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TRIBUNA

Seguridad nacional contra la corrupción catalanista

lunes 14 de septiembre de 2015, 20:47h
Si en algo es experto Mariano Rajoy es en amagar las intenciones. Es difícil saber qué propósito hay tras sus planes que convencen a pocos, pero tal vez sea más eficaz el aparente fracaso para conseguir éxitos mayores después. Él sabrá; a estas alturas de consumirse la legislatura la mayoría de los ciudadanos no.

El Gobierno puede que haya tomado cartas en el asunto del separatismo con un golpe de base al clan Pujol primero y otro al propio Mas aireando los trapos sucios de Convergencia. Quizá la inacción de Mariano Rajoy no haya sido tanta pero sí la discreción para actuar en función de la gravedad de las amenazas, aunque dilatar el proceso de defensa nacional pasando competencias del gobierno al Tribunal Constitucional es un absurdo más al que ya, desgraciadamente, estamos acostumbrados. Ante los delincuentes tras la sigla política el Estado no puede obviar los recursos para defenderse con instrumentos legales. Hay que demostrar que en esto de la seguridad nacional se va muy en serio.

Los políticastros han encontrado la panacea para salirse con la suya sin necesidad de molestas y evidentes revoluciones armadas, como antiguamente se realizaba esto de los vuelcos sociales. Soliviantar la paz social no es una casualidad. Ahora los mismos objetivos son acometidos con estrategias diferentes que tienen como fin primero justificar los intereses sectarios tras convertirlos en aparentes beneficios para el pueblo. Si cuela en las urnas no hay mejor garantía para desmantelar un estado de bienestar y cuarenta años de historia en libertad; o promover la fragmentación de la integridad territorial tras cualquier pretexto que encubre acciones delictivas, tajadas, mordidas y un enriquecimiento tan copioso como permisivamente ocultado hasta ahora tras las competencias autonómicas.

No importa la complejidad de las pretensiones, pero sí el puente electoral que permite justificar cualquier tropelía si es el pueblo quien la refrenda tras el paso por las urnas. Ese puente que infiltra a los enemigos se presenta en las citas electorales. Una responsabilidad de este calado en que los votantes pueden optar por un futuro arriesgado mostrará la eficacia de los planes de estudios de los jóvenes para entender la coyuntura en la que viven; la capacidad de comprender la realidad política de la que dependen nuestras vidas y la resistencia a la demagogia por parte de potenciales votantes que no se dejen engañar por el humo que se vende desde formaciones políticas que pueden destruir el equilibrio institucional, sirviendo en bandeja los impulsos desintegradores que se han combatido democráticamente durante décadas , en desigualdad de condiciones, por el derecho a la convivencia y el consenso pacífico.

Hemos caído demasiado bajo después de tantos sacrificios para salir adelante. El punto de inflexión llegó con Zapatero. Desde entonces los cómplices de terroristas pueden vencer en las urnas y los antisistema pueden destrozar un país si concitan la suficiente atención para que se les vote en unas elecciones donde anuncian un programa de desmantelamiento de la Constitución para convertirla en la consabida democracia participativa al estilo venezolano y cubano que aún perdura en el sueño retorcido de totalitaristas de nueva hornada. Queda validada la amenaza contra la razón de ser de un país si existen suficientes votantes para dar rienda suelta al exabrupto populista. Todo esto en un país de sólida raigambre histórica que a este paso se verá abocado a luchar por preservar la identidad vital que nos caracteriza a todos sus pobladores.

Liando la madeja los últimos años esta democracia se ha convertido en una asignatura pendiente que ha de revalidar su existencia como factor indispensable de convivencia, sin dejar que se enrarezca por aquellos que, siendo sus enemigos, han encontrado el método y la debilidad para dinamitarla desde dentro con el resquicio aparente del juego limpio. Asimismo, la amenaza exterior ha hallado el modo de contender contra nuestra estabilidad auspiciada por una mal entendida caridad que arriesga principios básicos, peligrosamente inobservados para la supervivencia. Eso no es democracia, sino fisuras que acabarán resquebrajando una coexistencia paulatinamente debilitada.

El origen de los problemas, vengan de dentro o desde fuera, reside en los complejos para aplicar la ley. Si Arturo Mas es encausado por la corrupción que ha generado en Cataluña, será el decisivo y necesario detonante para contrarrestar conductas antidemocráticas disfrazadas de activismo político. Cualquier intención de romper el orden establecido, incluso desde los cargos municipales, debe ser acotada para impedir que enemigos de nuestro sistema de convivencia puedan dinamitar las bases institucionales sobre las que residen nuestras garantías de identidad nacional.

El ejecutivo vuelve a errar por exceso de tibieza procurando que el Tribunal Constitucional amedrante la amenaza secesionista. Nunca se vio en España gobernantes con tan pocas ganas de asumir la responsabilidad de gobernar. En este caso el Tribunal Constitucional no parece ser una medida de urgencia para impedir que el problema catalanista termine socavando la emergencia nacional. El Partido Popular termina convirtiendo cada oportunidad de convencer al electorado indeciso en una decepción más.

Si Rajoy no se hubiera escondido, Mas no habría asomado la jeta tanto. De haber trabajado los jueces sin subvertirse bajo la influencia sectaria, se habrían evitado situaciones límites como la creada por la corruptela del independentismo. Aplicando rigurosamente la ley que nos compete a todos los ciudadanos no estarían tan envalentonados cuantos parásitos pretenden vivir del cuento escatimando los derechos de la mayoría. Con Arturo Mas en la cárcel otros se lo pensarían antes de seguir vulnerando la legalidad con la permisividad de la Justicia.

Mas ha conducido a Cataluña hacia un callejón sin salida. Ya va siendo hora de que funcionen con decisión los instrumentos legales y defender lo que importa que es el interés general : la seguridad nacional frente a los chantajes de la minoría.
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    Últimos comentarios de los lectores (4)

    714 | Maria Jesus - 15/09/2015 @ 00:38:50 (GMT+1)
    La realidad en Cataluña es sencilla si se ve con inteligencia y sentido común. El articulista lo refleja muy bien entre otros temas.
    Saludos.
    712 | Mario - 14/09/2015 @ 22:58:34 (GMT+1)
    Excelente Sr.Candela, semanalmente le sigo, un saludo
    711 | Irene - 14/09/2015 @ 22:38:34 (GMT+1)
    Acertadisimo como siempre , es un placer leer su columna , espero cada semana a que salga para poder disfrutar de su lectura .Chapo, Ignacio Fernande Candela, siga asi , tiene muchos seguidores , entre los cuales yo me incluyo.
    Saludos
    710 | MARISA - 14/09/2015 @ 22:28:39 (GMT+1)
    Lo mas chirriante que he leído , es que a esta gente , les parece mal que se utilice la justicia para frenarlos.
    Excelente articulo, Dº Ignacio , un placer leerle como siempre.
    Animo, somos much@s los que te seguimos semana a semana.
    Saludos

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