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NOVELA

Paula Hawkins: La chica del tren

domingo 27 de septiembre de 2015, 18:56h
Paula Hawkins: La chica del tren
Traducción de Aleix Montoto. Planeta. Barcelona, 2015. 496 páginas. 19,50 €. Libro electrónico: 12,99 €

Por Carmen R. Santos

Con más de cinco millones de ejemplares vendidos en menos de un año, y liderando la lista de best-sellers semana tras semana en varios países, entre ellos el nuestro, La chica del tren es ya en un fenómeno editorial que ha conseguido superar a impenitentes éxitos como los que produce Dan Brown y se acerca a toda máquina a la serie Harry Potter. Curiosamente, la creadora del joven aprendiz de mago, J. K. Rowling, y la de esta chica del tren, Paula Hawkins, se encontraban en parecida situación económica, no precisamente boyante, cuando empezaron a escribir las novelas que las han catapultado a la fama. Antes de estas, Rowling no había escrito nada, mientras que Hawkins había publicado algunas novelas románticas, con seudónimo, tras dejar su trabajo como periodista económica. Pero esas novelas, sobre todo la última, no fueron tan bien como esperaba. No cabe duda de que no había elegido el género que le iba mejor. Con La chica del tren sí lo ha hecho y ha dado en la diana.

La escritora británica, nacida en Zimbabue y afincada en Londres desde 1989, maneja y pone en danza con indudable habilidad todos los elementos del thriller psicológico sirviéndonoslos en un cóctel explosivo. La protagonista de la novela, aunque no único personaje con peso, es Rachel Watson, una treintañera que no se encuentra en el mejor momento de su vida. Su existencia parecía feliz, pero de pronto todo se derrumba y todo se le escapa de las manos. Empieza a beber más de la cuenta, lo que le ocasiona vacíos de memoria y no sabe lo que ha hecho en determinados momentos, rompe con su pareja y pierde su trabajo. Se traslada a vivir en casa de una amiga, Cathy, a quien no le confiesa que no tiene trabajo. Por eso todos los días toma el tren de las 8.04 h. en dirección a Londres para mantener la ficción.

Ese tren es como una especie de refugio: “Sólo quiero reclinarme en el suave y mullido asiento de velvetón y sentir la calidez de la luz que entra por la ventanilla, el constante balanceo del vagón y el reconfortante ritmo de las ruedas en los raíles”. Pero también le ofrece la posibilidad de fantasear. Desde el tren observa una hilera de casas de Blenheim Road. En la número 23 vivió ella con su expareja, Tom, y ahora la ocupa este con su nueva mujer. Y en el número 15 habita otra pareja, a la que Rachel ve en la terraza de la casa, le da los nombres de Jason y Jess, y le inventa una relación y una vida perfectas.

Pero, naturalmente, ni Jason ni Jess -que se llaman en realidad Scott y Megan-, tampoco su vida, son como Rachel imagina. Un día, Rachel ve desde el tren algo extraño en la terraza. Poco después, Megan desaparece y todo apunta a que ha sido asesinada, lo que se confirma, siendo su marido el principal sospechoso. A partir de ahí comienza un trepidante juego en el que Rachel se convierte en una improvisada detective obsesionada con el caso y con su expareja y su nueva mujer, Anna, pues Rachel nunca asimiló el divorcio. La trama se estructura a través de tres voces narrativas en primera persona, la de Rachel, Megan y Anna, con saltos en el tiempo, que forman un puzle sobre los personajes y los acontecimientos hasta desembocar en un final de infarto en el que se juntan las piezas.

En la coctelera, Paula Hawkins mezcla y agita varios ingredientes que van desde Alfred Hichcock -y no solo el referente de La ventana indiscreta-, hasta Patricia Highsmith, pasando por el también reciente best seller Perdida, de Gilliam Flynn, y sin olvidar a Agatha Christie y Conan Doyle. No creo que sea casual el apellido de Rachel, Watson, aunque la parte del león no se la lleva la novela-enigma, sino el tortuoso universo de la creadora del inquietante personaje de Tom Ripley. Paula Hawkins edifica también un retorcido mundo, con oscuras relaciones de pareja en primer plano, en el que sus criaturas esconden turbios secretos y el sentido de culpa -o su ausencia- les marcará en su comportamiento. De ahí que más allá de que La chica del tren enganche a los adictos al género, resulte de interés para más lectores, lo que corrobora sus ventas millonarias.

La autora británica perfila de manera creíble y coherente sus personajes, especialmente los femeninos, incluido el de la amiga de Rachel, la bondadosa Cathy, que sirve de contrapunto a las intrincadas personalidades de las demás. Y, sobre todo, destaca Rachel, la chica del tren, que, finalmente, dejará de autocompadecerse y recuperará la autoestima: “Necesito salir de este estupor, no puedo permitirme ser débil. No va a venir nadie a rescatarme”, y empezará a retomar las riendas de su vida.

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