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TRIBUNA

La Magna Carta como icono constitucional

Juan José Solozábal
martes 22 de septiembre de 2015, 19:58h

El último número del Times Literary Supplement contiene un artículo de la historiadora, catedrática de Princeton, Linda Colley, “Catastrophe’s child”, en donde, comentando tres recientes monografías aparecidas en torno a la conmemoración del octavo centenario de la Carta Magna, acordada por Juan Sin Tierra y sus barones el 15 de junio de 1215 en Runnymede, próximo a Windsor y a 20 millas de Londres, formula algunas apreciaciones interesantes no sólo sobre tal documento sino sobre la propia idea de la Constitución y , en general, sobre el constitucionalismo inglés.

Su minuciosidad de historiadora le lleva a destacar dos cláusulas de la Carta especialmente significativas y atinentes a instituciones concretas: hablamos del artículo 29 que se refiere a la garantía de la privación de libertad, que solo puede tener lugar por un tribunal legal de personas de la clase del detenido o preso y según el derecho del pais; o la clausula de la sanción que preveía un comité permanente de 25 barones que había de controlar la observancia por parte del monarca de sus obligaciones con el reino. Encontramos, pues, prefigurados el derecho a la seguridad personal y una cierta revisión política de la constitucionalidad. Evidentemente la Carta (en realidad un pacto feudal, dice Schmitt, siguiendo a Sharp Mckennic) no reconocía derechos a quienes no formaban parte de la clase privilegiada, y las libertades admitidas no contaban con una justificación constitucional sino que dependían de la fuerza política de quienes podían imponerlas al rey. Pero no cabe duda de que la Carta anticipaba lo que sería el gobierno constitucional como gobierno limitado y, a la postre, jurídicamente controlable.

Lo que me interesa destacar del artículo de la profesora Colley es el rescate que lleva a cabo de la Carta por parte de los constitucionalistas y que incide en una idea que he señalado en muchas ocasiones: la Constitución no contiene solo las reglas del juego político, determinando quien gana y cómo se pierde el gobierno, pues la Constitución fija los objetivos políticos de la comunidad y apunta sus principios y valores, acerca de cuyo significado concreto, en cada tiempo y caso, estimula un diálogo o conversación permanente. En el coloquio constitucional sobre la Norma Fundamental intervienen los constitucionalistas, pero también quienes tienen algo que decir, sean historiadores, filósofos, políticos, tutti quanti, sobre su entendimiento, necesariamente abierto a distintas y cambiantes perspectivas y enfoques. La lectura universal de la Constitución, su expropiación de los juristas, no lleva a su debilitamiento normativo, sino antes bien a su observancia por quienes son sus destinatarios, los ciudadanos y las autoridades, que tienen asimismo una palabra sobre su interpretación, esto es, sobre la averiguación de su significado. Me atrevería por cierto a sugerir que en España el desentendimiento o, francamente, la desobediencia constitucional, en que incurren agentes políticos de modo llamativamente frecuente, pueden estar relacionados con este acantonamiento constitucional, que insiste exclusivamente en una lectura, valga la redundancia, constitucionalista de la Constitución.

En efecto, dice la profesora Lina Colley, los textos constitucionales importantes son más que textos legales. Incluyen componentes de imaginación e invención. Aunque se trata de piezas seculares casi siempre se sirven de lenguaje sagrado y, del mismo modo que los libros sagrados, son susceptibles de lecturas muy divergentes desde un punto de vista ideológico, que pueden variar con el paso del tiempo. Las Constituciones adquieren fácilmente un significado patriótico y son, en fin, consideradas, “productos bien sui generis”.

Me resulta también sugerente la importancia que la profesora Colley atribuye a la circunstancia constituyente:la Constitución está ligada a los tiempos recios o catastróficos: la edad de las constituciones -1750-1830- es la época de las revoluciones, aunque los cambios constitucionales puedan prevenirlas. “La génesis de la Carta Magna presenta similaridades con la de otros muchos textos constitucionales. Una y otra vez, humillantes fracasos militares y/o empresas bélicas financieramente ruinosas minan la autoridad de los gobernantes y estimulan a los disidentes políticos, estableciendo las condiciones para nuevas iniciativas políticas constituyentes”.

Curiosa es la función que en un pais sin Constitución codificada se atribuye al precedente constitucional de la Carta Magna, que habría servido de vacuna preventiva, a la vez que estimulado el constitucionalismo fuera: la Carta Magna es un icono, una metáfora o incluso un modelo de un constitucionalismo inglés que no se conoce en Gran Bretaña, aunque pro forma haya habido en distintos episodios de la vida inglesa referencias a la Carta Magna, obviamente durante a Revolución y de modo sobresaliente por Coke. Como señalaba el constitucionalista escocés James Bryce en 1917 los barones y prelados que establecieron la Carta Magna fijaron un plan para el constitucionalismo escrito “que se extiende desde Perú a la China”. Pero no había nada que aprender de las experiencias constitucionales por parte de Inglaterra que precisamente las había precedido.

Hay quien, en cambio, cree que el precedente de la Carta Magna no ha inmunizado del todo al Reino Unido y que quizás, el dramatismo o la complejidad de la situación actual, donde se da una preocupación por los derechos amenazados, sea por el terrorismo o Internet, una crisis territorial innegable, como la que plantea Escocia, y la propia inserción europea sobre bases firmes, requieren pensar en la renovación verdadera constitucional del Reino Unido. La profesora Colley se suma así al sentido de uno de los libros a que se refiere su comentario. (Andrew Bick, Beyond Magna Carta), que sugiere que las conmemoraciones de este año deberían suministrar una oportunidad y un estímulo para corregir los efectos de la actual y no codificada Constitución británica, descontando que si se produjese la situación catastrófica de la separación de Escocia, serían inevitables tanto una Constitución escocesa como otra para el resto del Reino Unido.

(PS: Si quieren pueden seguir una interesante conferencia de la profesora Colley, sobre la Carta Magna, y asistir a una breve conversación acerca del particular del joven lecturer Andrew Blick con el profesor Conor Gearty de la London School of Economics en la red, más exactamente en You Tube. No tienen más que poner los nombres respectivos en el canal).

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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