Se desplegaba esta tarde contaminada por el llamado virus FIFA en el Santiago Bernabéu con un duelo resbaladizo disfrazado de trámite. Los precedentes -empate a cero ante el rocoso Málaga en Chamartín- y las bajas –Sergio Ramos, James, Modric y Benzema- elevaban la exigencia de concentración para un Real Madrid al que ya le ha quedado prohibido el bostezo casero. Con el liderato provisional en el punto de mira afrontaba el club capitalino un partido de transición antes de viajar a París para la cita continental de esta semana próxima.
Apostó Rafa Benítez por poblar el centro del campo -con Casemiro, Kroos y Kovacic-, lanzar a sus laterales hacia el rol de carrileros –Marcelo y Danilo-, colocar a Bale por el centro y a Isco y Ronaldo con libertad de movimientos y arrancando desde los costados. Nacho y Varane completaban una alineación de marcado intento por asegurarse la consistencia, la circulación y el vuelo en transición.
Lucas Alcaráz, reforzado tras la victoria en el derbi ante el Villarreal de la jornada pretérita, buscó al abrigo de la defensa para crecer a través del paso de los minutos y pescar un contragolpe frenético a través de Deyerson, Roger y Casadesús. Así, el técnico andaluz dibujó una defensa conformada por tres zagueros y dos laterales apostados a la faena de repliegue para liberar a sus puntas. El robo y salida y la cohesión entre líneas en el achique representaba el guión visitante.
Arrancó el partido con un salto de página particular. El Madrid recuperaba los fantasmas que le han conducido a la pérdida de puntos y cedía en intensidad, coordinación y ruptura del sistema. El equipo granota buscó las cosquillas en el primer cuarto de hora probando la pericia de Navas -pletórico, otro día más, en la oficina- y desnudando la endeblez colectiva merengue, que contaba con la desconexión de su tridente para la creación de agujeros que Roger y Deyerson supieron explotar.
Fue poco a poco entrando en calor y compromiso el bloque madrileño para afanarse en recuperar el control prolongado del cuero, primero, y el monopolio del ritmo del juego, en segundo término, algo que cosecharía de forma plena en intervalos determinados. La asociación fluía con Marcelo integrado en el extremo izquierdo y las ocasiones empezaron a reproducirse con asiduidad, resultando el futbolista brasileño crucial en la apertura del marcador. Se filtró el carioca para esbozar una diagonal desde el pico del área y cruzar su disparo para deshacer la granítica retaguardia levantina en el 26.
En el ecuador del primer acto disfrutó el Madrid de sus mejores minutos. El ascenso de revoluciones y lucidez en la creación propulsó el penalti no pitado y la sentencia precoz del envite, con el Levante todavía acomodándose al nuevo escenario. Ronaldo recogía el cuero en transición, encaraba a la línea defensiva oponente y ajustaba su remate desde la frontal al poste de Rubén. Inalcanzable para volver a marcar en Liga, celebrar la Bota de Oro ofrecida a la tribuna y desactivar la competitividad visitante.
Se abandonó el juego a una suerte de anestesia con intercambio de aproximaciones antes de que quedara decretado el intermedio. Ronaldo, protagonista en la voluntad y el desacierto, daba el susto al quedar tendido en la última jugada del primer acto. Sin embargo, sería Bale el que quedara en el vestuario para descansar y dar el relevo a un Lucas Vázquez inspirado en el desborde.
Reaccionó el Levante con garra y personalidad, negando la calma a un Madrid que había aflojado el nivel de exigencia. Sólo le faltó la precisión en el último pase y la puntería en el remate final. Navas y Casemiro taparon los agujeros del centro de la zaga patrocinados por Toni Kroos -deficiente, de nuevo, en el repliegue- y los inseguros centrales en el cuerpo a cuerpo. Kovacic actuó con buen rendimiento como nexo entre líneas hasta que dejó su lugar a Llorente. Jesé, que recuperó brillantez y frenesí puntiagudo en la búsqueda de su legitimidad, entró en escena por un Isco más cómodo cuando Bale le dejó la mediapunta.
A medida que el cansancio difuminada la amenaza que había constituido el Levante a la contra, para tranquilidad del empaque capitalino, la cancha quedaba en pendiente hacia la meta de Rubén y las opciones de remate de Isco, Kroos, Ronaldo o Casemiro se multiplicaron. El club valenciano había perdonado -la última en las botas de Ghilas- y sufría para mantener el rictus competitivo en el tramo final, ante un equipo local que había adelantado líneas y sumado coherencia en la presión, con el fin de ahogar al oponente y corroborar la victoria.
Y con Vázquez y Jesé amortizando la alternativa se cerró el marcador. Un balón del primero para el regate estilista y chut delicioso del canario autografió los tres puntos de un Madrid que hizo caja sin reconstruir las sensaciones grupales. No obstante, el irreverente Levante remató 15 veces y sólo una vez menos entre los tres palos -5, por las seis del coloso merengue-. La inclusión de Casemiro, que resultó insuficiente en su soledad recuperadora, parece necesaria en citas de mayor enjundia, pero todavía más apremiante se antoja la asimilación de todas las piezas, por artísticas que resulten, de la urgencia por incluirse en la solidaridad de esfuerzos. Debía ganar el club dirigido por Rafa Benítez y lo hizo. Además, mantuvo al portería a cero en casa -todavía ningún visitante ha anotado en la Castellana-, pero el crecimiento que reflejó el proyecto en San Mamés no ha encontrado prolongación. De momento, y en esta tesitura de bajas y entreguerras, suficiente.
Ficha técnica:
Real Madrid: Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Nacho, Marcelo; Casemiro, Kroos, Kovacic (Marcos Llorente, m.77), Isco (Jesé, m.69); Bale (Lucas Vázquez, m.46) y Cristiano.
Levante: Rubén, Simao, Feddal, Juanfran; Morales, Toño, José Mari (Lerma, m.62), Casadesús, Camarasa; Roger (Ghilas, m.54) y Deyverson (Rubén, m.75).
Goles: 1-0, m.28: Marcelo; 2-0, m.30: Cristiano; 3-0, m.82: Jesé.
Árbitro: Jose María Sánchez Martínez, del comité Murciano. Mostró tarjeta amarilla a Morales, Deyverson y Jose Mari, del Levante y a Kovacic, del Real Madrid.
Incidencias: Encuentro de la octava jornada de Primera División disputado en el estadio Santiago Bernabeu ante unos 80.000 espectadores. Antes del inicio del partido se guardó un minuto de silencio en memoria del que fuera jugador del Real Madrid Ignacio Zoco, fallecido el pasado 28 de septiembre.