar todos los actos anteriores. A partir de entonces, el ritual iba a repetirse, con pocas variaciones, hasta la actualidad.

El 11 de septiembre ha sido sometido por el nacionalismo catalán a un doble secuestro. El primero tuvo lugar a finales del siglo XIX e inicios de la centuria siguiente y fue de carácter fundamentalmente histórico. Está basado en una lectura unidimensional y torticera de los hechos de la guerra de Sucesión, que acaba creando una verdad y un mito, una doble fórmula que responde bien a los llamados de la fe y los sentimientos. En aquel día de un lejano año de 1714, según el inventado relato, Cataluña resultó vencida, dando paso a la pérdida de su Estado, su lengua y sus libertades. Esta visión, que se ha impuesto con la ayuda de los historiadores catalanistas –de ayer y de hoy, como se vio el año pasado con el Tricentenario (1714-2014)-, constituye una lectura interesada y una manipulación. La guerra de Sucesión fue, además de un conflicto internacional y dinástico, un enfrentamiento intra-hispánico e intra-catalán. No se trató ni del fin de la “nación catalana” ni de la supresión de un sistema democrático.

En 2015 se ha producido el segundo gran secuestro del 11 de septiembre a manos del nacionalismo catalán, en esta ocasión convertido ya al independentismo. Este se ha olvidado de sus viejos llamamientos a las Diadas unitarias y a la fiesta de todos los catalanes para convertir la conmemoración en un acto partidista y electoral. La celebración de hace un par de días puso de manifiesto algunos elementos inquietantes: la fuerza del independentismo en Cataluña y sus amenazas a la libertad y la democracia; y, asimismo, que los independentistas están dispuestos a todo con tal de salirse con la suya, aunque ello signifique llevarse por delante la convivencia y fracturar Cataluña. Este nuevo secuestro del 11 de septiembre va a obligarnos quizás en el futuro a buscar otra fiesta de Cataluña, ni tan pervertida, ni tan manoseada. Como reclamaba ya, en 1906, Gabriel Alomar, necesitamos menos pasado y más futuro.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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