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DESDE ULTRAMAR

Alemania: 25 años ¿solo reunificada?

jueves 08 de octubre de 2015, 20:32h
Se han cumplido veinticinco años desde la reunificación de las Alemanias para reconformar una sola, nueva, reducida a un aproximado de dos terceras partes del territorio que ocupaba en 1900 y que tanto costó conseguir a Federico el Grande y a Bismarck, y que vino a perder la otra tercera parte, tras de dos guerras mundiales, destruyéndola aquella segunda, y ya sin derecho siquiera a recuperar las tierras cercenadas de 1945. La reunificada hora sujeta al Tratado Dos más Cuatro (Tratado sobre el acuerdo final con respecto a Alemania) que prevé que su reunificación implique frenar su expansionismo a futuro y es garante de su unidad y de la paz y respeto de fronteras para sus vecinos, otrora invadidos.

Y ya pasó un cuarto de siglo desde la reunificación casi sorpresiva, atropellada para los estándares alemanes, y aun emprendida con los resquemores heredados de la Guerra Fría, que se efectuó en octubre de 1990. Menos de un año después de la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989).

Se puede recordar cómo era la Europa de la posguerra con ese mapa donde figuraban las dos Alemanias, esa cicatriz de castigo por haber provocado la Guerra Mundial y esa herencia al temor del rearme alemán y a una nueva guerra y cuando desconocíamos cómo sería posible reunificarlas; ese mapa que poseía sus correspondientes capitales, Bonn y Berlín, y a Alemania dividida como símbolo no solo de una derrota apabullante, sino de la humillación total impuesta por las potencias vencedoras, sin remilgos ni miramientos y siempre con esa representación doble de banderas y condiciones que la tornaban anómala.

Todavía recuerdo que tardé un poco en ver el primer mapa de Europa con Alemania unificada. Uno o dos años. No había internet. Fue tan extraño verla sin división, porque habíamos crecido viendo a dos. El proceso reunificador fue jubilando los símbolos germanorientales, aunque se impuso Berlín a Bonn, como capital. Berlín era la legítima para ser capital definitiva y sería el símbolo de la reunificación, como antes lo fue de su división.

El proceso reunificador no ha resultado sencillo, no obstante que ha sido sostenido y se ha acompañado de políticas incluyentes manteniendo el discurso conciliador con Europa y el mundo; en el camino, se ha conseguido hacer de Berlín una urbe renovada, revitalizada, enseñoreándose como nueva capital de Europa, y a saber si no como la capital de Europa. Berlín ha mudado sus cicatrices, recuperando la capitalidad por ser la tradicional de su condición y que le valió ser de nuevo la que presidiera a la Alemania reunificada. Va mutando su condición de símbolo perecedero de la división impuesta por las potencias que derrotaron a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y todavía va recordándonos que la dividieron por temor a su militarismo y a un resurgimiento, tanto como que fue castigada por ser la más ciudad deseada para Hitler en su proyecto megalómano. Berlín pareciera refundada, que se construyó de nuevo. Sus barrios de embajada han sido un desafío a la arquitectura moderna toda ella.

A Alemania la postraron por su propia causa, y su mérito ha sido levantarse y tener para dar y repartir, por decirlo de alguna manera. Y la pregunta del título de la presente entrega bien que responde a una inquietud. De cuando en cuando sabemos que aún hay muchos que ven dos Alemanias, porque el proceso reunificador ha sido prolongado. Mas el pasado no regresará para quienes añoran el comunismo o suponen que sus testigos lo desean a rabiar y cuentan con los medios para que así sea. No cuentan con ellos y no regresará.

Tras de 25 años ¿qué revela el panorama? Tras setenta años resulta admirable que Alemania haya salido del hoyo, empezando de cero; que haya tenido dinero para levantar la arruinada Alemania del Este y tenga para soportar al BCE y a Europa, siendo la locomotora de la Unión Europea. A mí la Merkel me parece mejor que la Thatcher si a méritos vamos, y se ha ganado un sitio en la historia del continente europeo. Atestiguamos una Alemania que de momento no insiste ni en reabrir ni en discutir el pasado ni apela a hacerse un lugar bajo el sol. O al menos no ha trascendido semejante propósito. El idioma alemán no es oficial en Naciones Unidas ni tampoco se saben incidentes graves en su política exterior. Cooperación, disciplina, trabajo siguen siendo divisas fortalecidas del prestigio alemán. Pese al bochornoso incidente de la emblemática VW, de escándalo mayúsculo. Hoy se habla con naturalidad de una sola Alemania y es lo que marca el mapa de Europa. Atrás quedaron el III Reich y las dos Alemanias.

Se reunificó Alemania y aún quedan pendientes de hacerlo las Coreas o China y Taiwán, si bien representan situaciones diferentes al caso alemán y por lo tanto suponen necesitar de procesos distintos para alcanzar ese objetivo. La reunificación alemana clamó por desencadenarlos y no ha sucedido. Parece que se nos ha olvidado que el mundo lo deseaba en 1990, en un mundo que hoy es asaz diferente al de 1990. Aquellos otros países ya perdieron, al menos, 25 años mientras los alemanes labran su futuro.
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