Confirmar la sensación de crecimiento mostrada en Bilbao el pasado miércoles y afianzar el liderato ante la visita de uno de los clubes del tren de cola de la Liga. Así lucía el orden del día en Chamartín en la recepción del Málaga de Javi Gracia, el granítico bloque al que el Barça sólo pudo tumbar con un gol en el Camp Nou y que arribaba en el Bernabéu con sólo tres goles encajados -guarismo puntero en el campeonato-. Eso sí, la frondosidad ofensiva
merengue no admitía parangón ante el vacío goleador andaluz en las cinco primeras jornadas del presente ejercicio. El
cansancio físico y mental, que podía conducir al descenso en el compromiso defensivo y la lucidez atacante representaban los riesgos en este tramo de congestión de eventos.
Apostó
Rafa Benítez por el once tipo en este paréntesis de bajas capitales que atraviesa el Madrid (Ramos, Bale, Danilo y James). Ofreció espacio en el once a un
Jesé con hambre de alternativa y relegó a Kovacic al rol de refresco.
Nacho y Varane confirmarían el centro de la zaga y sostén del centro del campo ocupado por Modric, Kroos e Isco. Se presumía que los laterales, Marcelo y Carvajal, mutarían la piel en la de carrileros para disfrutar del mando y arrinconar a su rival. La
vigilancia ante las frenéticas transiciones mantenía la vigencia de antaño ante un oponente de estilo tan definido hacia la contra.
Gracia no cedió una pulgada a la desconfianza en el modelo y reprodujo en el partido el sistema de repliegue y salida que, todavía, no había entregado frutos este año. Tissone y Recio equilibrarían el desborde y trabajo en banda de
Juan Carlos y el debutante
Pablo Fornals. Amrabat, la referencia, sería el encargado de aportar respiro al achique con su inteligencia y la flecha marroquí
Tighadouini completaba una línea deslumbrante en velocidad. Los laterales, Rosales y Torres, capacitados para recorrer la banda, debían esperar la opción para estirarse. El orden y la
diligencia en el cierre se establecían como los argumentos principales para desarrollar un rendimiento indigesto para los madrileños.
Con este duelo de estilos arrancó el envite. El Madrid buscó rápido imponer su intención de manejar la posesión ante un repliegue muy intenso en cancha propia. Las bandas quedaban ocupadas por los laterales y el cuero quedó pintado de blanco gracias a la superioridad posicional. Los pupilos de Benítez, a su vez, adelantaban las líneas para presionar con vehemencia y protagonizar el primer suspiro. A este movimiento respondería con presteza el Málaga, avisando de la profundidad y veneno de su pliegue contragolpeador. Horta quedó fuera de la partida para apuntalar el trabajo en el achique y la apuesta se sostendría con creces a lo largo de los 90 minutos.
El retrato teórico del primer capítulo del enfrentamiento tomó cuerpo con la
sucesión de llegadas. El club local jugaba adelantado, valiente, y los visitantes mostraron su capacidad para explotar los espacios a la espalda de la medular capitalina. Marcelo abrió fuego en el 5 con una acción de desborde que, a través de un amague, rompió a dos rivales y concluyó en un centro que remató desviado
Ronaldo. Respondió
Recio con un testarazo a balón parado, en soledad, que atajó Keylor. Prosiguió el
intercambio de golpes Cristiano con un cabezazo elevado tras otro centro de Marcelo en el 9 y, acto y seguido,
Amrabat esbozaba el pelaje de su excelso rendimiento como punta único: cayó sobre Nacho para aprovechar su físico actuando de espaldas o en vuelo y, en esta ocasión, giró y remató desviado por poco en el 10. Marcelo volvía a tomar el pulso por su perfil cediendo a
Isco en el 13 para el recorte y chut del malagueño -sobre la línea de fondo- que cruzó demasiado su dirección. Repetía contacto con el cuero el talentoso
22 para trazar una pared con Ronaldo, disparar arriba desde la frontal y cerrar el primer asalto.

El paisaje de dominio capitalino del esférico, con menos pausa,
más verticalidad y búsqueda de centros laterales por la imposibilidad de eludir el colapso central del Málaga, quedó desplegado desde el arranque para dibujar el marco global. Quiso el equipo andaluz recuperar la voz del discurso y gozó de intervalos de posesión más puntiaguda que precisa, con una mezcla de balón en largo a Amrabat y verticalidad tras robo que desnudaba cierta ruptura de líneas y
flaqueza en la vigilancia local. Se lanzaba el duelo en el tramo central del primer acto hacia el equilibrio de fuerzas. El ritmo proseguía exigente y las imprecisiones compartían bando. Sin horizontalidad, el Madrid cedió el monopolio para abrir la puerta a un
Málaga que no perdió la cara a su faceta peligrosa en transición nunca. Las ayudas en el cierre malagueño complicaban la fluidez en el juego asociativo madridista, cuya templanza sangraba por la ausencia de la figura del mediapunta central, y las llegadas redujeron su asiduidad, casi siempre a través del centro desde la banda. Carvajal lo intentó en el 29 para el remate desatinado de Ronaldo y respondió el equipo dirigido por Gracia -que se remangaba cómodo en su rol- por la vía de la acción exuberante de Amrabat, que hizo un traje a Nacho -inferior al delantero- para centrar al segundo poste y encontrar el remate a las nubes de
Juan Carlos, que llegaba franco para la apertura del marcador.
Jesé despertó del sufrimiento por la reducción de espacios a continuación con un
dribling y chut desde el pico del área que obligó a
Kameni a estirar su anatomía y conducir el envío hacia el saque de esquina.
Volvería a incidir en su soberbio acierto el meta camerunés a los pies del irredento canario y de Ronaldo antes del intermedio, opción esta última que provenía del desmarque en contragolpe del luso.
Había elevado los vatios de energía y velocidad combinativa el Madrid y las ocasiones afinaron su claridad en la última recta del primer tiempo, siempre con Ronaldo como ejecutor preeminente -apostado en el centro del frente atacante-. Lo buscó en el 37 con su enésimo testarazo desviado -éste a centro de un Jesé activo- y en el 43, gracias a una volea imponente que rozó el poste al centro en forma de globo de
Isco. El malagueño cerraría la multiplicación de intensidad colectiva con un remate en escorzo tras centro de Marcelo que Kameni mediría de manera defectuosa y el poste vería lamer su madera en el 44.
El esfuerzo final del fugaz líder selló unos guarismos muy favorables para interpretar un monopolio estadístico local: 66% de posesión y una relación de
13 a 5 en el apartado de ocasiones creadas con un 3-1 en la especificidad de los tiros entre palos. Dominaba en la lectura numérica un equipo que, sin embargo, no había impuesto su ritmo hasta el último tramo y había alimentado la beligerancia visitante desatendiendo la espalda y sucumbiendo a la esencia de Amrabat, optimizador de los recursos en soledad sin par en el balompié patrio. Por todo ello incidió Benítez, desde la caseta hasta la caducidad de su estancia en el verde, en la necesidad de llevar cada fase del juego a un
ritmo superior. Si la fluidez no conducía al descubrimiento y explotación de pasillos centrales se antojaba necesario regar el resto de variantes para no sufrir un desenlace agónico.
Salió en consecuencia un Madrid más afanado en el segundo acto. Elevó su capacidad de concentración en un esfuerzo que estiró hasta el final del duelo. Ronaldo remató de potente volea un centro de Carvajal que
sacó Kameni con una parada de póster para abrir boca, en el 47 de partido. Pero, de nuevo, respondería el Málaga: una transición vertiginosa concluyó en falta en la frontal que Recio puso en la escuadra para promocionar la
estirada espectacular del felino Navas. Tissone cerraría el primer impulso con un chut desviado en el 48.
Ascendió la pulsión y la altura de las líneas el Madrid creando un escenario que llegaría hasta la conclusión de la batalla, arrebatado a la incertidumbre de la borrasca de llegadas. Los resultados, de doble filo, quedaron retratados con rápida frescura en el robo de Kroos y cesión para el defectuoso control y chut de
Ronaldo que encontró el lateral de la red.
Amrabat y Tighadouini extremaban su labor de desasosiego rival, explotando las flaquezas de un coloso cada vez más deslavazado en la elaboración, impaciente por encontrar oquedades que no llegaran por la banda y tendente a la ruptura que dejaba hectáreas tras pérdida. Al tiempo que la gallardía comandaba el movimiento táctico ofensivo madrileño -que asumía los riesgos que le son inherentes-, Kameni conseguía repeler los intentos y lanzar contras.
El meta africano salvó a los suyos en el 55 al tapar un chut de Benzema que había sido gestado en pared de seda y ahogado de espacios con Ronaldo.
El paradigma descrito continuaba hierático.
Wellington sacó bajo palos el cabezazo en el segundo poste de Ronaldo a centro de Isco en el 57 y
Angeleri rozaba el 0-1 con otro testarazo a balón parado a continuación. Sin embargo, cada vez le costaba más respirar en el encierro a los visitantes, que contemplaban como el cansancio de sus lanzadores y referencias para la transición nublaba la visión. Sobrevino, entonces, la
inclinación del campo hacia la portería de Kameni, el chut de Jesé que lamió el larguero y la
lesión del canario, que fue sustituido por Kovacic. Se desató el punto de inflexión que pintaría el tipo de epílogo: la pelota quedaba definitivamente en poder de los locales con Modric y su homólogo croata adelantados, el sistema lanzado en pos del asedio y la espalda mejor cubierta con más obreros en la medular. Isco viraba hacia el centro para atacar la atribución de mediapunta para idear rutas alternativas.

La presión resultaba a estas alturas asfixiante y el
equipo andaluz sollozaba en el achique de agua. Pero no conseguía el Madrid entrar desequilibrando. Sólo Benzema y Modric parecían conectados para regatear el juego de acumulación de centros al área preeminente. Una pared entre ambos significó el chut del galo en el 64 sin consecuencias. No quedaba espacio para nada más halagüeno en el horizonte malacitano que la resistencia. Ronaldo remató fuera otro centro de Carvajal,
Isco concluyó otra acción individual -en preocupante empeño por la vía solitaria- al lateral de la red y
Benzema volvía a sentar a su par y efectuar un remate flojo. Antes del tramo final Gracia trató de oxigenar a los suyos con la entrada de
Juanpi por Tighadouini y la de
Horta por Fornals -cumplidor en su debut en Primera-. Aportaba el técnico oxígeno en el esfuerzo y recogería frutos de inmediato: una contra frenética visitante culminaba en el tenebroso despeje de Varane que cazó
Amrabat para rematar desviado, con todo a favor y tras inutilizar a Marcelo, en el 72.
El
Málága se aferraba a su encierro, tapando pases interiores, y el Madrid no encontraba caminos, incapaz de generar situaciones de gol claras. Benzema volvía a suponer el oasis terrestre entre tanto globo al combinar por el centro y chutar para el despeje de un Kameni que nada pudo hacer ante el remate postrero de Isco, que fue
despejado por Wellington sobre la línea de gol. Al tiempo que Kroos autografiaba la confirmación de su condición de rémora al ritmo colectivo debido a su bajón físico y de prestaciones en el corte de las contras rivales -que siempre le sorprendían retrocediendo, fuera de posición-,
Amrabat consiguió la roja directa al golpear con el codo el rostro de Marcelo en el 77. El excelso partido del neerlandés de origen marroquí quedaba empañado en sus aristas anárquicas y complicada a los suyos, que, por contra, no modificaron su rictus con 10.
Juagaba contra el reloj un Madrid abandonado al ataque denso, sin lucidez asociativa, y cobraba conciencia del veneno propio un Málaga que recuperó la necesidad de suponer una amenaza para aproximar su derroche a la orilla. Un remate desviado desde media distancia de Kroos dio paso al error del alemán, que entregó la contra para la velocidad y chut de Juanpi y el bloqueo de un Navas tan eficaz como concentrado.
Tomaba aire el bloque visitante y se angustiaba el local. En plena agonía decidió el colegiado
anular el gol de Isco por inexistente fuera de juego de Modric y Horta culminaba otro contragolpe, que desnudaba la ruptura posicional merengue, con un lanzamiento que besó la red por su parte lateral y exterior.
Se despidió el Madrid del liderato, incapaz de trazar combinaciones nítidas en la pegajosa red malacitana. Los pupilos de Gracia gozan de una inyección de autoestima ante la exhibición de cierre y salida mostrada. Ronaldo, que disfrutó de la última opción al enviar arriba un cabezazo con todo a favor en el 92, reflejó el carácter plano de los recursos ofensivos de un equipo que ha pagado el cansancio y las bajas (sólo efectuó una sustitución el entrenador que habita Valdebebas) en esta tesitura que devuelve la cima al Barça. El ejercicio de futilidad experimentado clausuraba más de dos años (septiembre de 2013) de anotación casera ininterrumpida.
Arranca dos puntos el Málaga de la inercia del presente tercer clasificado en uno de esos resultados que pueden condicionar la cosecha. La exigencia visitante condujo al resbalón de un vestuario local que ha de afilar todavía su rendimiento para tocar techo en ambas facetas del juego. Un elemento, el de la regularidad en la excelencia, de complicado cumplimiento, sobre todo, en el inicio del enésimo proyecto que nace después de un verano volcánico. "Cuando cometes errores el rival se intenta aprovechar. Sabíamos que ellos iban a contraatacar, pero tuvimos una ansiedad que se acentuó mucho más al final del partido. Cuando un equipo genera tantas ocasiones como hemos hecho implica que haya errores y que el rival salga a la contra. Hay que evitarlos", apuntó el analítico técnico capitalino en sala de prensa, diagnosticando que "
hay que manejar mejor la ansiedad". Nadie ha marcado en su cita de la Castellana todavía, hito remarcable a estas alturas de calendario, pero la maratón que supone devolver la Liga al museo hace tiempo que niega pausa y espacio para el aprendizaje, con puntuaciones centenarias como filtro para los candidatos.
Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor; Carvajal, Varane, Nacho, Marcelo; Modric, Kroos, Isco; Jesé (Kovacic, min. 60), Benzema y Ronaldo.
Málaga: Kameni; Rosales, Angeleri, Weligton, Torres; Recio, Tissone, Fornals (Horta, min. 79), Tighadouini (Juanpi, min. 70), Juankar; Amrabat
Goles: -.
Árbitro: González González. Amonestó a Miguel Torres (min. 26), Varane (min. 47), Nacho (min. 53), Recio (min. 66), Kameni (min. 83), Juanpi (min. 86), Carvajal (min. 87) y Ronaldo (min. 94)
Incidencias: 75.361espectadores en el partido de la sexta jornada de Liga disputado en el estadio Santiago Bernabéu.