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DESDE ULTRAMAR

Peña Nieto rebasado

jueves 15 de octubre de 2015, 20:20h
Se convocó un paro nacional en México para el 14 de octubre de 2015. Que yo recuerde no hay precedentes de fecha cierta para semejante movilización y no ha sido exitosa. México jamás ha visto un paro nacional, pese a que la Confederación de Trabajadores de México (CTM, cercana al PRI) siempre amagaba con efectuarlo y en la época de los gobiernos del PAN, chantajeó con hacerlo, sin éxito. El margen de convocantes no fue de los más significativos y la desmovilización social ha sido un regalo a Peña Nieto, que salva el maquillaje de chiripa, pese a que merece un paro nacional porque su gobierno ha generado protestas e inconformidad como nunca antes se ha visto en México. Es decir, motivos para que le estallara en la cara, los hay.

Ha faltado difusión del acto convocado y posiblemente, el convencimiento y la argumentación de la importancia de decirle a este gobierno corrupto y rebasado, asaz inoperante, que su desempeño es reprobable y merece un contundente ¡ya basta! Sí, motivos no faltarían para hacerle un paro nacional a Peña Nieto, el directo aludido y destinatario de haberlo convocado. Ya se ha dado la primera convocatoria seria, aunque con resultados pingües. Pero es la primera llamada, como en el teatro o en el circo, que es lo que parece el presente gobierno federal emanado del PRI. Sí, a los priistas les molesta que se diga, pero no lo orientan ni lo ayudan. Es más fácil enfurruñarse con los críticos que asesorar a Peña Nieto para que rectifique su actuar.

Tal va sumergido en la corrupción, los escándalos se acumulan en medio de la improvisación en los funcionarios nombrados en su gabinete, que carecen de antecedentes en el ramo, pese a tratarse de áreas sensibles como relaciones exteriores educación pública o desarrollo social –un tecnócrata para atender la hiperestésica área, donde no todo puede ser solo números. Hay personas, primero que nada – o del nuevo embajador ante Estados Unidos –nuestra principal embajada, socio, primera potencia mundial y vecino– con un sujeto sin experiencia diplomática alguna. Gravísimo en grado superlativo; o por sus tantas casas brotando por doquier, a su nombre o el de su esposa, sin claros orígenes pecuniarios, resultando cada vez más difícil a Peña Nieto explicarse su procedencia, o que igual salen salpicados sus secretarios de Estado; crecen las denuncias por delitos y la inseguridad, así como el número de periodistas asesinados en su mandato con una impunidad que apunta a su gobierno y a su partido, el PRI, por suceder más donde suele gobernar tal instituto político. Tal es el caso de Veracruz y donde solo atina el PRI a balbucear ininteligibles respuestas. Y eso cuando lo hace. Dícese que su gobierno ya es de “peña ajena”.

El colmo ha sido un spot de su gobierno relanzando una nueva andanada mediática para defender unas reformas estructurales atrofiadas, cuyos resultados no se ven –amén de estar envueltas en opacidad– y en medio de una carestía y un vivir al día a falta de incentivos, con una economía estancada, y en cuyo diálogo escrito por el gobierno de la República que encabeza, un sujeto dice a otro que ya basta de quejas. ¿Así o más chulos? La insensibilidad del gobierno Peña Nieto es inagotable. No se recuerda a un gobernante que se atreviera a exigir que cesen las críticas, pero con Peña Nieto nos acostumbramos ya a que espere aplausos (literal), a pedir que superemos la indignación por los desaparecidos de Ayotzinapa que no resuelve o que sus esbirros llamen “desestabilizadores” a quienes no piensan como él y su camarilla.

Ese ¡ya basta! merecido y muy oportuno obedecería a varias cosas por tratarse de un gobierno que gasta lo indecible en imagen para que parezca que es eficiente y se la pasa “controlando daños” en vez de evitarlos, creyendo en la medianía de su mediocridad que con eso consigue ser un gobierno adecuado y eficaz. Nada más lejos de ser. El ¡ya basta! valdría por su inoperancia ante los embates económicos mundiales que lo desnudan mostrándolo sin un plan de acción y por sus errores fiscales y de conducción de la economía, mientras pretexta que el Banco de México es el único responsable de atender la emergencia económica y se evade así de estructurar de una vez por todas una política económica a secas, que tal parece que no tenía desde que asumió en 2012 y pareciera que elegimos a un gobierno incapaz y engarrotado, inoperante e inepto para tomar las decisiones que sí le competen, pero que no quiere porque no le da la gana asumir los costos políticos de hacerlo.

Un ¡ya basta! el 14 de octubre habría sido estupendo marcándole ser candil de la calle y oscuridad de su casa, porque mientras sin cambiar una sola ley, ahora Peña Nieto clama porque militares mexicanos participen en misiones de paz de Naciones Unidas, sin cambiar una sola ley se niega él y el ejército que comanda por ley, a someterse a pesquisas y señalamientos de la Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y a los dictámenes del Alto Comisionado de Naciones Unidas de Derechos Humanos, que señala a su gobierno casi como encubridor de las fuerzas armadas por posibles delitos de gravísima consecuencia y describe un déficit en materia de derechos humanos. Ha expresado que el gobierno Peña Nieto es intolerante a la crítica. ¡Menudo mazazo a la cara del presunto guapo mandatario mexicano! que la ha explotado aprovechándose de su físico antes que de su capacidad, para hacerse con el puesto que lo rebasa. Peña Nieto y sus fuerzas armadas deshonran la pertenencia de México a tales organismos.

Desde luego que un ¡ya basta! habría venido magnífico cuando el gobierno mexicano fue ya incapaz de conducir las investigaciones de violaciones graves, como la desaparición de estudiantes en Ayotzinapa concurriendo la presunta participación de fuerzas del Estado, donde no está claro el grado de involucramiento de los niveles de gobierno, en que se cifra culpar a uno municipal opositor por no enlodar a las fuerzas militares federales y por ende, al gobierno Peña Nieto. Sus correligionarios se han apresurado a culpar a la oposición de izquierda municipal sin sustento alguno, para sacar ventaja. Una irresponsabilidad de la que es parte Peña Nieto al no censurarla.

Un ¡ya basta! por tanta frivolidad, por clamar por austeridad y transparencia, mientras brota la corrupción en su primer circulo y por seguir en una percepción de la realidad tal, cual si continuara en campaña, mientras ha caído el ingreso petrolero a la mitad y no para su tren de gastos. Y ya lo ve, sería deseable que el gobierno Peña Nieto enmendara porque se está llevando al país entre los pies. Que se le pide sombra a los ríos, pues es verdad. Dice el mandatario mexicano que no gobierna para quedar bien en las encuestas. Ergo, nos dice que no las atiende. Debería. Ya va en el 34% de aprobación y cayendo en picada. Ya cuenta con una popularidad menor que el porcentaje de votantes que obtuvo en 2012. Alienado como va, no llegará a ningún lado. No cabe duda que se merece un urgente y atronador ¡ya basta! pero es terco.



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