El Barcelona cerró con comodidad un partido en el que el Rayo estuvo a punto de sacarle de eje. La excepcional actuación de Neymar -cuatro goles y una asistencia- secó el sudor a los pupilos de Luis Enrique, que terminaron por respirar y sonreír gracias a la calidad propia y el cansancio visitante.
Que el Rayo Vallecano es un equipo peculiar supone un axioma tan aceptado como el carácter romántico de la apuesta de su técnico. Los representantes del humilde distrito madrileño, con una plantilla confeccionada con cesiones y contrataciones de recudido dispendio, desembarcaban en el Camp Nou con dos precedentes tétricos en la mochila: sus dos últimas visitas a la ciudad condal se saldaron con un 6-0 y otro 6-1. Pero los complejos y la modificación del estilo según el escenario no son conceptos que conjugue el club capitalino.
Luis Enrique concibió la alineación inicial arquetípica bajo el paraguas de las lesiones de Messi y Andrés Iniesta. Neymar y Luis Suárez ocuparía sus posiciones habituales y contarían con el acompañamiento de Sandro, la flecha del perfil diestro. La medular recuperaba su formación de tres con Busquets flanqueado por Sergi Roberto –pulmón esclarecedor del partido físico que atisbó el técnico asturiano- y Rakitic. Jordi Alba y Alves se sumarían al centro del campo para generar superioridades y Piqué y Mathieu guardaban la espalda de todos junto a Bravo. La verticalidad de este sistema vería una prueba de vigencia un duelo de posesión presumiblemente repartida.
Paco Jémez apostó por un 4-2-3-1 que esbozaba en los extremos de la pirámide el carácter puntiagudo de su filosofía. La potencia y desborde de Bebé y Lass circundaban la clase de Trashorras, Jozabed y Ebert para consolidar un dibujo que quedaba culminado por la astucia de Javi Guerra, el cierre de Ze Catro y Llorente y la posición lateral de Rat y Nacho, cuya altura y trabajo marcarían el cariz del esquema. Discutir la pelota y lucir consistencia figuraban como líneas argumentales del Rayo en Barcelona.
Arrancó el partido exponiendo con precocidad el tono del envite, un paisaje que quedaría extendido hasta viene entrado el segundo acto, cuando el cansancio mermó de manera definitiva la energía requerida por el tipo despliegue. Ambos equipos desplegaron intenciones simétricas, reafirmando el pelaje irreverente de los pupilos de Jémez. Así, desde los primeros suspiros de juego, los espacios quedaron reducidos en la elevada presión de los dos sistemas, que subían la línea defensiva hasta mitad de cancha en cada situación de salida de pelota rival. El Rayo iba a subrayar sus intenciones y recogería fruto al instante ya que la hoja de ruta de posesión monopolística blaugrana quedaba mutilada.
Debía el gigante pasar página en su libreto y practicar el pliegue vertical que le condujo al triplete en la temporada pretérita, guiado por la explotación de espacios cuando se hubiera superado la primera línea. El riesgo y la ambición eran compartidos y, en consecuencia, el enfrentamiento dibujó con rapidez su paleta de remates y espectacularidad intrínseca a la cita de dos estrategas de marcada intención ofensiva. La tesitura entregó opciones en soledad a Rakitic y Suárez para el despertar de Toño, pero sería Javi Guerra el primero en golpear. Cazó el centro de Bebé tras un despiste local a la salida de un saque de esquina para abrir el marcador en el 14.
Sin embargo, al galope del ritmo frenético y la sensación caótica de los continuos rebotes en transición, emergió la figura de Neymar, imponente este sábado, para aplacar la incertidumbre con desequilibrio venenoso. Le reclamaban al astro la responsabilidad de la sustitución de Messi y empezó a ejecutarla en el 21, con su primer número de regate que concluyó en derribo en el área ajena. Transformó con clase el lanzamiento para apaciguar las tablas aunque esta reacción en el electrónico no viró el paradigma de igualdad alocada.
El correcalles estaba desatado cruzada la primera media hora y, sin posibilidad de pestañeo ni imprecisión en la exigente circulación, Sandro y el propio Ney probaban sin suerte en la conclusión de otras dos contras. Había lucido el uniforme del Santos el 11 blaugrana, rememorando la guerra de guerrillas latinoamericana, de bailes ante cazadores, y, en pleno desenfreno y ausencia de posesiones horizontales, volvió a imponerse y marcar las diferencias. Un regate de terciopelo con bicicleta y túnel a Nacho significó el segundo penalti. El disparo, repleto de calidad, engañó a Toño para completar la respuesta del único peón distinto de un Barça entregado al esfuerzo físico y mental que impuso el valiente Rayo.
Antes del descanso gozó el bloque visitante de dos remates en buena posición de Ebert y Javi Guerra. Lass estaba creando estragos en el contragolpe y Bravo se multiplicaba para salvaguardar la ventaja y la calma en tan efervescente escena. Toño hizo lo propio en el 40 para sostener la apuesta del Rayo cuando iban cediendo las fuerzas y el partido se tomó un respiro antes del intermedio. El lanzamiento ajustado de Sergi Roberto, cómodo en este desafío anatómico repleto de espacios para mostrar energía fue repelido por el guardameta y quedó decretada la pausa.
Movió ficha en el vestuario Paco Jémez incluyendo en el duelo a Dorado para sentar a Nacho, superado en las labores de contención de un Neymar irreductible, que se lo había puesto tan complicado al lateral rayista como al colegiado. Asimismo, la charla del técnico propulsó la huída hacia delante de un vestuario seguro en su identidad. La intensidad madrileña empezó el segundo tiempo arrodillando a un Barça desposeído, entonces, del cuero. La alta presión y las imprecisiones locales elevaron a Bravo al papel protagonista al tiempo que Munir entraba por Sandro para ocupar escaño y atribuciones en banda derecha. El portero chileno detuvo los remates de Guerra y Dorado, éste último cruzado con serio peligro. Lass –excepcional en el desborde- aprovechó para recalcar la situación y chutar al lateral de la red tras mal despeje de Piqué.
Trashorras y Jozabed estaban moviendo a un equipo cada vez más cansado que, lejos de poner en perspectiva el esfuerzo, doblego la apuesta. Y acabó por pagarlo caro sólo cuando despertó, de nuevo, el abrasivo talento de Neymar. El brasileño recibía en banda, cuando el oxígeno no llegaba a los pulmones de la medular visitante y las ayudas no arribaban a tiempo, para ceder al disparo ajustado de Suárez que Toño enjuagó con una estirada de foto. El mejor del partido, por el contrario, estaba tan concentrado como lucido y anticipó el despeje para sentenciar el delicioso partido y sellar su hat-trick.
Inmerso en cierta apnea de intensidad, una pérdida o robo de Busquets en vuelo cedió para que Suárez dibujara el cuarto gol de Ney en la siguiente jugada, reventando la competitividad del partido. Ebert asomaba en la enésima contra rayista para rematar fuera desde media distancia como aperitivo del desequilibrio y centro brillante de Neymar que remató Suárez a gol en el segundo poste. La asombrosa exhibición de contención y deflagración exuberante de su compañero había pillado hasta entonces en fuera de juego al uruguayo –cayó en esta infracción hasta siete veces-, pero sumó el quinto tanto blaugrana.
Todavía cabría un respingo de orgullo del guerrero valiente que llevó al límite al Barça y sólo se vio superado por la actuación estelar del futuro Balón de Oro. La falta del último pase que había cercenado las opciones en multitud de transiciones desapareció para concebir una combinación excelsa en el área catalana que concluyó en el gol de Jozabed que firmó el epílogo de un partido que bien podrían ser usado como publicidad de la Liga BBVA. La oda al fútbol alegre exigió más al Barcelona de lo esperado. Sobrevivió el equipo barcelonés para aferrarse a la captura del Madrid gracias al factor diferencia de la calidad y las individualidades, amén del trabajo gris colectivo que supo taponar la sangría a la espalda de Busquets y los laterales. El aficionado pudo degustar una variante del ars magna técnica que encumbró Guardiola en Can Barça, alimentada por el coloso y el obrero respondón con apaladar exquisito.
Ficha técnica:
Barcelona: Bravo; Alves (Douglas, min.77), Piqué, Mathieu, Jordi Alba; Busquets (Gumbau, min.75), Rakitic, Sergi Roberto; Sandro (Munir, min.55), Luis Suárez y Neymar.
Rayo Vallecano: Toño; Nacho (Dorado, min.46), Zé Castro, Llorente, Rat; Lass, Trashorras; Ebert, Jozabed, Bebé; y Javi Guerra.
Goles: 0-1, min.15: Javi Guerra. 1-1, min.22: Neymar (p). 2-1, min.32: Neymar (p). 3-1, min.69: Neymar. 4-1 min.69: Neymar. 5-1, min.76: Suárez. 5-2, min.86: Jozaned.
Árbitro: Pedro Jesús Pérez Montero (Comité andaluz). Mostró amarilla a Llorente (min.21), Dorado (min.48) y Piqué (min.79).
Incidencias: partido correspondiente a la octava jornada de la Liga, disputado en el Camp Nou ante 75.472 aficionados, según datos facilitados por el club azulgrana.