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DESDE ULTRAMAR

El Papa hablando a dos mundos opuestos

jueves 01 de octubre de 2015, 22:55h
El viaje apostólico a Cuba y Estados Unidos supone a un mismo pontífice romano hablando a dos mundos opuestos, aun en el centro de la misma Iglesia, dado que cada cual enfrenta su propia realidad e implica ajustar el discurso empleado. Desde luego que ha de resultar muy complejo sostener un mensaje diverso por ser una misma iglesia, pero se trata de una que atiende realidades y necesidades muy diversas, como es de todos bien sabido. Las piruetas para mantener un mismo discurso se antojan complejas y francamente, como algo imposible.

Porque no enfrentando las mismas realidades mundanas y al ser tan dispares y elocuentes en su manifestación de la fe compartida, va menudo reto que mueve a ponderar cada paso al entrecruzar datos de la visita papal, que es un tema aún no agotado. Se le ha seguido con especial interés en México y sus ecos nos llegan para acercarnos a este pontífice que camina en una suerte de cuerda floja y no acaba de aterrizar todas las reformas que atisba y quisiera que campearan sobre la Iglesia al completo. Aun así, Francisco se abre paso, aunque le pique el ojo a más de uno.

Así, cabe recordar que el viaje a Cuba se improvisó cuando se anunció el acercamiento con Estados Unidos. Al parecer no estaba contemplado, así que efectuarlo en el marco de ese acuerdo –que va a paso de tortuga, pero va– es algo que pesa más que el tema pastoral específico, por lo demás oportuno ante el 450 aniversario de la fundación de Santiago de Cuba y de la exaltación centenaria de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la Gran Antilla.

Francisco ha mostrado su cercanía al mundo iberoamericano, también diverso en sus avatares y querencias, advirtiendo la importancia de la apertura hacia Cuba y desde luego, ha obtenido la acogida de la mayoría cubana. ¿Que no se ha reunido con la disidencia? No me extraña, pues la disidencia también debe replantearse qué es y qué quiere, porque parece dejada de lado hasta de los Estados Unidos y puede correr el enorme riesgo de quedarse sin bandera y sin discurso. El cambio pasa también por ella y a veces parece no enterada de eso. Y no porque no se acerquen a ella los estadounidenses, que la fomentarán en el nuevo marco bilateral establecido, sino porque la disidencia no está siendo un actor primordial con la relevancia suficiente al no renovar sus intereses y su discurso. Una cosa es ser mediática de cuando en cuando y otra ser relevante y otra contar con un peso real, que no acaba de estar claro.

Francisco es persona que busca lo que quiere. Si no dio cobijo a ella como no lo hizo con Maduro en Naciones Unidas, es por algo. Juega sus cartas también y si no les dio coba no fue casualidad. Cuando quiere acercamientos, los atrae y lo ha demostrado en infinidad de casos. Será por algo y algo que no beneficia a disidentes o a Maduro. No caben ni casualidades ni evasivas inexplicables. Y ambos hechos no le restan simpatías, porque Francisco per se cuenta con ellas y no necesita atraerlas acercándose a unos y otro. Sabe su juego y lo ejerce. El Papa es reconocido como artífice del acercamiento entre Washington y La Habana, y no de otro distinto. Y ha clamado por Cuba toda, no por facciones.

Para repensar lo sucedido, no merece empecinarnos en un anticlericalismo barato, para evitar con él conocer lo que se dijo en Cuba ni me dejan boquiabiertas las actitudes contestatarias al Papa que, al manotear, vociferan contra el pontífice, quedando en eso como si les agrediera su sola existencia. Nada se aporta con semejantes actitudes de tan poca consideración. ¿Que Francisco se abraza con un dictador? ¿con quiénes se han abrazado sus cro indiferente a nadie. iables comentarios antihispanosca a justar el disrcuso empleadoíticos? así de sencillo.

Eso sí, destaco el tema de las FARC que fue tocado por Francisco de una manera tal, que todo indica que pueda dar un impulso definitivo para alcanzar los acuerdos necesarios. Pero ya se sabe que entre un Juan Manuel Santos que da golpes de efecto que terminan en nada y unas FARC, cuyo embuste y manía de prolongar las cosas de manera innecesaria alargando la desesperanza y para no hallar así, la salida a sus laberínticas pretensiones, es que ya nunca se sabe si aplaudir o mirar todo con fundada perspicacia. Yo sugiero verlo todo con absoluta cautela, pese al llamado papal a finiquitar las negociaciones, conduciéndolas a buen puerto y la respuesta obtenida de ambas partes para alcanzarlo.

Volcándonos en las palabras del sucesor de Pedro, quede claro que no suele dirigirse por igual a comunidades católicas diversas, de la misma forma ni se esperan las mismas reacciones, porque no sucede tampoco un mismo comportamiento. En Estados Unidos ha clamado por un mayor activismo de la mujer en la Iglesia, mientras refrenda el concepto tradicional de la familia. Ha generado el aplauso de las monjas estadounidenses. Ha clamado porque se admita a los migrantes y a aquellos dijo que mantengan sus tradiciones, particularmente refiriéndose a los hispanos, en desafío al estatuto WASP que los desprecia y que ha tenido múltiples voces, como la del aclamado Huntington que muchos olvidan que iba haciendo gala de racismo contra esa herencia en algún libro menos luminoso que aquel de “Choque de civilizaciones”, tan superado también por la realidad, tanto como sus despreciables comentarios antihispanos.

Francisco ha reclamado la tolerancia en sociedades mucho más diversas, pero no necesariamente más tolerantes, que dan muestras de vergonzante y lacerante intolerancia, como a menudo le sucede a la sociedad estadounidense. Podrá Francisco y lo que representa, no tener estatura moral para pedirla, vale, pero la sociedad visitada tampoco está en condiciones para dar lecciones a nadie. El racismo que subyace y aflora en Ferguson y tantos sitios, la deslegitima para siquiera intentarlo. Más clama por se oído. A quien lo desee. Ha gustado y mucho su discurso elocuente en Naciones Unidas. Ha contado su verdad y ha marcado su sendero. Como las llamadas a misa, se toma por quien quiere. Y hasta allí. Pero no es una simple logomaquia. No ha dejado indiferente a nadie. Ha evidenciado que la Iglesia ni se calla ni se acongoja. Francisco avanza y los perros ladran.

Y de salida ha dicho el papa lo inimaginable: que pagarán aquellos que cometieron crímenes amparados, por decirlo así, en la sotana. Eso contrasta con el silencio de prelados destacados acerca de crímenes sacerdotales, donde los hubiera –de sociedades cercanas que han callado y acallado las denuncias–. Francisco avanza y aunque frenado por los cuervos que lo vigilan, no se arredra. Bien que merece no perderle la pista, porque promete no defraudarnos en su andar. Orea cosa será que consiga sus anhelos más caros. Nunca mejor dicho: ya Dios dirá.
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