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TRIBUNA

Una extraña campaña

lunes 21 de septiembre de 2015, 20:04h
Si otorgamos una mínima credibilidad a las encuestas –y yo he sido siempre un escéptico al respecto- habría que llegar a la conclusión que la campaña catalana que finalizará el próximo viernes ha servido para muy poco y tanto el disparatado mosaico independentista como la fragmentación del bando constitucionalista, anticipan un panorama poco esperanzador. Se pensaba que la campaña iba a hacer posible que los sólidos argumentos en contra de la disparatada aventura secesionista penetrarían en ese amplio sector de la sociedad catalana que ha aceptado acríticamente la utopía, sin la menor base real, diseñada por el nacionalismo independentista (¿hay otro?). Pero, según las apariencias, no han podido con la incesante e ilegal siembra de varias décadas a favor del ideal separatista a través del sistema educativo y de los medios de comunicación. Una siembra que ha convencido a muchos y que a otros los ha reducido al silencio porque el componente totalitario de este tipo de proyectos impide o hace muy difícil que las otras fuerzas sociales levanten la voz contra el oficialismo separatista, que todo lo llena.

Solo ya demasiado tarde, hemos visto cómo el mundo de la banca y de la empresa se han atrevido a advertir de las inevitables consecuencias negativas de una hipotética secesión que, por otra parte, será imposible de llevar a cabo pues el Estado tiene suficientes recursos legales para atajarla en el nido. Si se hubieran hecho con tiempo campañas informativas sobre esas inevitables consecuencias es posible que las perspectivas fueran ahora mucho más positivas. Pero salvo alguna noble y valiente iniciativa, como la que representa Sociedad Civil Catalana y poco más, el silencio resignado ha sido atronador. Los partidos constitucionalistas no han presentado un frente (a algunos les da miedo esta palabra) común y articulado capaz de oponerse a la deriva suicida del separatismo.

Al PP le pusieron en aquella región desde el principio de la Transición el remoquete de “sucursalista”, por aquello de que tenía su sede central en Madrid, y aunque ya no se usa esa palabreja, sus nefastos y engañosos efectos siguen estando presentes. Los intentos de relegar al ostracismo al primer partido español son bien conocidos. La sombra del Tinell es alargada. Todavía recuerdo a un determinado diputado catalán que me dijo hace años: Si yo viviera en Madrid, sería del PP”. “¿Y por qué no lo eres desde Barcelona?”. Su respuesta fue inequívoca. “Porque no existiría”. Por su parte, el PSC o PSOE-PSC, como se decía antes, anda perdido entre sus diversas e ininteligibles propuestas como la de la llamada “tercera vía”, sintagma que vale para cubrir cualquier descosido, o el federalismo asimétrico que nadie sabe lo que es y que, en todo caso, es una contradicción en sus propios términos, aparte de que no suscita ni el menor entusiasmo entre los rupturistas que solo lo aceptarían como paso previo a la secesión: “Si ustedes mismos reconocen que somos distintos a los demás…¿qué pintamos con una compañía que no nos gusta?”. Por eso decir que después del 27 de septiembre habrá que negociar me parece un sinsentido. Solo hay una posible negociación posible: La del Estado con el conjunto de las diecisiete comunidades autónomas para establecer un nuevo sistema de financiación autonómica. Los “hechos diferenciales” catalanes están reconocidos por la Constitución y regulados por su Estatuto, en ocasiones pasándose de rosca… Pero ese es un punto en el que no vale la pena entrar ahora. Las posibles buenas perspectivas de Ciudadanos quizás podrían explicarse porque, nacido en Cataluña, a este partido no se le podría aplicar lo de “sucursalista”. Aunque respecto a la unidad de España no haya dicho nunca nada diferente de lo que el PP viene diciendo desde el minuto uno.

En términos de psicología social lo más notable de la campaña catalana es la resistencia al desgaste de la gran patraña separatista, sobre la que ha resbalado toda la sólida argumentación respecto a la inevitable salida de Cataluña de la UE y de la zona euro… y la consecuente e inevitable miseria. Con la arrogancia típica de esta gente, un separatista afirmaba hace poco que: “Yo ahora soy un ciudadano europeo, y ¿quién me va quitar esa condición si Cataluña se independiza”. Imposible convencerle de algo elemental: “Usted es ciudadano europeo en cuanto ciudadano del odiado Estado español. Pero si deja de ser ciudadano español, automáticamente perdería la ciudadanía europea”. Junqueras pregunta que en qué artículo se habla de la expulsión de una región separatista sin querer entender que no se trata de un determinado artículo sino del conjunto de los tratados europeos, empezando por los artículos iniciales del Tratado de Lisboa. Y dicen que quieren seguir usando el euro. Pero como el BCE no les va a nutrir de más euros de los ahora existentes en ese territorio, la falta de liquidez es inevitable y se impondría un “corralito”. ¿Cómo se iban a quedar allí bancos importantes que tienen el 70 por ciento de su negocio en el resto de España?

Que una gran mentira tan evidente, compuesta de otras muchas mentiras menores, se haya mantenido sin apenas erosión lleva a la conclusión de que nos hallamos ante un fenómeno bien conocido: Los primeros que se creen sus mentiras son los propios mentirosos para evitar eso que se llama la “disonancia cognoscitiva”. Mantener algo que no se sostiene se hace muy cuesta arriba y es mejor aceptarlo como un dogma indiscutible. En eso pensaba, seguramente, Goebbels cuando decía que una mentira repetida se convierte en verdad. Me he acordado, también, de las reflexiones que hacía el fallecido Jean François Revel –que, a medida que pasa el tiempo, se configura como uno de los pensadores más lúcidos y agudos de la última etapa del siglo XX- específicamente en un libro titulado La connaissance inutile que empieza con esta apabullante frase: “La primera de todas las fuerzas que mueven al mundo es la mentira”. En este momento Cataluña es un claro ejemplo de esa afirmación. Poco más adelante se refería a las “circunstancias frecuentes en la vida de las sociedades, como en la de los individuos, en las que se evita tomar en cuenta una verdad, que se conoce muy bien, porque sería contraria a los propios intereses”. Pienso que si Revel –que conocía muy bien nuestro país- hubiera vivido habría dedicado un capítulo de ese libro al caso del separatismo catalán. Un caso en el que se perciben con neta claridad todos los tics propios de los regímenes totalitarios.

No hay que olvidar que Revel fue autor de otro libro, La tentación totalitaria, en el que analiza determinadas pulsiones de la izquierda europea, que no cuesta trabajo descubrir ahora también en Cataluña. El totalitarismo acecha cuando se olvidan o falsifican las bases mismas de la democracia. Y eso viene sucediendo en Cataluña desde hace años. En otro párrafo del primer libro citado, Revel escribe: “Todos los hombres mantienen opiniones subjetivas, insostenibles, intransigentes, pero lo que distingue la convicción totalitaria es que pasa a la acción para aniquilar, si puede, a todos los que no la comparten o que, previamente, ha designado como enemigos”. El ninguneo, el desprecio a que son sometidos en ocasiones “los españolitos de mierda” encaja perfectamente en esa descripción. De ahí ese silencio escandaloso, apenas roto en la campaña.

La mentira se ha impuesto en Cataluña hasta extremos increíbles. El otro día vi en un periódico catalán una columna, de un autor totalmente desconocido para mí, que empezaba con la contundente afirmación de que el actual soberanismo no era anti-español. Un movimiento que quiere romper España, resulta que no es antiespañol. No seguí leyendo, pero ratifiqué mi idea de que, en un ambiente propicio, las mentiras más increibles circulan sin el menor obstáculo. Nada razonable puede surgir de semejante situación. Aunque cuando el gran artilugio se desmorona es inevitable que muchos sufran…y que haya “llanto y crujir de dientes”. Pero eso no les importa a los farsantes fuera de la ley que dominan ahora en Cataluña.
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  • Una extraña campaña

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    748 | Pontevedresa - 22/09/2015 @ 00:28:16 (GMT+1)
    No me puedo creer que los catalanes a los que tengo en bastante mejor opinión que a sus políticos, puedan poner su suerte en manos de tres despendolados como son Mas, Romeva y el Increíble Hulkeras, no me creo las encuestas, no me parece que el envenenamiento de las mentes especialmente en la enseñanza haya hecho tales estragos para creerse los disparates que estos tres elementos les digan. No le deseo tanto mal a Cataluña. Las alertas son de calibre por parte de políticos y empresarios, espero que las oigan.

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